Hace poco sobrevolé el Océano Pacífico. A pesar de la increíble distancia, el vuelo nocturno y la ausencia de puntos de referencia, los pilotos no tuvieron ningún problema para navegar hasta el otro extremo del mundo, a tiempo y en el lugar previsto. Es asombroso pensar en ello, sentado dentro de un esbelto tubo metálico a 40.000 pies [21 kilómetros] sobre la enorme extensión de la Tierra, navegando a 885 kilómetros por hora durante 15 horas en ese viaje de 12.000 kilómetros.
Imagine explicar esta realidad actual a un desaliñado marinero en alta mar hace 250 años. Para él, sería incomprensible. Para nosotros, estos viajes tan habituales se dan fácilmente por sentados. Cada día, 1.800 vuelos surcan ese vasto océano.
Lo que hizo que esta experiencia de vuelo fuera más significativa para mí fue el libro que tenía sobre la mesa de mi asiento. Estaba leyendo sobre el capitán James Cook y sus aventuras 250 años antes navegando por el mismo océano. Ese hombre atravesó el globo en barco para explorar y ampliar los límites del mundo conocido. Gracias a su maestría en el arte de la navegación y la cartografía, Cook transformó la comprensión que tenía la humanidad de la geografía mundial.
Los viajes aéreos modernos se subestiman fácilmente. Lo mismo ocurre con la colosal labor de un gran explorador como Cook, que contribuyó a hacer posible los viajes internacionales actuales.
Mientras leía, las experiencias de exploración de Cook me evocaron pensamientos de otro gran explorador: Herbert W. Armstrong. Fue un explorador de otro mundo expansivo, profundo y misterioso: la Sagrada Biblia. En este caso, Dios tuvo que abrir su mente para comprender los misterios de la Biblia. Pero el Sr. Armstrong también tuvo que estudiar con diligencia. Fácilmente podemos dar por sentado su trabajo exploratorio guiado por el Espíritu que hoy nos permite una clara comprensión bíblica.
Consideremos algunas comparaciones fascinantes entre las exploraciones de estos dos grandes hombres.
Primeras experiencias
James Cook tuvo unos comienzos modestos. Nacido en 1728, se crio en una casita de barro y paja en Great Ayton, un pueblo cercano a la costa este de Inglaterra. Su padre era administrador de una granja y James recibió poca educación formal. En su adolescencia, Cook se trasladó a Whitby, una ciudad de industrias marítimas frente al mar del Norte. “Allí, empezando como aprendiz, fue ascendiendo en la marina mercante, sirviendo en los robustos buques (…) diseñados para transportar carbón y madera. Aprendió a manejar los barcos carboneros [que más tarde utilizaría para atravesar el globo], a leer las tormentas cambiantes del mar del Norte, a utilizar la navegación a estima y la trigonometría para trazar su ubicación a lo largo de complicadas líneas costeras” (Hampton Sides, El ancho ancho mar).
Cook era ambicioso, curioso y aventurero. Veía limitaciones en la marina mercante, mientras que la Marina Real ofrecía nuevas oportunidades y la posibilidad de ascender en su carrera.
“Pero a la no tan joven edad de 27 años, a punto de ser ascendido a comandante de un buque mercante, abandonó los barcos carboneros y se alistó voluntario en la Marina Real. Empezó desde abajo, como marinero raso, pero ascendió rápidamente por los rangos” (ibíd.).
Las habilidades y la experiencia adquiridas durante sus días de comerciante se trasladaron fácilmente a su carrera naval. Fue un topógrafo, hidrógrafo y cartógrafo genial. “La destreza cartográfica de Cook, ayudada por su creciente talento como astrónomo y matemático, llamó la atención de los altos cargos del Almirantazgo, sobre todo después de que se ganara el título de topógrafo del rey y elaborara, durante varias temporadas de verano, un elegante y minucioso mapa de Terranova, una isla esculpida por los glaciares con una de las costas más intrincadas del mundo. Comparándola con las imágenes satelitales modernas de Terranova, se puede ver que su mapa era una obra maestra cartográfica de una precisión casi escalofriante”.
Herbert W. Armstrong también tuvo un comienzo modesto, con poca educación formal. Pero con una ambición y curiosidad similares a las de Cook, trazó su propio camino educativo con el objetivo de convertirse en un destacado profesional de la publicidad. “Estos años de estudio autodidacta, actividad mental forzada, contactos con hombres de éxito en muchos campos diferentes, junto con la experiencia práctica que había adquirido, me habían proporcionado una educación y una formación superiores al promedio de la educación universitaria”, escribió en su autobiografía.
Cuando Dios le reveló la verdad al Sr. Armstrong, Él la estaba revelando a un hombre que ya había demostrado disciplina, motivación y enfoque en sus estudios, con la capacidad de investigar y registrar los resultados de sus investigaciones. Al igual que Cook, las habilidades y la experiencia adquiridas en sus años de juventud se trasladaron fácilmente a una nueva aventura de exploración bíblica (2 Timoteo 2:15).
Exploración exhaustiva
En 1768, el valor de Cook era ampliamente reconocido, y fue recompensado con su primer viaje de exploración alrededor del mundo. Durante el viaje de tres años, recorrió más de 100.000 millas náuticas [185.000 kilómetros], presenció y documentó el tránsito de Venus —un avance importante en la búsqueda actual de exoplanetas— y “exploró las amplias extensiones del Pacífico Sur, cartografiando la costa este de Australia y las dos islas de Nueva Zelanda, entre otras tierras prácticamente desconocidas para Europa”, explica Sides.
Tras regresar a casa por un año, emprendió una segunda vuelta al mundo de tres años. A su regreso, Cook “se había convertido en una figura muy importante, una celebridad, un campeón, un héroe”, escribió Sides. “Se había aventurado en el sótano helado del mundo y había regresado con importantes hallazgos y magníficos mapas de reinos desconocidos”. Este viaje “selló su reputación y le catapultó al panteón de los exploradores ingleses”.
Tras otro respiro de 12 meses en casa, Cook no pudo dejar pasar la oportunidad de un tercer viaje. Sería su última expedición, interrumpida por su prematura muerte durante una batalla con los nativos hawaianos en 1779.
Lo que había en las porciones inexploradas del planeta avivó la curiosidad de Cook y motivó la exploración. Las masas continentales de la Tierra eran piezas de un rompecabezas que tenía que encajar una por una.
Cuando Cook divisaba tierra, cada detalle llamaba su atención: la orientación de los cabos, el comportamiento de las mareas y las corrientes, la profundidad del mar y las características de los bancos de arena, las rocas y los acantilados. Registró información sobre bahías, puertos y características costeras útiles para la navegación. Estudió la flora y la fauna locales y recogió muestras para su posterior análisis.
Lo hizo de forma exhaustiva, por todo el planeta. El mapa del mundo se aclaró tras el paso de Cook.
Del mismo modo, después de que su esposa le cuestionara sobre la observancia del Sábado en 1926, el Sr. Armstrong se dedicó a estudiar la Biblia día y noche durante seis meses para demostrarle que estaba equivocada. Ella tenía razón y él llegó a ver la verdadera autoridad en la Biblia. Con su mente abierta a la verdad, junto con su curiosidad y motivación para saber más, continuó estudiando día y noche durante otros tres años. Fue un viaje de exploración, una exploración bíblica.
El Sr. Armstrong relató en su autobiografía: “Me dediqué a investigar intensamente en los comentarios, enciclopedias bíblicas, diccionarios bíblicos, comparando varias traducciones de la Biblia, examinando textos griegos y hebreos de pasajes dudosos o cuestionables, comprobando con léxicos y la Gramática del Nuevo Testamento Griego de Robertson. Hice un estudio intensivo de la historia antigua en relación con la historia bíblica y las profecías”.
Sus estudios fueron minuciosos e incansables. Su investigación fue objetiva, no tomó atajos y no dejó piedra sin remover. Estudió la Biblia tal y como dice Isaías 28:10 que debe estudiarse.
“A medida que continuaba este estudio de la Biblia”, escribió el Sr. Armstrong, “me vi obligado a salir de la niebla de la Babilonia religiosa , doctrina por doctrina. Pasaron años antes de que llegara a ver el cuadro completo, a comprender el propósito de Dios que se está llevando a cabo aquí abajo, y por qué y cómo lo está llevando a cabo. Como un rompecabezas, las numerosas piezas doctrinales individuales acaban encajando y entonces, por primera vez, el cuadro completo aparece felizmente a la vista” (ibíd.).
Exponiendo el error
El objetivo principal del segundo viaje de Cook había sido “explorar los océanos del sur y determinar la existencia, o inexistencia, de un continente hipotético conocido como Terra Australis Incognita” (op. cit.). Los científicos habían supuesto que esta masa de tierra existía para contrarrestar el terreno del hemisferio norte. El viaje de Cook desmintió esta idea. Sides explica que “Cook había hecho una importante contribución al ‘descubrimiento negativo’, es decir, no encontrar nada donde muchos suponían que había algo”.
Las ideas falsas sobre la geografía del mundo eran omnipresentes. Uno de los objetivos de su tercer viaje era la búsqueda renovada del Paso del Noroeste, un canal navegable a través del norte de Canadá que conectaría el Atlántico con el Pacífico. La búsqueda fue otro esfuerzo inútil. Un biógrafo dijo que Cook se había convertido en un “verdugo de hipótesis equivocadas” (ibíd.).
Cook no podía utilizar conjeturas, opiniones o teorías para trazar supuestas ubicaciones. Para la verificación geográfica, se aventuró directamente a la fuente. Cada vez que descubría y exploraba un territorio, añadía meticulosamente los detalles a sus mapas.
La experiencia del Sr. Armstrong fue similar. Mientras Dios le enseñaba la verdad pura de la Biblia, al mismo tiempo refutaba las falsas ideas religiosas producto de la imaginación humana. “Tuve que examinar cada árbol doctrinal del bosque religioso”, continuó en su autobiografía. “Muchos, tal y como me habían enseñado a creerlos, fueron talados tras un análisis minucioso de la Biblia. Aparecieron nuevos árboles doctrinales. Pero finalmente, después de años, pude ver todo el bosque de la verdad, con los árboles doctrinales muertos eliminados”.
A partir de entonces, cualquiera cuya mente sea abierta por Dios a Su preciosa verdad no tiene que estudiar las falsas ideas del hombre para aprender lo que es verdad. La verdad nos libera del engaño y de los peligros del engaño religioso (Juan 8:31-32). Probar la verdad de Dios es una necesidad personal, pero hacerlo es mucho más fácil gracias a la exploración del Sr. Armstrong.
Educación expedita
En la época de Cook, determinar la ubicación exacta de su barco tenía sus dificultades. La latitud —su posición norte o sur— podía calcularse con herramientas estándar junto con el ángulo preciso del sol en el cielo. “La longitud —la distancia al oeste o al este— era mucho más difícil de medir, especialmente mientras se estaba en el mar”, explica Sides. “Los geógrafos, pensadores e inventores llevaban siglos intentando encontrar un método o un instrumento que permitiera determinar de forma fiable este dato tan difícil de obtener, pero tan importante”.
Cómo se resolvió este enigma es un fascinante trozo de historia. En su segundo viaje, Cook llevaba consigo un instrumento que transformó la navegación marítima. Se trataba de un reloj de navegación marítima, conocido hoy como cronómetro marino, que mantenía una hora de referencia precisa fijada en un lugar predeterminado, que podía compararse con la hora actual en el lugar donde se encontraba el barco en función de la posición del sol. Este reloj, llamado K1, podía “soportar los golpes y tensiones inusuales que conllevaba un largo viaje oceánico”. Con él, Cook pudo calcular la longitud, y “las tierras y accidentes geográficos podían ahora situarse en los mapas con una facilidad y precisión desconocidas hasta entonces” (ibíd.).
Este pequeño y compacto reloj en manos de un maestro explorador contiene una poderosa lección para nosotros. “Para ser algo tan pequeño y compacto, las implicaciones de este práctico reloj de navegación marítima eran inmensas. El dispositivo permitía a Cook, o a cualquier futuro viajero, saber exactamente en qué parte del globo se encontraba. Y lo que es más importante, le permitió señalar con precisión la ubicación de todas las nuevas tierras y accidentes que había encontrado, para que el siguiente navegante pudiera reubicarlas de forma rápida y fiable” (ibíd.; énfasis añadido).
La comparación con nuestra educación bíblica actual es evidente. “Por eso los estudiantes del Ambassador College de hoy pueden saber la verdad mucho más rápidamente que yo”, escribió el Sr. Armstrong. “Por eso los lectores de La Pura Verdad, los oyentes habituales del programa El Mundo de Mañana y los estudiantes del Curso bíblico por correspondencia del Ambassador College pueden alcanzar un conocimiento maduro de la verdad tan rápidamente. El trabajo pionero ya está hecho” (op. cit.).
Es muy fácil dar por sentada la historia de este gran explorador de la Biblia. Nunca olvide que el Sr. Armstrong cartografió la Biblia. Lo que hizo es una increíble bendición personal. Su exploración es la base de nuestra supervivencia espiritual y nuestro crecimiento en la comprensión de la Palabra de Dios.
El apóstol Pablo nos exhortó a estar agradecidos por recibir tal comprensión. A la congregación de Colosas escribió: “Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias” (Colosenses 2:6-7). Observen la conexión que establece Pablo: para permanecer arraigados, edificados y establecidos en lo que se les ha enseñado, deben estar siempre agradecidos por la verdad. “Pablo nos advirtió de dar gracias a Dios en todo momento, porque hemos recibido tanta enseñanza”, escribe Gerald Flurry. “Debemos amar estas enseñanzas tanto que lleguemos a estar arraigados y cimentados en ellas” (La visión de la Familia Dios). Entre más agradecidos estemos por esas verdades, con más firmeza las mantendremos.
Edificación adicional
Debemos recurrir a la Fuente de la verdad y alinear nuestra forma de pensar con la forma en que Él inculca la verdad en Su Iglesia. El Sr. Armstrong dirigió nuestra atención hacia esa Fuente. “Pero gracias y alabanzas a Dios, porque Él ha restaurado el conocimiento”, dijo en un sermón de 1983. “Todo eso es obra de Dios. Ninguno de nosotros puede ser más que un instrumento humano. Si he estado dispuesto a hacer algo, es sólo porque Dios mismo provocó las circunstancias que me obligaron y me hicieron estar dispuesto, quisiera o no; e incluso entonces no puedo atribuirme ningún mérito. Todo fue obra de Dios, por medio de Jesucristo”.
Dese cuenta de que Jesucristo no entregó estas verdades en una bandeja. El Sr. Armstrong tuvo que explorar su Biblia para aprenderlas. Apreciar su meticuloso proceso de exploración bíblica también debería profundizar nuestra gratitud por la verdad.
Desde la época de las hazañas de Cook, la humanidad ha aprendido más del vasto océano de conocimientos sobre el mundo geográfico. Esa realidad posterior a Cook contiene una lección vital para nosotros espiritualmente. En los 40 años transcurridos desde la muerte del Sr. Armstrong, se ha añadido más a lo que él enseñó, pero sólo para aquellos que se han aferrado a lo que él enseñó.
El apóstol Pedro nos dice: “Por esto, yo no dejaré de recordaros siempre estas cosas, aunque vosotros las sepáis, y estéis confirmados en la verdad presente” (2 Pedro 1:12). “Nosotros tenemos la misma verdad que Dios le dio al Sr. Armstrong y, al igual que con él, esa verdad ha crecido, se ha profundizado, ampliado y multiplicado”, escribió el Sr. Flurry. “Dios ha continuado bendiciéndonos, como lo hizo con el Sr.Armstrong, con nueva revelación. El Dios viviente no dejó de hablarle a Su pueblo cuando el Sr. Armstrong murió. Él continuó dando a Su pueblo ‘la verdad presente’ (2 Pedro 1:12) que se basa en el fundamento de la verdad que restauró a través del Sr. Armstrong” (la Trompeta de Filadelfia, febrero de 2020).
Recibir la verdad presente, la nueva revelación, a través del apóstol de Dios hoy en día es una razón más para estar agradecidos por la exploración bíblica del Sr. Armstrong.
Aventura emocionante
¿Dónde está usted en su viaje espiritual? Ojalá esté navegando a toda máquina y disfrutando de vientos constantes. Pero tal vez no. ¿Se encuentra navegando sin rumbo fijo por un mar en calma, con escasas provisiones y baja moral? ¿Está amarrado en un puerto lejano y apartado, fascinado por la cultura de un país extranjero? ¿Ha naufragado en las rocas que le tomaron por sorpresa después de ignorar las cartas náuticas y los consejos de quienes le rodeaban? ¿Está perdido en el mar, en una densa niebla que oculta el sol y las estrellas como instrumentos de navegación? En cualquiera de estas circunstancias, necesita un mapa para retomar el rumbo.
Así como los marineros que siguieron a Cook confiaron en sus mapas, todos necesitamos el mapa trazado por Herbert W. Armstrong. En realidad, es el mapa de Dios.
El mapa de Dios le indicará claramente los peligros que debe evitar en su viaje. Le levantará el ánimo para una emocionante aventura de exploración continua. Alineará su curso con los objetivos más elevados de la ambición imperial de Dios. Y dejará una estela para que otros la sigan. Permita que Dios impulse sus velas y lo guíe en su aventura más emocionante.