“Hemos (…) establecido un estándar que tratamos de mantener tantos días sean posibles, y sólo apilamos esos días y vemos a donde nos lleva eso”, dijo Mark Daigneault, entrenador del equipo de Los Oklahoma City Thunders. El equipo ganó casi la mitad de sus partidos esa temporada. Sus 40 victorias en la temporada regular fueron una mejora significativa de 16 victorias con respecto al año anterior.
El apilamiento es un término que impregna la organización Thunder. Es una estrategia diaria para centrarse en los pasos inmediatos que construyen hacia el máximo éxito. “Apilar los días’ es un concepto que enfatiza el poder de la constancia y de los pequeños esfuerzos diarios para alcanzar objetivos significativos a largo plazo. La idea central es que el éxito importante no se construye a través de grandes gestos ocasionales, sino ‘apilando’ un día productivo o positivo sobre otro, igual que como se construiría una torre ladrillo a ladrillo” (“Stacking Days”, medium.com).
Para los jugadores del Thunder, apilarse significa esforzarse por alcanzar un alto nivel a diario: en fuerza y acondicionamiento, en nutrición, en ejercicios de equipo, en sesiones de habilidad individual, en los preparativos del día del partido e incluso, en sus interacciones positivas con el público.
Para nosotros, el apilamiento eficaz es diferente. Cada día debemos esforzarnos por realizar oraciones y estudios de calidad, acompañados de una meditación significativa. Debemos mantener una actitud mental positiva que sea una bendición en todas nuestras interacciones. Debemos caminar por la fe y ejercer la autodisciplina y la paciencia, manteniendo nuestra mente y nuestro corazón motivados por intereses espirituales. Debemos aprovechar al máximo nuestro tiempo, trabajar duro y servir a la causa de Dios.
Un año después, el entrenador Daigneault dijo: “Cada vez que uno quiere lograr algo, tiene una gran meta. Si quiere alcanzar esa meta, tiene que empezar a desprender las capas de cómo llegar a esa meta. Y uno siempre acaba en el momento presente. (…) Tendrá que reducirlo todo a hoy, a este momento, a esta oportunidad. No significa que no estemos centrados en ganar, pero entendemos los ingredientes que conforman el éxito de un equipo, y por eso hemos intentado enfatizar el apilamiento”. En 2024, los Thunder alcanzaron las 57 victorias en la temporada regular y se convirtieron en el equipo más joven en conseguir una serie de eliminatoria.
Al año siguiente, el equipo aumentó hasta las 68 victorias en la temporada regular y llegó a tener 12 victorias y 4 derrotas en las eliminatorias de la Conferencia Oeste. Los jugadores y el personal recibieron los premios de la temporada. Pero una briosa unidad de los Indiana Pacers se interpuso en el camino del primer campeonato de los Thunder. Durante las finales de 2025, Daigneault reiteró su compromiso con su estrategia diaria: “Si uno quiere conseguir algo, tiene que apilarlo. Si quiere lograr cualquier meta, todo empieza por lo que puede hacer hoy para avanzar hacia ese fin. Hemos intentado adoptar una mentalidad de apilamiento en todo lo que hemos hecho”.
Cuatro días después, los Thunder fueron coronados campeones de la nba.
El apilamiento funciona. Y nosotros también podemos utilizarlo. Examinemos un método que podemos utilizar para evaluarnos a nosotros mismos y asegurar que nuestros esfuerzos diarios nos lleven a alcanzar la máxima meta espiritual.
Análisis diario
En 1941, cuando el mundo estaba sumido en la guerra y la Obra de Dios avanzaba, Herbert W. Armstrong escribió un conjunto de preguntas personales diarias en un Boletín para colaboradores del 14 de febrero.
Estas preguntas nos obligan a evaluar con honestidad nuestra actividad diaria. Y abarcan las expectativas espirituales que Dios tiene para nosotros cada día. El evaluarnos a nosotros mismos con estas preguntas al final de cada día mantiene un alto estándar en nuestro pensamiento. Si se responden con honestidad, estas preguntas aceleran el crecimiento, exponen áreas a mejorar y profundizan cada día nuestra relación con Dios. Aunque nuestro día fuera excelente o decepcionante, este proceso de autoexamen nos motiva para vivir bien el día siguiente.
“En cierto modo, cada día es como una pequeña vida, y Dios quiere que la aprovechemos al máximo”, escribió Joel Hilliker. “Él quiere que cada día forjemos una relación con Él. Él quiere que cada día crezcamos en carácter. Él quiere que cada día aprendamos a amar a los demás. Él quiere que cada día trabajemos duro y que redimamos el tiempo, porque una vez que nos dormimos, el desarrollo de nuestro carácter se detiene. ¿Cómo estamos usted y yo aprovechando el presente? Debemos preguntárnoslo cada día” (Visión Real, mayo-junio de 2009).
Al evaluarnos con estas preguntas cada día, controlamos lo bien que apilamos un buen día tras otro. El apilamiento funciona: produce campeones.
Hábitos de los grandes hombres
Cinco días antes de que el Sr. Armstrong publicara estas preguntas, el primer ministro británico Winston Churchill pronunció su discurso en tiempos de guerra “Dennos las herramientas”. Dirigiéndose al presidente Roosevelt y al pueblo estadounidense en una emisión de radio desde Londres, dijo: “En tiempos de guerra hay mucho que decir a favor del lema: ‘Hechos, no palabras’. De todos modos, es bueno mirar a nuestro alrededor de vez en cuando y estudiar la situación…”.
Estamos en una guerra espiritual. Existe una correlación entre la acción y el éxito. Un buen soldado de Jesucristo es proactivo. Evita los peligros del mundo. Se esfuerza por complacer a Dios, que le ha llamado a luchar. Estudia la situación de su crecimiento y domina el yo, sabiendo que no le espera ninguna corona si no se alinea con la ley de Dios (2 Timoteo 2:5-7).
“No fracasaremos ni vacilaremos; no nos debilitaremos ni nos cansaremos”, concluyó Churchill. “Ni el choque repentino de la batalla, ni las largas pruebas de la vigilancia y el esfuerzo nos agotarán. Dennos las herramientas y acabaremos el trabajo”.
Estas 10 preguntas diarias son una herramienta que nos ayuda a reflexionar nuestros progresos. Al apilar días efectivos, ayudaremos a Dios a terminar Su buena Obra en nosotros.
Curiosamente, Churchill supervisaba diariamente su propia productividad y se exigía a sí mismo un alto nivel de acción. “Cada noche, me examino ante un Consejo de Guerra para ver si he hecho algo eficaz durante el día”, dijo. “Y no me refiero a dar vueltas sin más, cualquiera puede hacer eso, sino a algo realmente eficaz”.
Los grandes triunfadores se miden a sí mismos con regularidad. Son honestos acerca de su crecimiento y en las áreas en las que necesitan mejorar.
“He decidido que voy a tener que hacer algo parecido a Winston Churchill”, dijo Gerald Flurry al ministerio en junio de 2006. “Cada día, al final de la jornada, él intentaba evaluar su eficacia. Si había sido un día en el que realmente había logrado algo o no (…) Mi meta es que al final de cada día me pregunte: ‘¿Con cuánta eficacia amé la ley de Dios hoy? ¿Dónde he tenido éxito? ¿En qué he fallado? ¿Cuánto he amado la ley de Dios hoy?’. ¿Sabe en qué se traduce eso? En cuanto ama a Dios”.
Hágalo realidad
Al final de sus 10 preguntas, el Sr. Armstrong escribió: “Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo” (1 Corintios 11:28). El autoexamen es un importante punto de énfasis antes de celebrar la Pascua, pero también debe formar parte de nuestra vida diaria.
Hacernos estas preguntas no añade una tarea pesada a nuestra vida. Las preguntas en sí no nos piden que emprendamos ningún ejercicio nuevo para el que no tengamos tiempo. Todo lo que plantean estas preguntas es algo que debemos hacer y lo que sinceramente queremos hacer cada día, y en la mayoría de los casos será algo que ya estamos haciendo.
No deje que un mal día desvíe esta rutina. Antes de su conversión, la productividad del Sr. Armstrong era esporádica. Su familia tenía fama de carecer de perseverancia. Pero afrontó esos retos con entereza. “En aquellos días trabajaba de forma esporádica”, escribió en la La autobiografía. “Parecía tener días ‘buenos’ y días ‘malos’. (…) Me sentía muy incómodo de este gran defecto, e intenté combatirlo, pero me llevó años superarlo. Sin embargo, al final lo conseguí”.
En la práctica, ¿cómo lo hacemos? Podemos simplemente revisar esta lista todos los días. Algunos la tienen en los marcadores que guardan en sus Biblias. Otro método es utilizar un registro de hábitos, ya sea en un diario o en una aplicación. Para cada pregunta podría adoptar un enfoque de aprobado o reprobado, o incluso puntuarse a sí mismo con un sistema de su preferencia: por ejemplo, 0 = reprobado; 1 = esfuerzo parcial; 2 = bien pero no muy bien; 3 = ¡éxito! Independientemente de cómo decida ponerlo en práctica, no lo haga tan complicado que le impida de seguirlo cada día. No es un ritual de casillas de verificación. El valor está en el significado de las preguntas y en su análisis.
Espiritualmente, la única forma que cualquiera de nosotros pueda alcanzar una “puntuación perfecta” en cualquier día es al “¡tener contacto con Dios y contar con la guía y ayuda continua de Él!” (Las siete leyes del éxito). El hacernos estas preguntas a diario nos muestra las áreas de nuestra vida en las que necesitamos más de la dirección y la ayuda de Dios.
El rey David escribió: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno” (Salmo 139:23-24). “Pídale a Dios en oración: ¡Examíname! Busque el escrutinio, la medida y la corrección de Dios”, escribe el Sr. Flurry. “Cuanto más lo hagamos, más se Lo agradeceremos, porque seremos purificados de la autojusticia y nuestras vidas serán mucho mejores” (Los Salmos de David y el Salterio de Tara; énfasis añadido).
Con la ayuda de Dios podemos crear el hábito diario de hacernos estas preguntas. Con Su ayuda podemos vernos a nosotros mismos por lo que somos y ver cada día por lo que realmente fue. Cada día que tenemos, estamos apilando, asegurando que nuestros esfuerzos diarios nos llevarán a alcanzar la máxima meta espiritual.
Diez preguntas diarias
Aquí están las diez preguntas del Sr. Armstrong, con una referencia bíblica o dos añadidas para un estudio más profundo:
1. ¿Me levanté con una actitud espiritual, feliz y de oración, y estuve atento para evitar que mi mente divagara esta mañana? (Salmo 5:3; Mateo 26:41).
2. ¿He mantenido, en este día, mi mente limpia, mis pensamientos y contemplaciones en “las cosas de arriba”, en una actitud continua de felicidad, positividad y oración? (2 Corintios 10:5; Colosenses 3:2).
3. Yo, como “niño en Cristo”, ¿he tomado hoy tres veces alimento espiritual, mediante el estudio sumiso de la Biblia y la oración sincera a solas con Dios? ¿Me he acercado más a Dios? ¿He crecido hoy en gracia y conocimiento? (Salmo 55:17; Hechos 17:11; 2 Pedro 3:18).
4. ¿He caminado por fe, pidiendo a Dios sabiduría y guía en todas las cosas, encomendándole cada pequeño problema a Él, confiando en Él para ello? (2 Corintios 5:7).
5. ¿He ejercido la autodisciplina, negando el impulso, haciendo lo que la Palabra de Dios muestra que debo hacer en lugar de lo que yo quería hacer? (Salmo 119:9).
6. ¿Fueron mi forma de hablar y mi conversación de hoy amables, alegres, suaves? (Proverbios 16:24; Efesios 4:29).
7. ¿He ejercitado la paciencia hoy? ¿He sido caritativo con los demás, mostrando tolerancia y amor, o resentimiento, celos e ira? (1 Corintios 16:14).
8. ¿He sido diligente hoy en el cumplimiento de mis deberes materiales habituales, haciendo lo mejor que he podido, al poner los intereses espirituales en primer lugar? (Colosenses 3:1-2, 23-24).
9. ¿He aprovechado mi tiempo al máximo o me he debilitado por falta de vigilancia? (Apocalipsis 3:2; Marcos 14:38).
10. ¿Qué he hecho yo por la Obra de Dios y por los demás? ¿He utilizado hoy algo para satisfacerme a mí mismo que podría haber utilizado para la causa de Dios? (Isaías 55:2; 1 Timoteo 6:10).