“Sostenemos que estas verdades son evidentes por sí mismas, que todos los hombres son creados iguales, que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables, que entre ellos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”. Thomas Jefferson escribió estas famosas palabras en la Declaración de Independencia de Estados Unidos.
¿Qué es la búsqueda de la felicidad? ¿Qué querían decir los fundadores de EE UU con eso?
“En la actualidad pensamos en la felicidad como la búsqueda del placer”, escribe el profesor de derecho Jeffrey Rosen. “Pero los pensadores clásicos y de la Ilustración definieron la felicidad como la búsqueda de virtud, como ser bueno, más que sentirse bien. Por esta razón, los fundadores creían que la búsqueda de la felicidad es unapráctica diaria, que requiere autodisciplina mental y espiritual, así como atención plena y gestión rigurosa del tiempo. En su esencia, los fundadores consideraban la búsqueda de la felicidad como una búsqueda permanente de la mejora del carácter…” (The Pursuit of Happiness: How Classical Writers on Virtue Inspired the Lives of the Founders and Defined America [La búsqueda de la felicidad: Cómo los escritores clásicos sobre la virtud inspiraron la vida de los fundadores y definieron Estados Unidos]; el énfasis es nuestro).
Es un principio bíblico. “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mateo 5:48). La palabra griega para perfecto describe algo que ha alcanzado su fin o propósito.
Usted está en una búsqueda permanente de la perfección. Su misión es alcanzar un carácter divino perfecto.Para eso fue creado: ¡para convertirse en un Ser Dios perfecto!
Muchos otros versículos declaran este mismo mensaje; por ejemplo, Mateo 19:21; Hebreos 6:1; 10:14; 1 Juan 2:5. Cuando deja de buscar este objetivo, se resigna a la infelicidad.
Rosen escribió que según la definición clásica, “la felicidad es siempre algo que hay que perseguir más que obtener, una búsqueda más que un destino”.
La vida cristiana es una búsqueda diligente de la felicidad. Es un modo de vida que produce felicidad.
Política nacional, moral privada
Los Padres Fundadores de EE UU no eran hombres conversos, pero trabajaron duro para establecer Estados Unidos de Norteamérica sobre principios bíblicos. El libro de Rosen no enfatiza esto lo suficiente.
George Washington dijo en su Primer Discurso Inaugural: “Los cimientos de nuestra política nacional se establecerán en los principios puros e inmutables de la moral privada…”. Nuestro primer presidente creía que ¡cómo vivimos importa! No se trataba de una cuestión periférica para Washington. ¡Fue la base de nuestra política nacional! Creía que no podíamos mantener la unidad nacional sin vivir de acuerdo con los principios morales bíblicos.
Al final de su juramento presidencial, Washington añadió reverentemente las palabras “que Dios me ayude”. Sin religión ni moralidad —sin Dios— Washington sabía que el experimento estadounidense fracasaría.
Benjamin Franklin, autoproclamado no practicante de la religión, era sin embargo muy religioso. En su autobiografía, enumeró 13 puntos a seguir para alcanzar la perfección moral, el último de los cuales fue “imitar a Jesús”. Thomas Jefferson tenía una lista similar de virtudes para vivir.
George Washington a menudo se refería a un conjunto de “Notas de Cortesía y Comportamiento Decente en Compañía y Conversación”, una larga lista de 110 virtudes más específicas que los Diez Mandamientos. Una de las pinturas más famosas de nuestro primer comandante en jefe lo muestra arrodillado en oración en Valley Forge.
Durante la Convención Constitucional, cuando los delegados llegaron a un punto muerto, fue Franklin, que no iba a la iglesia, quien sugirió que oraran para pedir la “asistencia del cielo”. Incluso Jefferson, no considerado muy religioso, exigió esto al pueblo estadounidense: “¿Pueden considerarse seguras las libertades de una nación cuando hemos eliminado su única base firme, la convicción en la mente del pueblo de que estas libertades son el don de Dios?”.
Muchos de los Padres Fundadores creían en Dios y en la Biblia pero no eran miembros de una denominación cristiana tradicional porque reconocían que las enseñanzas de las Iglesias no coincidían con la Biblia.
Para los fundadores, la adhesión a las normas bíblicas de religión y moralidad, tanto a nivel nacional como individual, era esencial para que Estados Unidos tuviera éxito. Nuestro segundo presidente, John Adams, escribió: “Los estadistas pueden planear y especular por la libertad, pero es la religión y la moralidad por sí solas las que pueden establecer los principios sobre los que la libertad puede sostenerse con seguridad”.
Nuestros Padres Fundadores crearon la Constitución para un pueblo con una moral fuerte. Jefferson y los demás fundadores sabían que la búsqueda de la felicidad sólo es posible si nos atenemos a los principios establecidos en la Biblia. Ignoramos su perspectiva por nuestra cuenta y riesgo.
El camino hacia la felicidad
Herbert W. Armstrong escribió en Las Buenas Noticias de octubre de 1954: “El conocimiento de cómo vivir debería ser el primer interés de toda persona”. Cristo vino para que pudiéramos tener una vida abundante (Juan 10:10). Es otra forma de decir: “para que pueda ser feliz”.
Generalmente será una persona feliz si usted sigue activamente el camino de Dios. De hecho, como escribe mi padre en El evangelio de Juan: el amor de Dios, el pueblo de Dios debería brillar de felicidad: “Creo que, en un modo general, nosotros pudiéramos determinar qué tanta calidad estelar tendremos en el futuro, viendo qué tanto nuestro rostro brilla hoy día con felicidad y gozo”.
Hay un camino hacia la felicidad. No es complicado: la Biblia revela claramente el camino. “¡Conducir nuestra vida en los caminos de Dios nos hace feliz!”, continúa mi padre. “Y nunca seremos felices de otra forma”.
Nunca será feliz si no vive a la forma de Dios. Muchas personas desean los beneficios del camino de vida de Dios, pero no quieren obedecer las leyes que producen esos beneficios. El hombre tiene una hostilidad intrínseca contra Dios (Romanos 8:7). ¿Está permitiendo que esa hostilidad acabe con el camino de la felicidad en su propia vida?
Dios puso en marcha Sus leyes para nuestro bien, para nuestra felicidad y gozo. La Biblia es el manual de instrucciones para la felicidad. La dimensión desconocida de la sexualidad dice: “Las leyes de Dios son Su regalo de amor para nosotros. Dios quiere que gocemos de las bendiciones que ellas hacen posibles”. ¡Lo que nos hace felices es hacer lo que Dios manda! Los mandamientos de Dios no son gravosos (1 Juan 5:3). La ley de Dios es el camino del amor, no un amor superficial y falso, sino un amor desinteresado y desbordante.
Dios no prohíbe las cosas que nos benefician. Sólo nos ordena evitar las cosas que nos traen miseria. Cuando Dios dice “No lo hagas”, es porque quiere que seamos felices y evitemos el dolor.
“Si sabéis estas cosas”, dijo Jesús, “[felices] seréis si las hiciereis” (Juan 13:17). Si hace lo que Cristo manda en la Biblia, será feliz.
La felicidad proviene de la sumisión al Padre. Realmente es así de sencillo. Usted tiene el poder de elegir qué tipo de vida tiene: una vida de miseria o una vida de alegría.
Examínese a sí mismo. ¿Es usted tan feliz como podría y debería ser? ¿Cuánto hace lo que sabe que debe hacer? El camino de Dios nunca le hará infeliz. ¡Dios es el ser más feliz del universo! El Padre y Cristo ya han obtenido la felicidad. Los demás estamos en una búsqueda, persiguiéndola.
¿Qué significa cuando nos falta la alegría o la felicidad? La mayor parte del tiempo no somos 100% felices porque no somos 100% obedientes a Dios.
¿Por qué se resiste el hombre al único camino que trae la felicidad? Las personas infelices pueblan el mundo actual porque están atadas al pecado. Isaías 3:9 dice que los pecados de Israel han afectado incluso a su rostro. Se miran miserables ¡porque viven de la manera que conduce a la miseria! Si no tenemos cuidado, la miseria que invade este mundo puede influir en nuestro pensamiento.
¿Por qué es tan miserable el diablo? Él no está buscando la felicidad. Él busca diligentemente el camino que conduce a la miseria. Quiere que usted sea tan miserable como él es. Todas las emisiones satánicas le empujan a buscar la felicidad por medios materiales, por la vía obtener, por la búsqueda de su propio placer en lugar de hacer lo que es correcto. Cuidado con dejar que Satanás guíe su pensamiento en esa dirección. Mi padre escribe en La epístola de Pedro: Una esperanza viviente: “Si nuestra mente está sólo en las cosas de este mundo, estaremos envueltos en depresión, estrés y desaliento”.
El diablo es miserable, pero sigue pensando que está en lo correcto. Naturalmente, bajo su dominio, cometemos el mismo error. Recuerde la verdad de Proverbios 14:12: “Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte”.
El fruto del Espíritu
Como nuestro Salvador y Sumo Sacerdote, Cristo quiere que sigamos Su ejemplo de sumisión y obediencia perfectas: que hagamos lo que Él hizo (Juan 13:15).
La temporada de Pascua nos recuerda que Jesucristo dio Su vida para que pudiéramos experimentar el verdadero gozo y felicidad de estar en la Familia de Dios. Mi padre escribe en Cómo ser un vencedor: “Yo creo que la mayor y principal causa de desánimo alrededor de este tiempo del año, y quizás a través de todo el año, es que la gente no está observando la pascua de la forma que debería hacerlo”. ¿No le debemos a nuestro Esposo el seguir sumisamente Su ejemplo y seguir el camino que conduce a la felicidad divina?
1 Pedro 2:21 dice: “Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas”. Cristo dio un ejemplo perfecto a Sus alumnos. Se sometió totalmente a la voluntad del Padre.
El Hijo de Dios pagó un precio tremendo para que pudiéramos recibir el Espíritu Santo, el anticipo de la vida eterna. Los 12 discípulos estaban limitados en muchos aspectos porque no tenían a Jesucristo viviendo en ellos a través del poder del Espíritu Santo.
Como alumno inconverso de Jesús, el discípulo Pedro se esforzó mucho. En un momento dado, ¡incluso caminó sobre el agua! (Mateo 14:29). Pero cuando apartó los ojos de Cristo, empezó a hundirse (versículo 30). Cuando se alejó de Cristo, Pedro cometió errores importantes. Pedro era una personalidad dinámica y franca, un líder natural, audaz, valiente, pero esas fortalezas estaban desatinadas cuando no eran canalizadas por el amor de Dios.
Los fracasos del antiguo Israel como nación también demuestran que el hombre necesita el Espíritu Santo de Dios en él, o la obediencia perfecta es imposible. La voluntad y el poder para producir cualquier fruto espiritual positivo provienen de Dios.
El amor de Dios habita en nosotros por el poder de Su Espíritu Santo (Romanos 5:5). El Espíritu de Dios es el mayor don del universo. Es la forma en que Jesucristo vive en nuestra carne. Nos equipa para vivir el camino que conduce a la felicidad y nos motiva para perseguir ese camino correcto.
El camino del dar
El verdadero amor es el principio del dar puesto en marcha. ¡El simple hecho de dar es una de las fuerzas del bien más poderosas del universo! Es la regla por la que Dios sustenta toda la creación.
La traducción de Moffatt de Hechos 20:35 dice: “… El dar es más feliz que el obtener”. El camino del dar es el camino feliz.
Mediante el simple hecho de dar, usted no sólo cumple la ley de amor de Dios, sino que también pone en marcha un principio de vida que bendice a todos los que se encuentran dentro de su esfera de influencia.
El mundo le dice que siga a su corazón y haga lo que le hace sentir bien. Pero muy a menudo, el amor verdadero va en contra de todos los deseos emocionales que pueda tener.
Dios repite esta verdad a lo largo de la Biblia. “Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir” (Lucas 6:38).
Cristo dijo a Sus discípulos: “Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido” (Juan 15:11). Si seguimos las enseñanzas de Cristo, podremos tener Su propio gozo.
El Sr. Armstrong dijo que fue cuando renunció a vivir la vida a su manera cuando por fin encontró la verdadera felicidad: “Finalmente, me entregue, ¡incondicionalmente! Le dije a Dios que podía tener mi vida, y si Él podía hacer algo de ella, ¡podía tenerla! ¡Yo sólo había fracasado! ¡Lo dije en serio!”.
“Para mí, significaba renunciar a todo aquello que había valorado como digno de vivir. (…) Quizás, entonces, nunca más esperé realmente disfrutar de la vida . (…) ¡Pero en realidad, fue precisamente cuando realmente la encontré!”.
“¡Ese fue el momento en que realmente comencé a disfrutar la vida! (…) Empecé a aprender que la felicidad no consistía en posesiones materiales. La felicidad está en la mente. Y de alguna manera, había encontrado la felicidad: ¡una felicidad real, plena, abundante y profunda! (…) Tener un papel en la propia Obra de Dios fue la mayor alegría que había conocido” (El Mundo de Mañana, junio de 1971).
Si entrega su vida a la Obra de Dios, lo ganará todo. Proverbios 11:24-25 dice en el Moffatt: “Uno da, y aun así se hace más rico; otro se queda con lo que debe dar, y es más pobre. Un alma liberal se enriquecerá, y el que riega será él mismo regado”. Hágase el objetivo constante y diario de practicar esta actitud divina: ¡la actitud del dar!
Busque el bien, no el mal
En el mundo actual, la búsqueda de la felicidad consiste en sentirse bien. La gente pasa mucho menos tiempo intentando ser buena. Pero esforzarse por ser bueno es el camino hacia la verdadera felicidad. Nuestra mejor defensa contra el mal es el bien (Romanos 12:21).
Pablo lo expone maravillosamente en Gálatas 5. El versículo 16 dice: “Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne”. El versículo 17 explica que nuestra naturaleza carnal y el Espíritu Santo son opuestos, antagónicos entre sí. Esta es la batalla que libramos cada minuto de cada día. Es una guerra: ¡el Espíritu contra la carne!
Dios dice que debemos pelear la buena batalla de la fe (1 Timoteo 6:12). ¡Esto es una pelea a muerte! ¡Usted está luchando contra un verdadero enemigo espiritual que quiere destruir su vida y su potencial!
Todo nuevo converso comprende esta presión constante para rendirse. Como verdaderos cristianos, debemos ejercitar nuestra voluntad para ponernos en forma espiritual y contraatacar. Si no se ejercita espiritualmente todos los días, se debilitará y con el tiempo sucumbirá a los ataques del diablo.
En el momento en que deje el arma y se rinda, podría experimentar un instante de tranquilidad, pero ¡considere el final! Cuando deja de buscar la felicidad viviendo a la manera de Dios, se rinde al enemigo. Rendirse al diablo es el camino hacia la muerte eterna.
En Gálatas 5:19-21 se detallan las influencias y los tirones de la carne contra los que debemos luchar. Resistir estos impulsos naturales es una tarea ardua. Resulta más fácil cuando nos centramos en desarrollar los frutos del Espíritu en nuestra vida (versículos 22-23).
El mundo tiene su propia marca de amor, alegría y paz. Pero estos no son los atributos de Dios; ¡son obras de la carne! Los verdaderos frutos cristianos proceden únicamente de Dios.
Entre esos frutos divinos está la templanza, o autocontrol. Esta es la clave del verdadero poder espiritual. La mayoría de las personas no pueden ser llenas del Espíritu de Dios porque no están dispuestas a ejercer autocontrol. Debe utilizar el poder de Dios para entrenar su voluntad (artículo, página 20).
“Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu” (versículos 24-25). Estos versículos describen un proceso de arrepentimiento diario, una batalla diaria para dejar que Cristo viva en nosotros (Gálatas 2:20).
Estos versículos le dan una idea verdadera del desafío que implica “la búsqueda de la felicidad”. Es un reto noble y estimulante, y el éxito conduce realmente a la felicidad genuina.
Llamados a la virtud
2 Pedro 1:3 dice que Dios “nos llamó por su gloria y excelencia”. La palabra griega traducida excelencia [virtud, en la versión King James en inglés] significa ser puro, alcanzar la excelencia moral. ¡Perseguir ese tipo de virtud es la búsqueda de la felicidad!
“Por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia” (versículo 4). Entonces, muchas de las personas que andan persiguiendo la “felicidad” en realidad se están esclavizando a la corrupción. Dios quiere liberarnos y capacitarnos para participar de Su naturaleza divina.
A continuación, Pedro enumera las cualidades que debemos buscar con diligencia: “vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraterna, amor” (versículos 5-7).
Esa virtud, esa excelencia moral, ¡está casi al principio de la lista! Añadimos eso al caminar en las huellas de Cristo y persiguiendo la búsqueda de la felicidad.
Las cualidades que Pedro enumera aquí harán de usted un cristiano activo y fructífero. “Porque si estas cosas están en vosotros y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo” (versículo 8).
Dios quiere que “llevéis mucho fruto” (Juan 15:8). No quiere que ninguno de nosotros sea infructuoso o infeliz.
Alcanzar ese fin requiere “toda diligencia”. La búsqueda de la felicidad divina significa aplicar el conocimiento espiritual que Dios nos da. No puede simplemente estar de acuerdo con la verdad y disfrutar de sus beneficios.
Mi padre escribe en La última hora: “¡Si le falta ese gozo, permanezca en sus rodillas hasta que lo consiga! (…) El gozo pleno viene de la comunión con el Padre y el Hijo”.
Busque la felicidad. Búsquela con todo su ser. Esa búsqueda es su propósito final. Dedicarse a esta búsqueda le traerá la felicidad en esta vida y le asegurará su destino final de brindar felicidad al mundo entero.