El último día de Cristo
Aprenda lo que Dios espera de nosotros durante la Pascua, y tómela dignamente.

El último día de Jesucristo en la Tierra fue el más desafiante de Su vida. Soportó el peor sufrimiento imaginable. Sin embargo, fue el mejor día posible para la humanidad porque abrió la puerta a la vida eterna.

Cuanto más conocemos a Dios y crecemos en nuestro amor por Él, más amamos la vida y queremos vivir para siempre. Jesucristo pasó por muchas cosas para hacer eso posible. Al acercarnos a los días santos de primavera, necesitamos un recordatorio del tremendo precio que Él pagó.

Durante la Pascua, en lugar de pensar en nuestras pruebas y nuestras dificultades, debemos enfocarnos en el precio que se pagó. Fue la cosa más difícil que Cristo tuvo que hacer en la historia. Dios quiere que nos enfoquemos en las pruebas y dificultades de Su Hijo, porque Él sufrió por nosotros.

Si podemos aprender a sufrir por otros, ¡eso es amor! Eso está en el corazón y el núcleo de lo que significa el amor.

La crucifixión de Cristo fue una escena espeluznante. Humanamente podemos dejar de lado esa realidad espantosa, pero Dios quiere que la recordemos. Debemos aprender lo que Dios espera de nosotros durante la Pascua y celebrar esta ceremonia sagrada en el espíritu correcto.

La humildad del lavado de los pies

“Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin” (Juan 13:1).

¿Cómo soportó Jesucristo esta prueba? Con amor; amor hasta el fin. Se puede hacer mucho por otros si uno los ama. Con el amor de Dios, usted logra hazañas increíbles. Necesitamos amar a los otros como lo hace Cristo.

Cuando terminó la cena, Jesús inició una nueva ceremonia: el lavado de los pies (versículos 2-5). Lavar los pies es humillante. Humanamente, nadie quiere ir por ahí lavando pies. Pero Dios dice que tenemos que humillarnos.

Cristo tuvo una humildad perfecta. Él dijo: “No puedo yo hacer nada por mí mismo…” (Juan 5:30). El gran problema del hombre es su vanidad y su soberbia. Dios no puede trabajar con nosotros hasta que seamos humildes y estemos dispuestos a escucharle. Los laodicenos le replican a Dios y no escuchan.

Dios pone el lavado de pies primero en el servicio de la Pascua para humillarnos. Usted no puede tomar el pan y el vino, no puede recibir a Jesucristo dentro de usted, si no es humilde.

“Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies?” (Juan 13:6). Carnalmente uno no puede entender realmente esta ordenanza. Se necesita el Espíritu de Dios.

“Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después. Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás…” (versículos 7-8). Pedro no estaba de acuerdo con Cristo, todavía no. ¡No me lavarás los pies! ¡Qué declaración tan atrevida!

Espiritualmente limpio

“… Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo” (Juan 13:8). ¡Palabras fuertes! Lo que está en riesgo aquí es enorme.

En la Pascua del Antiguo Testamento, como representación de su futuro Salvador, Dios mandó que cada familia de Israel matara a un cordero sin defecto. Cualquiera que decidiera no celebrar la Pascua era cortado de entre su pueblo (Números 9:13). Eso era una consecuencia fuerte en aquellos días, pero hoy es mucho más fuerte. Dios nos dice, como le dijo a Pedro, Si no dejas que te lave, no tienes parte conmigo. ¡Si no guardas esta ocasión solemne como yo he ordenado, no recibirás la vida eterna!

“Le dijo Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza” (Juan 13:9). ¡Él cambió su actitud rápidamente!

Cuando venimos a la Pascua, Dios no quiere que tengamos ni una pizca de rebeldía ni que estemos en una mala actitud. Sólo podemos venir a Cristo si queremos estar limpios. Eso no significa que seamos intachables; todos somos pecadores. Pero tenemos que tener la actitud correcta. No podemos intentar presuntuosamente presentarnos como justos aunque estemos impuros.Tenemos que estar trabajando y esforzándonos por caminar por el camino angosto. Queremos estar limpios espiritualmente. Queremos ser como Dios. Queremos que Dios viva en nosotros.

1 Corintios 11:27-29 nos advierte contra tomar la Pascua “indignamente”, o de manera indigna. Esto significa habernos arrepentido de nuestros pecados y tener una actitud adecuada de reverencia, respeto y gratitud por el sacrificio que hizo posible el perdón de nuestros pecados. Ninguno de nosotros es digno de tomar la Pascua. Si esperamos a que seamos dignos, nunca la tomaremos. Pero Dios sí quiere que estemos en una actitud de arrepentimiento, lo cual a la vista de Dios, nos hace limpios.

Felicidad

“Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros” (Juan 13:12-14). Hacemos este ritual en la Pascua porque Cristo lo ordenó.

“Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió. Si sabéis estas cosas, [felices] seréis si las hiciereis” (versículos 15-17). Esa es una verdad fenomenal. ¡Jesucristo dice que el lavado de pies y guardar la Pascua lo hará feliz!

Intente decirle eso a alguien en el mundo; ellos no pueden comprenderlo. ¿Quiere decirme que la búsqueda de la felicidad comienza lavando los pies a la gente? ¡Realmente es una fórmula para hacernos felices! No hay otra forma.

El hombre ha buscado la felicidad desde tiempos inmemoriales, pero no puede encontrarla porque es demasiado soberbio, vanidoso y rebelde hacia Dios. No le gusta la autoridad ni el gobierno; no quiere que Dios gobierne sobre él. Dios dice, está bien, adelante e intenta resolverlo, pero vas a ser miserable.

La gente de este mundo será miserable hasta que se arrepienta, se rinda finalmente y entregue su vida a Dios.

No tome el pecado a la ligera

Durante la cena, Cristo tomó pan, lo bendijo y lo partió, y dijo a Sus discípulos: “Tomad, comed; esto es mi cuerpo”. Luego les dio un poco de vino y les dijo: “Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados” (Mateo 26:26-28).

Este fue un momento difícil para Jesucristo. Él soportó angustia, sufrimiento y dolor. Y Dios quiere que nos identifiquemos con esto. ¿Por qué? Porque usted y yo causamos esa angustia y sufrimiento, Él murió por nuestros pecados. Dios quiere que tomemos esto muy personalmente y nos demos cuenta de lo horrible que es el pecado.

Tal vez no pensemos que un pecado que estamos cometiendo sea tan grave. El mundo ciertamente tiene esa actitud; se toman el pecado a la ligera. Eso se debe a que no ven el precio que se pagó por el pecado. ¡No ven que el Hijo de Dios dio Su vida para poder darles vida eterna si escogen obedecerle!

No debemos tomarnos el pecado a la ligera. ¡Nuestros pecados han causado el peor sufrimiento en la historia que alguien haya tenido que soportar!

“Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre” (versículo 29). Me encanta esta afirmación: “hasta aquel día en que lo beba (…) con vosotros”. Él no dice que espera que así sea o que tal vez ocurrirá. Dice hasta aquel día en que. ¡Dios es muy positivo! Él cree que usted va a estar allí. Él tiene una gran esperanza en eso. Por supuesto, Dios nos da a todos libre albedrío, ¡pero Cristo no es pesimista sobre su futuro! Él cree que va a estar bebiendo esto con usted en el Reino de Dios.

Esa es una actitud muy positiva que usted y yo necesitamos a medida que nos acercamos a la Pascua.

‘Hágase tu voluntad’

Mientras Cristo soportaba la crucifixión, Él estaba “acongojado” (Salmos 69:20). A veces usted puede pensar que tiene pruebas difíciles, ¡pero necesita familiarizarse con lo que Cristo tuvo que atravesar! Ciertamente somos probados y examinados, pero comparados con Jesucristo, no tenemos pruebas serias en absoluto.

Dios nunca nos dará más de lo que podamos manejar. Cristo estaba acongojado; ¡estaba al límite! Y Él soportó eso por usted, personalmente. Incluso si usted fuera la única persona en la Tierra, Él aún lo habría hecho.

“Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:41-42). ¿Ha orado usted esa oración? Muy a menudo podemos desear salir de una prueba, pero ¿expresamos también que queremos la voluntad de Dios? Si es la voluntad de Dios mantenernos en esa prueba, entonces debemos soportar y aceptar Su voluntad.

Cristo también quiso ser liberado, pero se sometió a la voluntad de Dios. Si Él no hubiera soportado y dicho “Hágase tu voluntad”, ¡no estaríamos aquí! Si Jesucristo hubiera rechazado el camino estrecho y elegido el camino ancho, no tendríamos acceso a la vida eterna. Viviríamos nuestra vida física y luego moriríamos sin esperanza en el futuro.

Tenemos que darnos cuenta de que todo esto sucedió por nosotros y tener el debido respeto por lo que hizo Cristo. Debemos entrar en la Pascua en estado de reverencia. ¡Fue realmente un sacrificio insondable! Un gran Dios, que es más grande que todos nosotros, tuvo que morir por nuestros pecados. De lo contrario, no tendríamos Salvador. Si tuviéramos que pagar nosotros mismos la pena de muerte, no tendríamos futuro. El sacrificio de Cristo fue el precio que tuvo que pagarse. Nunca debemos olvidar eso.

Cómo soportar

“Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra” (Lucas 22:43-44).

Así es como se soporta una prueba difícil: adéntrese en su oración con intensidad y energía, ¡y ábrase camino hasta Dios! Incluso si está en agonía, y algunas veces lo estará, ¡ábrase camino hasta Dios! Dios dice que no importa lo que uno esté enfrentando, Él nos sacará adelante.

¡Este tipo de oración es la clave del éxito espiritual! Lo digo de verdad. ¡Todo gira en torno a la oración profunda, ferviente, sincera y energética!

En ese momento, Cristo estaba pensando en la carne siendo arrancada de Su cuerpo. Sabía que saldrían chorros de Su sangre sobre el madero. Él había profetizado todas esas cosas miles de años antes, y estaban a punto de suceder. Él no quería atravesar por eso, pero le dijo a Su Padre, lo haré si eso es lo que tu quieres. ¡Y Él soportó sudando sangre en oración! ¡Así de intensamente oraba Él!

¡Así de intensamente debemos orar usted y yo si el problema es de esa magnitud! Ese es el tipo de oración que necesitamos para resolver nuestros problemas y ganar nuestras batallas.

Tenemos gente con mucho talento en la Iglesia de Dios. Usted podría pensar que tales personas nunca tienen problemas o dificultades espirituales. Pero la resistencia espiritual no tiene nada que ver con el talento físico. Por eso Dios puede tomar terrones como usted y como yo, si nos sometemos a Él, y ¡hacer todo a través de nosotros! Pero fracasaremos siempre si confiamos en nuestro talento o en la poca habilidad que tenemos.

El enfoque de Cristo ante esta prueba nos da la clave del éxito.

Pero, ¿qué hacían los discípulos mientras Él oraba? “Cuando se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, los halló durmiendo a causa de la tristeza” (versículo 45). Eso es fácil de hacer en tiempos difíciles. Probablemente todos nos hemos tomado una siesta o dos cuando deberíamos haber estado levantados orando, ¡pero usted no puede soportar un problema difícil si ese es su enfoque!

Jesucristo no estaba confiando en Su habilidad. Él estaba confiando en Dios el Padre. Necesitaba la fuerza del Padre para resistir, y Dios Le dio esa fuerza. No había otra forma de que usted y yo entráramos en el Reino de Dios.

No creo que podamos tomar la Pascua adecuadamente a menos que hayamos contemplado algunas de estas Escrituras. Es realmente el sacrificio más supremo y maravilloso de todos los tiempos, por mucho, y nunca habrá nada que se le asemeje.

‘Yo soy’

“Judas, pues, tomando una compañía de soldados, y alguaciles de los principales sacerdotes y de los fariseos, fue allí con linternas y antorchas, y con armas. Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis?” (Juan 18:3-4). Durante toda la vida de Jesucristo, esta prueba terrible pendió sobre Su cabeza, y ahora estaba sobre Él. Sin embargo, incluso hasta el mismo momento de la crucifixión, ¡Él seguía inspirando y motivando a otras personas!

“Le respondieron: A Jesús nazareno. Jesús les dijo: Yo soy. Y estaba también con ellos Judas, el que le entregaba. Cuando les dijo: Yo soy, retrocedieron, y cayeron a tierra” (versículos 5-6). Cristo estaba utilizando el nombre del Dios del Antiguo Testamento, el gran y poderoso Creador del universo; ¡“Yo Soy”! (Éxodo 3:14). Los traductores de la versión King James intentaron suavizarlo, así que añadieron un “él”, ¡pero debería ser simplemente ¡Yo Soy!

Al oír ese título, ¡estos hombres retrocedieron y cayeron! Habían oído hablar mucho del “Yo Soy”, ¡y esto les hizo caerse! ¡De repente se dieron cuenta de que estaban tratando con el gran Dios poderoso que plaga a las naciones y derriba al mundo entero! ¡Eso les aterrorizaba!

Humanamente, no queremos que nos gobierne ese Dios omnipotente y todopoderoso que nos dice cómo tenemos que vivir. A los humanos carnales no les gusta que les digan lo que tienen que hacer, ¡y quieren tener como Dios a un pequeño bebé en un pesebre! Tenemos que invertir eso y llegar al punto en el que queramos que este gran Dios omnipotente dirija cada paso de nuestra vida, ¡cada pensamiento de nuestra mente! ¡Debemos llegar al punto en que nos encante eso y no lo queramos de otra forma!

Acepte la verdad

Aquellos soldados consiguieron recuperarse y fueron a crucificar a Cristo. Así son las cosas con la gente de mente carnal. Como dijo Winston Churchill: “Los hombres tropiezan de vez en cuando con la verdad, pero la mayoría se levantan y salen corriendo como si nada hubiera sucedido”.

La mayoría del pueblo de Dios está tropezando con la verdad durante esta era laodicena. A veces pueden llegar a intuir que la Obra de la Iglesia de Dios de Filadelfia no es un mero esfuerzo humano. Pero muy a menudo, cuando la gente es golpeada con la verdad, simplemente se levanta y cierra su mente a ella.

No podemos permitirnos razonar excusas ante el gran Dios poderoso, quien quiere que nos rindamos incondicionalmente a Él.

Cuando usted entra a la Pascua, ¡le está diciendo a Dios que quiere eso en su vida! Cuando usted toma el pan y el vino, ¡está diciendo que quiere que Jesucristo viva en usted! Que usted quiere vivir como Él vivió. Que usted quiere la voluntad de Dios en su vida, y no la suya propia, incluso si eso significa soportar la peor prueba que haya tenido. Usted le dice a Dios, No importa lo difícil que sea, sólo quiero tu voluntad. ¡Quiero ser como tu Hijo, Dios! Y ora esa oración hasta el final. No es una vida fácil, pero es la que nos hace felices.

Motivados por el amor

“Volvió, pues, a preguntarles: ¿A quién buscáis? Y ellos dijeron: A Jesús nazareno. Respondió Jesús: Os he dicho que yo soy; pues si me buscáis a mí, dejad ir a éstos; para que se cumpliese aquello que había dicho: De los que me diste, no perdí ninguno” (Juan 18:7-9). Cristo estaba tratando de proteger a Sus discípulos. ¡Ese es el amor de Dios!

“Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó, e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco” (versículo 10). Carnalmente, podría pensarse que Malco recibió lo que se merecía. Probablemente así es como hemos pensado de vez en cuando, pero luego nos damos cuenta y pedimos perdón a Dios. Esa no es la forma de manejar una situación así. ¡Debemos vigilar nuestro pensamiento!

“Jesús entonces dijo a Pedro: Mete tu espada en la vaina; la copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?” (versículo 11). Esta es la actitud que necesitamos. Puede que nos encontremos en una dificultad a la que no queramos enfrentarnos; preferiríamos que Dios simplemente nos la quitara. Pero si Dios nos la da, ¡debemos aceptarla!

Jesucristo fue un gran hombre. ¿Por qué simplemente no echó a correr? ¡Él ya tenía vida eterna! Lo que hizo que Él siguiera adelante fue amor. Él, como el Padre, quiere que miles y miles de millones de personas formen parte de Su Familia. Él lo quería a usted. Él quería darle a usted ¡la oportunidad de estar en Su Familia y de vivir por la eternidad! Eso es lo que Le motivó. Él no se enfocó en Sí Mismo y afrontó esta prueba por usted. El amor perduró hasta el final.

Mientras soporta sus pruebas y tribulaciones, mantenga eso en mente. Dese cuenta del sufrimiento que se soportó por usted. No ceda a la autocompasión. Ponga su mente en Jesucristo y en lo que Él dio. ¡Eso cambia la forma en que usted aborda todo! Ciertamente es una batalla, pero si mantiene su mente en Cristo y en lo que Él hizo, ¡entonces usted puede resistir!

‘No puedo hacer nada’

Esta turba tomó a Jesús y se Lo llevó. Juan 18:14 nos dice que el sumo sacerdote, Caifás, había decidido “de que convenía que un solo hombre muriese por el pueblo”. ¡Qué razonamiento tan satánico! Uno puede razonar cualquier cosa carnalmente. ¡Él pensó que “convenía” por el bien de la nación matar a Jesucristo! ¡Éste era el Hijo de Dios!

Juan nos cuenta cómo Simón Pedro siguió a esta turba y se quedó afuera. Cuando una mujer le preguntó si era uno de los discípulos de Jesús, él dijo que no (versículos 15-17). Él acababa de cortarle la oreja a alguien en defensa de Cristo, ¡pero ahora mentía descaradamente como un cobarde! Qué gran cambio.

Pedro tuvo que aprender que la habilidad humana no puede hacer nada por nosotros. Nosotros también tenemos que ver que sin Dios, no somos diferentes de Pedro. Si Jesucristo no vive en nosotros, ¡somos igual de débiles y cometeremos el mismo error!

Marcos 14:50 dice de los discípulos: “Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron”. ¡Los discípulos simplemente huyeron!

Esto llega al corazón y al núcleo de lo que es la Iglesia de Dios de Filadelfia. ¡Estamos esforzándonos con todo nuestro ser para permanecer junto a Jesucristo y no huir! Los laodicenos han dado la espalda, pero lo nuestro es seguir fieles a Cristo. Si ellos quieren abandonarlo, es su elección. Pero Dios dice que un día se avergonzarán de lo que han hecho. Puede contar con ello.

Dense cuenta: ¡no hay forma de que soportemos lo que viene sin el poder de Dios! Debemos llegar al punto en el que dejemos de lado la habilidad humana y digamos: “¡No puedo yo hacer nada por mí mismo! Jesucristo va a tener que hacerlo”. Siga el ejemplo de Cristo, ¡o no sobrevivirá espiritualmente a las pruebas que le esperan!

Testigo falso

El sumo sacerdote interrogó a Jesús, y Él respondió audazmente: “Jesús le respondió: Yo públicamente he hablado al mundo; siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y nada he hablado en oculto. ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que han oído, qué les haya yo hablado; he aquí, ellos saben lo que yo he dicho” (Juan 18:20-21). ¡Nada de lo que he dicho ha sido en secreto! No hubo ninguna gran conspiración, ni organización secreta. Cualquiera que oyó hablar a Cristo podía decir a esos líderes lo que Él dijo.

A esos dirigentes no les gustó esa respuesta. Uno de los oficiales golpeó a Jesús (versículo 22); una traducción dice que fue con el puño, lo que probablemente sea correcto.

“Y los principales sacerdotes y los ancianos y todo el concilio, buscaban falso testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte” (Mateo 26:59). Los propios líderes eran tan corruptos que estaban tratando de que alguien mintiera sobre Cristo.

“Y los principales sacerdotes y todo el concilio buscaban testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte; pero no lo hallaban” (Marcos 14:55). No pudieron encontrar de qué acusarle. “Porque muchos decían falso testimonio contra él, mas sus testimonios no concordaban” (versículo 56). No consiguieron que sus testigos mentirosos se pusieran de acuerdo.

Este mundo está lleno de engaño. Cuando la gente empieza a decir mentiras y a rechazar la Palabra de Dios, ¡se producen resultados terribles! ¡Estas mentiras llevaron a esta gente a matar al Hijo de Dios! Debemos dar un gran valor a la verdad y ¡ni siquiera empezar en esa dirección!

Es muy importante que estudiemos estas Escrituras cada año. Yo lo hago, y cada vez que lo hago, odio un poco más mi naturaleza humana. La temporada de días santos de primavera es un tiempo para que odiemos al viejo hombre que nos causa tantos problemas.

Manteniendo Su paz

Finalmente, un par de testigos falsos vinieron y acusaron a Jesús de blasfemia. El sumo sacerdote le preguntó al respecto, y Él respondió hablando del “Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo” (Mateo 26:60-64). El sacerdote declaró que era una blasfemia y los dirigentes decretaron que debía morir (versículos 65-66).

Cristo mantuvo Su paz. Ellos estaban totalmente sesgados, buscando condenarlo. ¿De qué serviría responder?

A menudo nos enfrentamos a acusaciones sesgadas y falsas, a personas que nos atacan con una mala actitud. Ellos sólo están tratando de arrastrarnos a una pelea y hacernos tropezar. En tales casos, las palabras sirven de poco (p. ej., Proverbios 26:4).

Estos judíos no tenían pruebas contra Cristo. Cuando Lo llevaron ante Pilato, él lo sabía y lo admitió. “Y siendo [Jesús] acusado por los principales sacerdotes y por los ancianos, nada respondió. Pilato entonces le dijo: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti? Pero Jesús no le respondió ni una palabra; de tal manera que el gobernador se maravillaba mucho” (Mateo 27:12-14). Apenas podía creer que Jesús no respondiera contra sus terribles mentiras. Pero Él sabía que no había caso.

Me imagino que Cristo estaba trabajando duro para mantener Su mente enfocada en el futuro, y en ser un ejemplo para usted. No iba a permitir que estos hombres Le desviaran hacia razonamientos carnales que pudieran hacerle perder Su salvación. ¡Estaba centrado en la vida eterna y en llevarlo a usted a la eternidad!

Malicia asesina

Pilato había acordado liberar a un prisionero, y preguntó a la multitud si debía ser Jesús o un notorio criminal llamado Barrabás. Mateo 27:18 dice: “Porque sabía [Pilato] que por envidia [debe leerse malicia] lo habían entregado [a Jesús]”. ¡Estos hombres malvados estaban llenos de malicia! Así es la naturaleza humana.

Recuerde: no fueron sólo esos hombres los que condenaron a muerte a Jesús. ¡Nosotros también! ¿Ha tenido alguna vez malicia? Estoy seguro de que todos estamos de acuerdo en que hemos albergado malicia de vez en cuando. ¡Debemos deshacernos de ella! Si nos encontramos resentidos o disgustados por algo, tal vez el verdadero problema sea que estamos enfadados con Dios. Debemos arrepentirnos de ello.

“Y estando él [Pilato] sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: No tengas nada que ver con ese justo; porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de él” (versículo 19). La esposa de Pilato nos da tal vez una pequeña idea de lo que les va a suceder a las personas que luchan contra Dios y contra la idf. Van a empezar a tener sueños y pesadillas. ¡Cualquiera que luche contra Dios va a tener problemas que nunca ha tenido antes!

No podemos luchar contra Dios y ganar. ¡Esa es una lección que tenemos que aprender para siempre!

Los líderes judíos persuadieron a la multitud para que pidieran a Barrabás en vez de a Jesús. Cuando Pilato los presionó acerca de Jesús, ellos gritaron: “¡Sea crucificado!” (versículos 20-23).

“Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros” (versículo 24). Él pudo ver que Cristo era un hombre justo acusado falsamente. No quería tener nada que ver con ello.

¿Pero estaba absuelto de toda culpa? Por supuesto que no. ¡Cometió uno de los crímenes más tenebrosos, lúgubres y grotescos de toda la historia! Dios lo consideró culpable.

Pilato fantaseó con que no era culpable. Eso es fácil de hacer para la mente humana. La naturaleza humana cree que puede ser malvada en un área pero buena en otra. ¡Eso es delirante! ¡Creer que somos justos en un área no nos absuelve del pecado!

Sufriendo por la justicia

“Entonces les soltó a Barrabás; y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser crucificado” (Mateo 27:26).

El látigo que estos soldados habrían utilizado tenía fragmentos de plomo, vidrio y piedra entrelazados en seis correas con bolas de metal en los extremos. El látigo se enrollaba en el cuerpo de un individuo y desgarraba trozos de carne al tirarlo hacia atrás. ¡A estos soldados pervertidos les encantaba hacerle esto a Jesucristo!

¡Cristo soportó esto porque Dios quiere que seamos sanados! Es por estas heridas por las que somos sanados (Isaías 53:5; 1 Pedro 2:24). Esa flagelación arrancó trozos de carne del cuerpo de Jesús para que pudiéramos ser sanados. ¡Dios toma en serio la sanación! Y Él nos quiere en Su Reino. Quiere que tengamos fe. Quiere que confiemos en Él.

Hombres que recibieron los golpes que Cristo sufrió a menudo morían antes de ser crucificados. Pero Cristo seguía vivo.

Estos soldados rudos y toscos Le desnudaron entonces, Le pusieron un manto rojo, Le clavaron la corona de espinas en el cráneo, Le dieron una caña a modo de cetro y se inclinaron burlonamente ante Él diciendo: “¡Salve, Rey de los judíos!”. Le escupieron y Le golpearon en la cabeza con esa caña. Luego Lo condujeron para crucificarlo con Su carne desgarrada, sin duda, llena de suciedad y moscas (Mateo 27:27-31).

Todo esto sucedió porque Jesucristo era tan justo. Él no pecó ni una sola vez. La única razón por la que hicieron esto fue porque ¡Él obedeció a Dios! Esto es lo que ocurre en este mundo. Muy a menudo, cuando uno obedece a Dios, se meterá en problemas y enfrentará persecución. Mire a lo que Cristo se enfrentó por negarse a transigir un ápice con la Palabra de Dios.

La Crucifixión

“Cuando salían, hallaron a un hombre de Cirene que se llamaba Simón; a éste obligaron a que llevase la cruz” (Mateo 27:32). Cristo ni siquiera podía llevar Su propio madero porque había sido tan brutalmente golpeado.

“Y cuando llegaron a un lugar llamado Gólgota, que significa: Lugar de la Calavera, le dieron a beber vinagre mezclado con hiel; pero después de haberlo probado, no quiso beberlo. Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes, para que se cumpliese lo dicho por el profeta: Partieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes” (versículos 33-35).

Antes de crucificar a Cristo, los soldados le clavaron las manos y los pies al madero con clavos enormes para que no se cayera o se arrancara. Normalmente, tenían un pequeño trozo de madera para soportar el peso del crucificado cuando dejaban caer el madero en el agujero. Cuando alzaban así a un hombre, éste gritaba de dolor.

“Entonces crucificaron con él a dos ladrones, uno a la derecha, y otro a la izquierda. Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza, y diciendo: Tú que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz. De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciéndole con los escribas y los fariseos y los ancianos, decían: A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él” (versículos 38-42). ¡Se burlaban, se mofaban y escarnecían al Hijo de Dios!

“Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere; porque ha dicho: Soy Hijo de Dios. Lo mismo le injuriaban también los ladrones que estaban crucificados con él” (versículos 43-44). ¡Estos judíos religiosos no podían soportar que dijera que era el Hijo de Dios!

“Y desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena” (versículo 45). Él colgó de ese madero durante seis horas mientras Le maltrataban y se burlaban de Él y le hacían todo tipo de maldades que se imaginaban.

Esta es la clase de brutalidad a la que Cristo fue sometido para pagar por nuestros pecados. Debemos darnos cuenta de que Él dio todo esto por nosotros; no retuvo nada. Ese es nuestro Salvador.

Perdón

“Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46). Jesucristo se convirtió en pecado. Y Dios desampara a los pecadores.

Sin embargo, cuando nos arrepentimos, ¡Él está muy dispuesto a perdonar! Considere que algunas de las primeras palabras que pronunció Jesucristo después de ser crucificado fueron: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34).

Vamos a enfrentar persecución antes de que todo esto termine. La mayoría de los que nos persigan, sinceramente ¡no sabrán realmente lo que están haciendo! Vamos a tener que perdonarlos. Cuando entremos en la Pascua, espero que todos podamos decir que no hay nadie a quien no podamos perdonar, porque miren cuánto nos ha perdonado Dios a todos nosotros.

Eso es lo que nos muestra la Pascua. Dios nos ha perdonado todo. Mire todos los pecados que usted y yo hemos cometido, ¡y Él simplemente los perdona todos y los entierra! Cuando nos arrepentimos, Dios dice: Eso es todo. Ya ni siquiera pienso en ello. Están enterrados. Eso está en el pasado; ahora sigamos adelante.

¡Así que tenemos que perdonarnos unos a otros! Es un insulto a Dios si no podemos perdonar. Si Cristo está en nosotros, vamos a poder perdonar.

Debemos condenar el pecado y no a las personas. Amamos a la Familia de Dios, incluso al 95% que se ha apartado de Dios.

El precio del pecado

“Algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: A Elías llama éste. Y al instante, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, y la empapó de vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber. Pero los otros decían: Deja, veamos si viene Elías a librarle. Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu” (Mateo 27:47-50).

Los traductores omiten “Y otro tomó una lanza y perforó su costado, y salió agua y sangre” del versículo 49. Cristo no murió por un corazón roto sino por una hemorragia masiva dentro de Su cuerpo. Estaba a punto de ahogarse en Su propia sangre a causa de la terrible paliza que había atravesado. Por eso murió. Por eso salió sangre y agua. ¡El Hijo de Dios fue asesinado!

Cuando Dios Padre ve el pecado, esto es lo que ve. Él ve el sacrificio supremo de Su Hijo unigénito que tuvo que pagar el precio de esos pecados horribles. No podemos utilizar la evaluación del pecado de este mundo. Estudie la Pascua para entender ¡cuán horrible es realmente el pecado! Esto es lo que debemos comprender al tomar la Pascua.

Uno puede ver por qué Dios odia el pecado. El apóstol Pedro escribió que fuimos “rescatados (…) no con cosas corruptibles, como oro o plata” (1 Pedro 1:18). Fuimos redimidos por la sangre preciosa de Jesucristo (versículo 19).

Cada uno de nosotros debe considerar estas Escrituras profundamente. Dios piensa que si Él se da tan completa y totalmente a usted de esa manera, ¡entonces espera que nosotros seamos ilimitados en nuestra dedicación a Él! Él pagó un gran precio para que podamos formar parte de Su Familia. No le gusta una actitud tibia como respuesta. Él es el gran Dios Creador, y no Le gusta cuando la gente se levanta y Le contesta como hacen los laodicenos. ¡No es de extrañar que Cristo se enfade y los vomite de Su boca! (Apocalipsis 3:16). Creo que Él tiene el derecho de pedir más de todos nosotros. Sin embargo, Él nunca nos pide más de lo que podemos manejar.

¿Qué supone que piensa Cristo cuando usted tiene un problema y cree que definitivamente no puede superarlo? Tal vez usted decide que simplemente va a vivir con ese problema. Si Jesucristo pensara así, ¡no tendríamos Salvador! ¡Tenemos que afrontar nuestros problemas y ocuparnos de ellos!

Dios nos ha llamado a convertirnos en Dios, ¡a entrar en la mismísima Familia Dios! Y Él dice: Te convertiré en mi élite exclusiva si aprendes cómo seguirme y a ponerte firme por mí.

La temporada de la Pascua es un tiempo serio del año, pero es también un tiempo glorioso por lo que representa.

‘Éste era Hijo de Dios’

“Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron” (Mateo 27:51). Fíjese en todos estos fenómenos. La gente no podía creerlo.

“y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos. El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios” (versículos 52-54). Tras los terremotos, la resurrección de la gente de entre los muertos y otros milagros espectaculares, entonces ¡la gente admitió que Cristo era Dios!

Después de que la gente atraviese el holocausto nuclear que pronto se avecina, dirán lo mismo de esta Obra. ¡Se van a dar cuenta de que esta era realmente la Obra del gran Dios Creador que resucita a la gente de entre los muertos! Qué tragedia que tengan que sufrir tanto para llegar a ese punto. Pero Dios hará lo que sea necesario para llevarlos allí.

Es muy importante estudiar estas Escrituras cada año mientras nos preparamos para la Pascua. Dios quiere que recordemos Su sufrimiento y Su muerte y que tengamos fe en esos símbolos del pan y el vino mientras llevamos a Jesucristo dentro de nosotros en la Pascua. Cuando tomamos ese pan y ese vino, estamos diciendo que queremos vivir exactamente como vivió Dios, como vivió Cristo, es decir, como Dios quiere que vivamos.

Él dice que cuando hagamos estas cosas, beberemos del fruto de la vid y compartiremos muchas experiencias maravillosas con Él en el Reino de Dios (Mateo 26:29).