Un bloque de queso fresco y bien curado tiene un sabor increíble. Probablemente nunca lo haya pensado, pero el proceso de convertir la leche en queso —algo que se echa a perder fácilmente en algo duradero— es una transformación que The Courtyard Dairy califica como “uno de los brillantes logros de la humanidad”. Dice: “Técnicamente, algunos quesos podrían durar para siempre”.
Se podría comparar esa transformación con Dios perfeccionando Su carácter en nosotros. Él busca convertirnos en “un producto duradero”.
Esta analogía se utiliza en las Escrituras. Mientras se lamentaba de su dura prueba, Job cuestiona la forma en que Dios está trabajando en su vida. Está desconcertado, preguntándose por qué Dios se pondría en contra de la obra de Su propia mano (Job 10:3, 8-9).
Job compara a Dios con un artesano de queso. “¿No me vaciaste como leche, Y como queso me cuajaste?” (versículo 10). Dios estaba trabajando en la vida de Job como un artesano de queso hace cuajar el queso. La dificultad por la que estaba pasando Job formaba parte del proceso de curación.
Un quesero primero calienta la leche, luego añade cultivos y cuajo, ingredientes que inician un proceso químico que cuaja la leche.
Dios nos saca de este mundo, nos da Su Espíritu Santo y comienza a construir Su carácter. Dios nos da “potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12). Nosotros no tenemos ese poder por nuestra propia cuenta, ni podemos ganárnoslo. Es un regalo.
Después de añadir los cultivos y el cuajo, para crear algo sólido y duradero, el quesero debe eliminar un subproducto llamado suero. A medida que la leche se asienta en una cuajada más sólida, puede cortarla en trozos pequeños o calentar la cuajada para favorecer la separación del suero acuoso. Después se prensa el queso, aplastando las partículas entre sí y extrayendo la última pizca de suero.
Tal y como todos hemos experimentado, se necesita calor y presión para eliminar de nuestras vidas las costumbres y tradiciones de este mundo. Como dice Dios: “Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2:17). Esto es lo que estaba ocurriendo con Job; Dios lo estaba perfeccionando, quitando “la vanagloria de la vida” (versículo 16) del corazón de Job para que pudiera convertirse en un producto duradero.
Ninguno de nosotros experimenta exactamente el mismo proceso que Job, ni que los demás. También hay una variedad de funciones duraderas para las que Dios nos está preparando en Su Reino. Del mismo modo, no existe únicamente un sólo tipo de queso, lo que también significa que hay mucha variación en los métodos de producción del queso.
El quesero puede hacer muchas cosas para determinar el resultado del queso. Puede elegir qué tipo de leche utilizar, cuánto cuajo emplear, la velocidad de cuajado y qué tipo de cultivos añadir al queso. Puede elegir lo pequeño que corta la cuajada, cuánto calentar la cuajada, cuánta sal añadir, cuánto tiempo prensarla y cuánto tiempo dejarla madurar. Incluso se puede cambiar el orden de algunos de los pasos para crear un queso diferente.
Del mismo modo, Dios está creando una familia diversa, una tienda entera llena de quesos diferentes, por así decirlo. ¿Acaso le sorprende que el proceso no sea el mismo para cada uno de nosotros?
Dios elige trabajar con cada uno de nosotros de una manera diferente. Él nos da a cada uno de nosotros talentos diferentes y nos guía a través de diferentes dificultades y pruebas, así como también bendiciones.
Todos terminaremos siendo diferentes tipos de “queso”, pero una cosa es cierta para todos nosotros: Dios nos está transformando de un producto que se echa a perder rápidamente en un producto duradero.