En los hogares de muchos miembros de la Iglesia de Dios Universal, la cancelación de El misterio de los siglos a principios de 1989 fue un acontecimiento traumático. Recuerdo bien la indignación que hubo en mi casa al recibir la carta “Personal” del pastor general Joseph Tkach, de la idu. Aunque El misterio de los siglos contenía las “verdades fundamentales de la Palabra de Dios”, el Sr. Tkach afirmaba que “debemos darnos cuenta de que algunos de los puntos periféricos o secundarios que contiene dan pie a que los críticos censuren el libro en su totalidad. Algunas de estas áreas también tienden a confundir inadvertidamente a los lectores en algunos puntos” (Worldwide News, 20 de febrero de 1989).
Este momento condujo finalmente a una batalla judicial de seis años por esta misma decisión y el posterior intento de los sucesores de Herbert W. Armstrong de mantener su último libro fuera del alcance de los lectores. Sin embargo, en muchos sentidos, la Iglesia ya era un caos, y en menos de un año se formaría la Iglesia de Dios de Filadelfia.
En una reunión con Joe Tkach hijo el 7 de diciembre de 1989, Gerald Flurry y John Amos fueron despedidos por el manuscrito del Sr. Flurry titulado El mensaje de Malaquías para la Iglesia de Dios hoy. En el relato del Sr. Flurry sobre esa reunión, hay un momento que me llama mucho la atención: la afirmación del Sr. Tkach hijo de que El misterio de los siglos se había dejado de publicar no por su costo ni porque su mensaje ya estuviera disponible en otras publicaciones, como habían afirmado en una carta al ministerio, sino porque estaba “plagado de errores”. Más tarde confirmaría esa opinión durante el juicio.
Esto supuso un gran cambio con respecto a lo que su padre había dicho en 1986: que era el “libro más poderoso y eficaz” del Sr. Armstrong y que “el Sr. Armstrong no subestimaba la importancia de esta última obra”.
Ciertamente eso es verdad. El Sr. Armstrong les dijo a sus lectores que quería que este libro llegara a “la mayor audiencia posible”. Sin embargo, sólo tres años después de su muerte, se dejó de publicar cuando sus sucesores decidieron retirarlo por completo de circulación.
En 1997, el pastor general Gerald Flurry decidió que la idf debía publicar El misterio de los siglos. La respuesta del abogado interno de la idu, Ralph Helge, fue inmediata: “Le agradeceríamos que nos informara con qué autoridad, sin el permiso de la Iglesia, está copiando y publicando [El misterio de los siglos]” (21 de enero de 1997). El 10 de febrero, la idu presentó una demanda.
A pesar de la afirmación de la idu de que habían sufrido daños económicos y que tenían la intención de volver a distribuir El misterio de los siglos, Joe Tkach hijo finalmente expuso sus verdaderos motivos en su libro Transformado por la verdad: “Creemos que es nuestro deber cristiano mantener este libro fuera de circulación (…) porque creemos que es mejor que los errores doctrinales del Sr. Armstrong no se difundan” (énfasis añadido). Esto puso a los equipos legales de la idu en un verdadero aprieto. Los líderes de idu habían afirmado que habrían considerado conceder la licencia de las obras a la idf, no que trabajarían activamente para garantizar que los escritos del Sr. Armstrong nunca volvieran a ver la luz. Según ellos, el Sr. Tkach hijo estaba compartiendo sus opiniones personales, no las de la organización.
Este tipo de declaraciones y acciones hipócritas continuaron a lo largo del litigio, alcanzando quizás su punto culminante con las infames afirmaciones de publicar una versión anotada de El misterio de los siglos. En un plan de publicación electrónica, la idu publicó 19 de las obras del Sr. Armstrong, las mismas 19 que figuraban en el litigio. “Gracias al ‘beneficio adicional’ de la oferta ‘de buena fe’ de la idu de realizar una publicación electrónica”, escribió Stephen Flurry, “ahora podríamos indicar a los posibles miembros, que quizá no saben nada sobre Herbert W. Armstrong, que descarguen una copia de El misterio de los siglos (a un costo considerable) con un prefacio de 1.500 palabras en el que se denuncia al autor como un escritor sin formación que enseñaba doctrinas heréticas y ejercía un control dictatorial sobre la Iglesia de Dios Universal. Por supuesto, no vimos cómo esto beneficiaría realmente las necesidades espirituales de nuestra Iglesia” (la Trompeta de Filadelfia, mayo de 2003).
Mientras tanto, la demanda revelaba la posición de cada uno. Por un lado, algunos del propio pueblo de Dios luchaban literalmente contra Él, mientras que por el otro, los que permanecían leales a la verdad restaurada a través del Elías de los últimos tiempos luchaban por el derecho a entregar el mensaje de Dios. Al margen, se reveló otro grupo, formado por aquellos que habían abandonado la idu pero carecían del valor necesario para apoyar la causa; simplemente observaban. Mientras tanto, el Sr. Flurry les mostró a los miembros de la idf que Habacuc ya había revelado el resultado del juicio.
No hay espacio aquí para detallar todos los giros y vueltas, pero finalmente, mientras esperábamos un juicio por daños y perjuicios después de que nuestra apelación fuera rechazada por la Corte Suprema, Jesucristo intervino personalmente y nos dio lo que ningún tribunal podría haber dado: la idu acordó vender El misterio de los siglos y otras 18 obras a la idf el 16 de enero de 2003, en el 17º aniversario de la muerte del Sr. Armstrong. El costo total para la idf después de las contribuciones del seguro fue de 2 millones de dólares.
Lo mejor que los tribunales podrían haber hecho es permitirnos imprimir y distribuir el libro bajo un acuerdo de licencia, pero Dios le concedió a la idf la propiedad de El misterio de los siglos y otras obras del Sr. Armstrong. Y así, El misterio de los siglos, la obra más importante de la vida de Herbert W. Armstrong, junto con las otras 18 obras siguen estando a disposición gratuita de cualquiera que las solicite, porque el Sr. Flurry, siguiendo la dirección de Jesucristo y apoyado por el remanente filadelfino, estuvo dispuesto a luchar por la verdad de Dios.
“¡Acabamos de obtener la mayor victoria de la historia en la Iglesia de Dios de Filadelfia!”, escribió el Sr. Flurry en la Trompeta de Filadelfia de mayo de 2003. “Probablemente sea nuestra victoria más emocionante en toda esta obra del tiempo del fin”.
Puede leer los apasionantes detalles sobre el caso judicial en el libro de Stephen Flurry, Raising the Ruins [Levantando las ruinas; disponible en inglés], que con gusto le enviaremos gratis si lo solicita. También puede leer la versión electrónica, que no contiene prefacio.