Cuanto está lejos el oriente del occidente
Una imagen para la eliminación del pecado

“David se hizo un experto en el arrepentimiento”, escribe Gerald Flurry en La Llave de David. Por lo que, uno se puede imaginar, cuán profundamente el gran rey de Israel aprecióel perdón de Dios.

En el Salmo 103, David escribió: “Bendice, alma mía, a [el Eterno], y no olvides ninguno de sus beneficios” (versículo 2). El primer beneficio que quiere que no “olvides”, y que nosotros tampoco debemos olvidar nunca, es: “Él es quien perdona todas tus iniquidades…” (versículo 3).

El perdón y la eliminación del pecado son el tema central de este hermoso salmo.

De hecho, David organizó estratégicamente este salmo para resaltar este hecho.

Este salmo está compuesto como un quiasmo, un recurso literario en el que la primera mitad y la última se reflejan mutuamente. Gerald Flurry lo explica en Los salmos de David y el salterio de Tara: “La primera frase del versículo 1 y la última del versículo 22 son idénticas. Avanzando un poco, el resto del versículo 1 hasta el versículo 5 son similares a los versículos 20-22. El versículo 6 es comparable al 19, el 7 es paralelo al 18 (describe a Dios dando Sus mandamientos a Moisés; luego, ‘se acuerdan de sus mandamientos para ponerlos por obra’), los versículos 8 y 17 tratan de la misericordia de Dios, y así sucesivamente”.

Algunos quiasmos tienen un versículo central que no se refleja, lo que lo convierte en el punto central. El versículo 12 es el eje del Salmo 103: “Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones”.

El Sr. Flurry comenta: “David, el magistral poeta, usa este punto de énfasis para describir el perdón de Dios y cuánto Él desea distanciarnos del pecado. ¡Qué consuelo!” (ibíd.).

Estudiemos lo que significa que Dios aleje de nosotros nuestras rebeliones.

Distanciado del pecado

El Salmo 103:12 contiene una poderosa imagen de movimiento y distancia.

Imagínese posarse en algún lugar alto de la Tierra donde nada obstruyera su visión en ninguna dirección. El horizonte sería un círculo. De un lado a otro hay direcciones opuestas: norte de sur, oriente de occidente.

Fíjese, David no escribió: “cuanto está lejos el norte del sur”. En un globo terráqueo, si viajara hacia el norte o el sur, llegaría con el tiempo a un punto en el que empezaría a ir en la otra dirección. No ocurre lo mismo con el oriente y el occidente: no importa lo lejos que viaje hacia el oriente, siempre seguirá yendo hacia el oriente, aunque dé la vuelta completa al globo. Lo mismo ocurre cuando se viaja hacia el occidente.

Además, David puso primero oriente, no “occidente del oriente”. En hebreo, oriente es sinónimo del amanecer, y oeste tiene una grafía similar a la palabra para la tarde. Viajar de oriente a occidente es la dirección de la salida del sol a la puesta del sol, lo cual sigue la progresión del día.

Para apreciar plenamente la comparación de distancias del versículo 12, considere la comparación de alturas del versículo 11: “Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le temen”. Algo interesante sobre el horizonte es que cuanto más alto se está del suelo, más lejos está cada horizonte del otro. Espiritualmente, cuanto más cerca estamos de Dios, más distancia hay entre cada “horizonte”, por ejemplo el del oriente y el del occidente.

La primera frase del versículo 12, “Cuanto está lejos”, es interesante. Utiliza la misma palabra hebrea (en una forma gramatical ligeramente diferente) que la palabra alejar más adelante en el versículo. Podría leerse más literalmente: Como lo alejado que está oriente del occidente, así ha alejado Él de nosotros nuestros pecados. Esta palabra para “lejos” y “alejar” contiene significados tanto de distancia (estar lejos de) como de acción, en el sentido de ser alejado o repelido de.

Considere ahora las implicaciones espirituales de estas metáforas.

El versículo 11 describe los cielos sobre la tierra: la extensión vertical de la misericordia de Dios sobre nosotros (de la que leeremos más en el otro lado del quiasmo: en los versículos 13-14). En pocas palabras: los “cielos” es donde está la misericordia de Dios; la “tierra” es donde están los que le temen.

El versículo 12 dice cuanto está lejos el oriente del occidente, así nuestras “rebeliones” lo están de “nosotros”. El oriente aparece antes que el occidente, y las “rebeliones” antes que “nosotros”. Nuestras transgresiones están en el oriente, es decir, antes o en el pasado. Nosotros estamos en el occidente, donde ocurre la puesta de sol. Y dado que los días de Dios comienzan a la puesta de sol, puede relacionar el “occidente” con el comienzo de un nuevo día.

Estas imágenes nos ayudan a apreciar la distancia que Dios intenta crear entre nosotros y el pecado, no sólo al ser perdonados, ¡sino al librar nuestras vidas de él!

Sanado

El perdón es el tema obvio de este versículo, como lo es de todo el salmo.

El versículo 3 dice: “Él es quien perdona todas tus iniquidades; El que sana todas tus dolencias”. La sanidad física es una forma práctica de aprender el alcance del perdón de Dios y la distancia que Él quiere poner entre nosotros y los efectos del pecado. Nos enseña cómo Dios remueve el pecado.

Cuando acudimos a Dios en busca de sanidad, estamos buscando el perdón. Puede que tengamos prisa porque Él elimine los efectos del pecado físico —los síntomas, las molestias, las penas de dolor que experimentamos— y eso es lo que hará la sanidad. Pero Dios no se limita a “arreglar” lo que está roto o a tratar los efectos. Puesto que Jesucristo pagó la pena por esos pecados físicos, Dios puede en realidad restaurar las cosas tal como eran antes de que se quebrantara la ley (aunque a veces, cuando Dios sana, quedan cicatrices que sirven de recordatorio). Se trata de eliminar el pecado, la causa.

Cuando Jesús resucitó a Lázaro después de cuatro días en la tumba (Juan 11), Lázaro no estaba todavía lidiando con la enfermedad original que lo mató ni siquiera con los cuatro días de descomposición. Aunque fue resucitado un hombre mortal, biológicamente era como si la enfermedad original y los cuatro días en la tumba nunca hubieran sucedido.

La sanidad es Dios removiendo “de nosotros nuestras rebeliones”.

“Dios quiere sacarlo a usted del pecado, así como liberó a los israelitas de la esclavitud de Egipto”, escribe el Sr. Flurry en Cómo ser un vencedor. “Él quiere purgar el pecado de su vida completamente y removerlo tan lejos como está el oriente del occidente (Salmo 103:12). Dios quiere facultarlo para que usted viva libre del pecado; un camino totalmente diferente, centrado en Dios, caminando en vida nueva (Romanos 6:4)”.

El libro de Isaías contiene varios versículos que acompañan al Salmo 103:12. Isaías 38:14 es parte de la oración del rey Ezequías pidiendo sanidad: “… [Eterno], violencia padezco; fortaléceme”. Fortaléceme significa prometer, negociar o comerciar. Ezequías pidió a Dios que intercambiara situaciones. Eso es esencialmente lo que haría el Mesías: cargaría con nuestros pecados y pagaría esa pena por nosotros. Parece que Ezequías incluso sabía de esto; después de todo, conocía a Isaías, que registró profecías sobre el sacrificio del Mesías haciendo posible nuestra sanidad (Isaías 53:4-5). Como eso aún no había sucedido, prometer es la palabra apropiada: el Dios del Antiguo Testamento prometió tomar sobre Sí la pena de los pecados de Ezequías.

Por el contrario, la idea que tiene el hombre de la “sanidad” de una enfermedad es tratar el efecto, intentar eliminar la pena. Por esta lógica, podemos continuar en el camino que trae penalidades, pensando que nuestra “sanidad” borrará la penalidad. Dios quiere detener la causa de las penalidades. ¡Él quiere borrar las rebeliones mismas! Por supuesto, necesitamos el perdón de nuestras rebeliones para que eso ocurra. También necesitamos que Dios elimine la pena; de lo contrario, moriríamos para siempre (Romanos 6:23).

Olvidado

Fíjese en esta frase clave sobre cómo Dios sanó a Ezequías: “echaste tras tus espaldas todos mis pecados” (Isaías 38:17). He aquí otra potente imagen sobre Dios perdonando y eliminando el pecado: Está tras las espaldas de Dios. Esto también es lenguaje figurado para referirse al pasado.

David pidió a Dios: “Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis maldades” (Salmo 51:9).

El profeta Isaías registró estas reconfortantes palabras de Dios: “Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados” (Isaías 43:25). ¡Qué hermoso que Dios borre nuestros pecados de Su memoria!

“De los pecados de mi juventud, y de mis rebeliones, no te acuerdes”, oraba David (Salmo 25:7).

Jeremías citó a Dios en esta profecía del maravilloso Mundo de Mañana: “… porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado” (Jeremías 31:34).

Este versículo se cita en Hebreos 10:17. Dios no quiere volver a pensar en un pecado perdonado. Quiere que sea “purgado” hasta el punto en que incluso nosotros no tengamos “ya más conciencia de pecado” (versículo 2); ha desaparecido de nuestro pensamiento. queremos aprender de nuestros errores y aferrarnos a las lecciones, como David, que mantuvo un pecado grave “siempre delante” de él (Salmo 51:3). Pero eso es para evitar volver a hacerlo, no para seguir cargando con su culpa y sus efectos.

Dese cuenta también de que si retrasamos el arrepentimiento, algunos pecados tienen consecuencias eternas; por ejemplo, recibir una recompensa menor. Aunque Dios borra completamente el pecado, la lección permanece.

También se utiliza una imagen alentadora en Isaías 44:22: “Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados…”. La Nueva Traducción Viviente traduce este versículo así: “He disipado tus pecados como una nube y tus ofensas como la niebla de la mañana…”.

Limpio

Isaías ofrece otra bella imagen que expande en lo que David describió en el Salmo 103:12. Isaías 1:18 dice: ”… si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana“.

David también oró para ser lavado de sus pecados y hecho “más blanco que la nieve” (Salmo 51:7). Dios puede cambiar el color de nuestros pecados, por así decirlo: de la grana o el carmesí a la blancura de la nieve y la lana.

Grana es el color de la sangre. Irónicamente, es esa sangre de color grana la que nos hace blancos como la lana. Físicamente, la sangre no es un agente limpiador o blanqueador; espiritualmente, la sangre de Jesucristo es exactamente así.

El apóstol Juan escribió que “la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7). En su visión registrada en Apocalipsis 7:14, vio una gran multitud que había “lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero”.

Escribió que Dios quiere “perdonarylimpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). Por lo tanto, Cristo es nuestro “abogado (…) para con el Padre” (1 Juan 2:1). Comentando este versículo, el Sr. Flurry escribe: “Qué maravilloso Padre tenemos, quien se sentará y hablará con nuestro Esposo sobre cómo remover nuestros pecados” (La última hora; énfasis añadido). Por supuesto que quieren perdonar, ya que el sacrificio de Cristo lo hizo legalmente posible (Hebreos 10:12), pero el objetivo final es eliminar el pecado.

“No podemos permitirnos el lujo de estar abatidos por nuestros pecados”, escribe el Sr. Flurry. “Cristo quiere que nos arrepintamos y pongamos esas transgresiones detrás de nosotros” (ibíd.).

La eliminación del pecado no es sólo el perdón o borrar la pena. También es el arrepentimiento, o apartarse del pecado.

Completo

La analogía de oriente y occidente de David se refiere a la distancia que Dios pondrá entre nosotros y el pecado. Simboliza la eliminación y la destrucción completa del pecado. Eso es lo que simbolizan los siete días de la Fiesta de los Panes Sin Levadura. “Dado que el siete es el número que Dios usa para denotar plenitud y perfección, los siete días de la fiesta nos recuerdan que Dios quiere que Su pueblo trabaje para quitar el pecado completamente de sus vidas” (Curso bíblico por correspondencia del Herbert W. Armstrong College, Lección 30).

Hablando del sacrificio de Cristo, Hebreos 10:14 dice: “Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados”. Así es como Dios nos perfecciona.

David escribió: “Las iniquidades prevalecen contra mí; en cuanto a nuestras transgresiones, tú [las purgarás; versión King James]” (Salmo 65:3). Él sabía que aunque el pecado podía vencerle, Dios podía purgar esos pecados. Necesitamos que Dios “[sepulte] nuestras iniquidades” (Miqueas 7:19). Eso significa poner bajo nuestros pies. El resto de este versículo dice que Dios “echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados”.

Esto recuerda la completa destrucción que Dios llevó a cabo sobre el ejército egipcio en el momento del éxodo de Israel. En ese séptimo día de los Panes sin Levadura, Israel cantó la liberación de Dios en el mar Rojo. Dios enterró “los carros del faraón y su ejército; Y sus capitanes escogidos (…) Los abismos los cubrieron; Descendieron a las profundidades como piedra. (…) [La tierra los tragó” (Éxodo 15:4-5, 12). ¡Esto es lo que Dios hará con el pecado!

¡Qué alentador! Todos necesitamos rendirnos a Dios mientras Él obra este proceso milagroso en nuestras vidas.

Perdón y olvido

El mero hecho de tener nuestros pecados perdonados —su pena pagada por la sangre derramada de Cristo— no significa que hayamos terminado. La Fiesta de los Panes sin Levadura simboliza “el cumplimiento de los Mandamientos, o en otras palabras, la expulsión del pecado”, escribió Herbert W. Armstrong (Las fiestas santas de Dios).

Todo esto conduce a un tiempo cercano en el que Dios perdonará y eliminará el pecado por completo. “En aquellos días y en aquel tiempo, dice [el Eterno], la maldad de Israel será buscada, y no aparecerá; y los pecados de Judá, y no se hallarán; porque perdonaré a los que yo hubiere dejado” (Jeremías 50:20).

Tan hermoso como es perdonar el pecado, ¡cuánto más lo es la visión del tiempo en que quien busque el pecado no podrá encontrarlo! Dios no sólo perdonará, sino que también borrará el recuerdo del pecado (Jeremías 31:34). Dios es un Dios que perdona y olvida. Pagó un precio magnífico para que la pena fuera eliminada; luego, trabaja con nosotros para eliminar esos pecados por completo.

Dios no sólo está deseoso de perdonar, sino que quiere eliminar nuestros pecados: borrarlos, pisotearlos, enterrarlos, ahogarlos en las profundidades y alejarlos tanto como sea posible, cuanto está lejos el oriente del occidente.