Liberando a los esclavos
La historia de la ofensiva británica contra el comercio de esclavos nos ofrece lecciones para nuestra lucha espiritual por la libertad, tanto para nosotros mismos como para el mundo.

En la historia naval, el HMS Black Joke [Broma Negra] fue quizás uno de los buques más inusuales pero acertadamente nombrado. El 31 de enero de 1829, el Black Joke comenzó a perseguir al barco español El Almirante. El Black Joke llevaba 47 hombres y dos cañones; El Almirante tenía 550 hombres y 14 cañones. Realmente parecía una especie de “broma negra”.

Pero los hombres a bordo del barco británico se lo tomaban muy en serio. Cuatrocientos sesenta y seis de los que estaban a bordo de El Almirante eran esclavos. Puede que los marineros del Black Joke estuvieran tremendamente superados en armas y en número (2 a 1), pero era su deber detener el barco y liberar a los esclavos.

Cuando se enteró de que Black Joke lo estaba persiguiendo, el capitán del El Almirante se rio. No buscaba pelea, pero ante un enemigo tan pequeño, tampoco la temía. Así que continuó cargando esclavos.

Mientras tanto, los británicos esperaban atraparlo en aguas internacionales. Y el 31 de enero, Black Joke por fin avistó la presa que llevaba meses tratando de localizar.

En ese momento crucial, el viento desapareció. Black Joke tardó nueve horas remando intensamente para alcanzar a El Almirante. Tan pronto como lo hizo, el barco más grande inmediatamente abrió fuego.

Con la noche acercándose, la tripulación del Black Joke volvió a los remos. Sin viento, el barco más pequeño sería un objetivo fácil para los grandes cañones de El Almirante. Así que se mantuvieron fuera de su alcance, sin dejar que el barco se les escapara durante la noche.

A la tarde siguiente, el viento aumentó, lo que le permitió al Black Joke aprovechar su maniobrabilidad y precisión superiores. Tras horas corriendo el riesgo de ser aniquilados, el Black Joke pudo por fin pasar a la ofensiva.

Durante 20 minutos, el Black Joke disparó repetidamente sobre la cubierta de popa de El Almirante. Por fin, el barco se rindió. Cuando lo hizo, su capitán y todos los oficiales excepto el tercer oficial estaban muertos.

Lamentablemente, 11 esclavos también murieron durante la batalla. Otros murieron en las condiciones de hacinamiento mientras el barco regresaba a puerto. Pero 416 fueron liberados.

Este fue sólo uno de los muchos combates dramáticos que tuvieron lugar en una de las luchas por la libertad más nobles y más ignoradas de la historia. Desde 1808 hasta 1860, el Escuadrón de África Occidental de la Marina Real luchó para cerrar el comercio transatlántico de esclavos.

“… Creo que, de alguna manera, el gran Imperio británico nos proporciona una buena visión de lo que está a punto de ocurrir en la Tierra!”, escribió Gerald Flurry en la edición de enero-febrero de 2015 de la Visión Real [disponible en inglés]. En el número de noviembre-diciembre de 2021, él señaló cómo Gran Bretaña trabajó para “regenerar África” y acabar con el comercio de esclavos.

Un imperio que lucha por acabar con la esclavitud es una imagen poderosa para los cristianos de hoy.

El pecado esclaviza

El pecado esclaviza y Dios da libertad. Ese es un tema que se encuentra a lo largo de la Biblia.

El Apóstol Pedro lo expresa claramente en 2 Pedro 2:19: allí advierte sobre hombres malvados que “prometen libertad, y son ellos mismos esclavos de corrupción. Porque el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció”. En cambio, Dios quiere que vivamos la forma de vida descrita en Su “perfecta ley, la de la libertad” (Santiago 1:25).

Esta lección está integrada en el plan de días santos de Dios. Los días santos de primavera giran en torno a la esclavitud de Israel en Egipto. La Pascua nos recuerda el precio que Dios pagó por nuestra libertad. La noche siguiente, la Noche de Guardar, Dios nos hace celebrar nuestra libertad. Durante los siete días de los Panes sin Levadura, recordamos el viaje de Israel fuera de Egipto.

Durante los días santos de otoño, Dios regresa a este tema. Físicamente, el Día de Expiación es lo contrario de la Noche de Guardar: en lugar de una fiesta de celebración, no comemos ni bebemos nada. Sin embargo, también en ese día, Dios quiere que conmemoremos la liberación de la esclavitud.

El primer juicio que Dios le dio a Moisés en Éxodo 21, justo después de darle los Diez Mandamientos, regulaba la práctica de la esclavitud. Nunca más se toleraría la esclavitud que los israelitas experimentaron en Egipto. Seguía existiendo como una red de seguridad para quienes habían caído en la bancarrota. Pero a diferencia de cualquier otro lugar en el antiguo mundo, estaba regulada por ley: los amos no tenían poder ilimitado sobre sus esclavos. En la mayoría de los casos, los esclavos eran liberados después de un máximo de seis años de trabajo. Incluso si no, todos los esclavos eran liberados cada 50 años, en el año del Jubileo cuando las deudas eran canceladas y la tierra era devuelta a sus propietarios originales.

Dios hizo que sonara la trompeta del jubileo no en el primer día del año sagrado, ni en el primero de los días santos de otoño, la Fiesta de las Trompetas, sino en el Día de Expiación (Levítico 25:9). Estaba “conectando así este día santo con una liberación de la esclavitud”, dice el Curso bíblico por correspondencia del Herbert W. Armstrong College. “Esto tipifica la futura liberación del hombre de la esclavitud espiritual por la Expiación de todas las deudas y pecados espirituales, de las tentaciones y engaños de Satanás y sus demonios, y de la restauración a cada nación de su propia tierra ordenada por Dios…” (Lección 33).

Expiación nos recuerda que todo el mundo está en cautiverio y esclavizado. Este día, Dios nos recuerda lo que debe hacerse para que nuestros pecados sean perdonados, para que obtengamos nuestra libertad; para que seamos uno con Dios.

Luchadores por la libertad

Como dice el refrán, la libertad no es gratis. O como lo expresó Thomas Jefferson: “No debemos esperar pasar del despotismo a la libertad en un lecho de plumas”. Se debe luchar por ella.

Los hombres del Escuadrón de África Occidental asumieron riesgos personales increíbles para luchar por la libertad. De hecho, era el puesto más peligroso que podía recibir un marinero.

Uno de los mayores riesgos era la enfermedad. Durante la mayor parte de este período, los europeos en África podían esperar morir en cuestión de meses. Los sobrevivientes eran la excepción. Incluso navegar cerca de la costa al alcance de los mosquitos portadores de la malaria podría ser mortal. Con cientos de hombres hacinados en espacios reducidos, los barcos de esclavos se convirtieron en barcos de la peste, y muchos marineros británicos se enfermaron y murieron mientras pilotaban los barcos hacia la libertad.

Los combates eran de cerca y personales. Por lo general, la Marina británica bombardeaba el casco del barco enemigo hasta que este se hundía o se rendía. Pero si disparaban bolas de cañón en los cascos de barcos llenos de esclavos, las bajas serían horrendas. En vez de eso, su objetivo era frenar los barcos de esclavos disparando contra sus aparejos y cubiertas, para luego abordarlos y entablar brutales combates cuerpo a cuerpo.

La Marina Real dice que 17.000 de sus marineros murieron luchando contra el comercio de esclavos. Más de 150.000 esclavos fueron liberados. Eso supone la pérdida de un marinero por cada nueve esclavos. Por supuesto, eso sin contar el número de esclavos que nunca fueron capturados o embarcados gracias a los esfuerzos de la Marina Real. Aun así, fue un precio alto por la libertad.

El costo monetario también fue enorme. Durante las décadas de 1840 y 1850, las patrullas contra la esclavitud consumían entre el 1 y el 2% del gasto público. Los capitanes navales también asumieron un gran riesgo financiero. Cuando capturaban un barco de esclavos, la tripulación arrestada era juzgada en un tribunal internacional, cuyos jueces solían ser hostiles a los esfuerzos antiesclavistas de Gran Bretaña. Si la corte decidía que había pruebas insuficientes para condenar a la tripulación, entonces el capitán —no el gobierno británico— era responsable personalmente por los daños.

¿Entonces, por qué hacerlo? Muchos de estos hombres sentían un odio personal y visceral hacia la esclavitud. Joseph Denman fue uno de los líderes más exitosos del Escuadrón de África Occidental. Al igual que muchos otros miembros del escuadrón, había sido testigo directo de los horrores de la esclavitud. Cuando un barco de esclavos era capturado en medio del Atlántico, los esclavos no podían ser liberados inmediatamente. Se les proporcionaba comida y agua, si había disponibilidad, pero seguían amontonados en un barco mientras navegaban hacia la libertad. Denman tuvo que navegar en uno de esos barcos liberados: setenta y ocho de los 400 esclavos murieron antes de llegar a puerto. Denman dijo que había “presenciado los sufrimientos más terribles que los seres humanos pueden soportar”.

Otros tuvieron experiencias similares. James Bowly dijo que los esclavos liberados que vio “se encontraban en las condiciones más espantosas en las que puede estar un ser humano. (…) Nunca hubiera creído que algo pudiera ser tan horrible”. Cmdre. John Hayes dijo que había visto esclavos en condiciones “demasiado horribles y repugnantes para ser descritas”. Sir George Collier, el primer comodoro del escuadrón, dijo: “El comercio de esclavos es más horrible de lo que pueden creer aquellos que no han tenido la desgracia de presenciarlo. De hecho, ninguna descripción que pudiera dar transmitiría una imagen verdadera de su bajeza y atrocidad”.

Esclavitud engañosa

Esa esclavitud es repulsiva. Nadie se presentaría como voluntario para ella. Sin embargo, el pecado es una forma engañosa de esclavitud (Hebreos 3:13). Puede parecer atractivo. Sin embargo, a menudo, cuando alguien reconoce el peligro debajo de la superficie, ya es demasiado tarde: están adictos y no pueden escapar de su cautiverio.

Esta lección también se incorpora en el Día de Expiación. El antiguo Israel tuvo que apartar dos cabras, una “por el Eterno y otra (…) por Azazel” (Levítico 16:8). Como explica nuestro curso bíblico, Azazel es otro nombre para Satanás. ¿Acaso Dios hizo que los israelitas eligieran la cabra más perfecta y sin defectos para representar a Cristo, y la más fea, deforme y repugnante para representar al diablo? No, Dios no dejó que el hombre eligiera en lo absoluto. El destino de las cabras se decidía por medio de suertes. “Aunque los dos machos cabríos parecían iguales, uno tenía que tipificar a Cristo. Los hombres no tenían en absoluto la capacidad de determinar qué macho cabrío era el adecuado. Así que era necesario que Dios lo decidiera” (ibíd.).

¡Es una imagen poderosa! Podría tener al archisecuestrador justo delante de usted y, a su lado, al Todopoderoso Libertador, ¡y ser completamente incapaz de distinguir entre ambos! Uno conduce a la esclavitud y la miseria; el otro a la libertad. Y nosotros necesitamos que Dios nos revele cuál es cuál.

El pecado es tan engañoso que a veces podemos reconocer claramente el sufrimiento de los demás en cautiverio, pero seguimos sin darnos cuenta de los pecados que nos mantienen cautivos a nosotros mismos.

Sin embargo, una vez que nuestros ojos han sido abiertos, el sufrimiento del pecado debería quedar claro. “Ríos de agua descendieron de mis ojos, porque no guardaban tu ley”, escribió el profeta Jeremías. “Horror se apoderó de mí a causa de los inicuos que dejan tu ley” (Salmo 119:136, 53). Ese lenguaje es similar al que usaron aquellos oficiales británicos indignados. Pablo dijo que tenía gran tristeza y continuo dolor en su corazón debido al cautiverio espiritual de su pueblo (Romanos 9:2). Estos hombres de Dios fueron se conmovieron por el sufrimiento causado por el cautiverio del pecado.

Hoy, demasiadas personas son indiferentes a ese sufrimiento. Aquellos a quienes no les molesta están esclavizados. Cuanto más libres seamos del pecado, más nos horrorizará. En Ezequiel 9:4, aquellos que son leales a Dios se destacan por una característica: “… gimen y (…) claman a causa de todas las abominaciones” hechas en Israel. La Nueva Traducción Viviente dice que “[lloran] y [suspiran] por los pecados detestables que se cometen en la ciudad”. Ven a sus naciones, e incluso a la Iglesia de Dios, esclavizadas por el pecado, y se sienten impulsados a actuar.

Jesucristo “tuvo compasión” por las masas esclavizadas que lo rodeaban (Mateo 9:36; 14:14; Marcos 1:41). Los judíos de su tiempo pensaban que eran libres. Sin embargo, Cristo les dijo “de cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado” (Juan 8:33-34).

Debido a su horror por la esclavitud, los hombres del Escuadrón de África Occidental actuaron rápidamente contra ella. Gran Bretaña tenía el derecho legal de vigilar la esclavitud en alta mar, pero la ley internacional les prohibía perseguir a los traficantes de esclavos dentro de África. En 1840, Denman intentaba poner fin al comercio de esclavos que proliferaba en la desembocadura del río Gallinas, en la actual Sierra Leona. Bloqueó la costa, pero los traficantes de esclavos simplemente llenaron las bodegas con cautivos para esperar a que la Armada se retirara.

Entonces los habitantes locales cometieron un error: capturaron a una mujer y a su bebé, que eran ciudadanos británicos. Denman estaba buscando cualquier excusa legal para pasar a la ofensiva. Esto le proporcionó una. La isla más grande en medio del río había sido fortificada como un cuartel para esclavos, con barcos y torres de vigilancia. Denman llevó sus tres barcos al río, quemó las bodegas y liberó a 900 esclavos. El rey local se vio obligado a firmar un tratado que prometía nunca permitir el comercio de esclavos en su territorio.

Reconocer el pecado como esclavitud lo impulsará a tomar medidas en su contra y a buscar oportunidades para pasar a la ofensiva. Si lo ve como algo prohibido pero emocionante, no lo horrorizará y no actuará tan rápidamente.

Cristo hizo el sacrificio supremo para liberar al mundo del pecado. Debemos seguir Su ejemplo, estar motivados para hacer sacrificios, incluso para entregar nuestras vidas, para liberar a otros de la esclavitud del pecado. Esa es la razón por la que fuimos llamados (1 Pedro 2:21; Romanos 12:1).

Liberación total

Durante la guerra de Gran Bretaña contra la esclavitud, se traficó la asombrosa cifra de 12,5 millones de seres humanos. Los 150.000 que fueron liberados por la Marina Real fueron los pocos afortunados. Lamentablemente, la guerra de Gran Bretaña contra la esclavitud tenía mucho en común con la guerra moderna contra las drogas: las medidas represivas siempre son difíciles mientras exista una gran demanda. Pero si Gran Bretaña hubiera abandonado su esfuerzo por combatirla, la esclavitud probablemente hubiera crecido de la misma forma que lo ha hecho el consumo de drogas hoy en día debido a que las autoridades han abandonado la lucha.

Eliminar la demanda de esclavos requería estrategias como la de Denman. A lo largo de los siglos del comercio de esclavos, Brasil fue, y por mucho, el destino principal, importando 3,2 millones de esclavos. En 1850, Gran Bretaña se hartó. Bajo el fuego de los fuertes brasileños, la Marina Real navegó por el río Brasil hasta sus puertos y abordó sus barcos de esclavos. Brasil se vio obligado a renunciar al comercio de esclavos a punta de cañón.

Eso dejó a Estados Unidos como el último gran mercado atlántico. Aunque EE UU había prohibido el comercio de esclavos en el Atlántico en 1807, se siguieron importando esclavos, principalmente a través de Cuba. Una vez que estalló la Guerra Civil y la armada del Norte bloqueó la costa sur, ese comercio también se terminó. El trabajo del Escuadrón de África Occidental había terminado. La atención de Gran Bretaña se trasladó a África Oriental y al cierre del comercio de esclavos árabes.

Hoy en día, también estamos liberando sólo a un pequeño porcentaje de los esclavizados. Esto no se debe simplemente a recursos limitados, sino al plan de Dios. Dios quiere liberar al mundo entero. Pero para hacerlo, los hombres deben elegir ser libres, Él no los forzará. La humanidad eligió el camino de Satanás, y Dios les ha dado tiempo para que vayan por el camino del secuestrador y ver adónde les lleva. Entonces Él intervendrá y liberará a la humanidad de Satanás el diablo. Entonces permitirá que el hombre recuerde el horror de su cautiverio y le dará la oportunidad de elegir la libertad.

Sin embargo, por ahora Dios sólo está liberando a un pequeño número de personas para que le ayuden en Su Obra actual, en preparación para liberar al mundo entero más adelante.

Usted está siendo liberado con el propósito de liberar a otros.

En el esfuerzo británico contra la esclavitud, 17.000 personas dieron su vida para que 150.000 pudieran ser liberadas físicamente. ¿Cuánto sacrificaría usted para ayudar a otros a alcanzar la libertad eterna?

Los hombres de la Escuadra de África Occidental vieron claramente la dramática diferencia que sus sacrificios podían representar para miles de personas. Deberíamos ser capaces de ver esto espiritualmente. Judas nos dice que podemos ayudar a liberar a algunos, “haciendo una diferencia” (Judas 22-23; versión King James). Jesucristo hizo el sacrificio supremo necesario para liberar a todos del pecado. Pero nuestros sacrificios también hacen la diferencia. Esa es una promesa de Dios.

“Su devoción y sacrificio —no sólo financieros, sino, lo más importante, sus oraciones y obediencia— hacen una enorme diferencia”, escribió el Sr. Flurry en una carta a los miembros y colaboradores de la Iglesia. “¡Usted realmente puede hacer la diferencia en esta Iglesia y en esta Obra! Y Dios promete que cuanto mayor sea la diferencia que usted hace, mayor será su recompensa” (27 de marzo de 2023).

Hoy en día, alrededor de 50 millones de personas están esclavizadas, una cifra mucho mayor que la del siglo xix. La sociedad moderna, a pesar de toda su palabrería de “progreso”, es indiferente a la esclavitud. Gran Bretaña y EE UU nunca lucharían por liberar esclavos en Corea del Norte, China o en otro lugar.

La historia del escuadrón de África Occidental de Gran Bretaña ha sido deliberadamente borrada. No se enseña en las escuelas británicas. Cuando individuos privados recaudaron fondos para construir un monumento a los marineros que murieron, la ciudad de Portsmouth les impidió colocarlo.

Pero la pasión de esos marineros por la libertad deja en vergüenza a muchos en el mundo actual, supuestamente más humanitario.

¿Y qué de usted? ¿Cómo se compara su motivación con la de esos marineros ingleses? Debemos permitir que Cristo nos guíe cada vez más lejos de la esclavitud, para que podamos hacer una diferencia y salvar a otros.