Beba de las aguas vivas de Dios
En el Milenio, las aguas físicas y espirituales serán abundantes. Aproveche su acceso al agua viva todos los días.

Este planeta está a punto de ser transformado por medio de la abundancia de agua pura. Los desiertos florecerán; la tierra más desolada se volverá fértil, productiva y habitable (Isaías 35:1, 6-7). La belleza de la tierra y la escala de esta transformación son difíciles de comprender para nosotros.

Un aspecto importante de estas aguas es el simbolismo profundo que tienen para toda la humanidad. El efecto transformador y vivificante del agua física apunta a algo aún más milagroso, que es la transformación que se producirá en las personas y en la sociedad cuando se les enseñe los caminos de Dios, se arrepientan y comiencen a beber del Espíritu Santo de Dios, el agua viva real (Juan 7:37-39).

El poder del Espíritu Santo de Dios permitirá a todas las personas que elijan el camino de Dios vencer el pecado, crecer en el carácter justo de Dios y, finalmente, nacer en la Familia Dios como seres divinos perfectos.

A medida que las personas comiencen a obedecer la ley de Dios y a poner el Espíritu Santo de Dios a trabajar en sus vidas, ellas y sus familias, comunidades, ciudades y naciones se volverán felices, alegres, pacíficas y unidas.

Apocalipsis 22:17 pinta un asombroso cuadro profético: “Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente”. Esto se refiere a un tiempo en un futuro lejano, después de 1.100 años en los que Dios ofrece libremente la salvación. Y note: se refiere a “la esposa” específicamente, ¡hablando de la Esposa de Jesucristo! Dirigiremos a las personas hacia esas aguas espirituales.

Durante los días santos de otoño, al pueblo de Dios se le recuerda nuestro papel en este proceso de llevar a toda la humanidad a una relación con Dios. Dios enfatiza la importancia del agua viva y su poder para inspirarnos respecto a las siguientes etapas de Su plan maestro después del regreso de Cristo. Esto también nos recuerda del poder transformador de Su Espíritu Santo y nuestra necesidad de tener un flujo abundante de ese Espíritu en nuestras vidas hoy.

El flujo del Espíritu de Dios

Hoy es nuestro tiempo de transformación. Debemos estar bebiendo del Espíritu Santo de Dios y poniéndolo a trabajar a nivel individual y en nuestros matrimonios y familias, esforzándonos para convertirnos en una “nueva criatura”, transformados en nuestra mente (2 Corintios 5:17; Romanos 12:2). Cada día necesitamos un suministro abundante del Espíritu Santo de Dios para que podamos vencer y purificar nuestras vidas, para que Dios pueda construir Su carácter justo en nosotros y podamos crecer y prosperar.

Herbert W. Armstrong explicó que el Espíritu Santo fluye. Algunos días lo tenemos en abundancia; pero si descuidamos asegurar nuestro suministro diario, éste se agota como un estanque de agua que se seca si no se repone. “… Jesús dijo que este poder de Dios fluirá ¡desde lo más profundo de nuestro ser! (Juan 7:38)”, escribió el Sr. Armstrong. “Este poder de Dios es activo, ¡dinámico! No es estático. Uno no puede recibir una provisión del Espíritu de Dios y luego embotellarlo dentro de sí. ¡Este poder que procede de Dios entra en usted diariamente!Circula de Dios a usted y luego sale de usted en amor, en fe, en alegría, en paciencia; incluso en la realización de milagros. ¡Podría ser que ayer usted estuviera imbuido de este poder y hoy esté desprovisto de él!” (Las Buenas Noticias, febrero de 1983).

El Sr. Armstrong explicó entonces cómo debemos regresar a Dios como la Fuente de ese poder y pedir más. El apóstol Pablo explicó lo mismo en 2 Corintios 4:16: nosotros renovamos el hombre interior cada día. ¿Le estamos dando suficiente importancia a esta advertencia? ¿Estamos orando a Dios diariamente con suficiente energía y fervor para ser imbuidos de Su Espíritu Santo? Normalmente no pensaríamos en pasar un día sin beber agua. ¿Pensamos de la misma forma a la hora de asegurar nuestro suministro diario del Espíritu Santo de Dios de rodillas en oración?

Un suministro diario de agua

En abril de 2010, National Geographic publicó un artículo inspirador y estimulante titulado “La carga de la sed”. Realmente hizo que me detuviera a pensar. Este ilustra el esfuerzo que deberíamos poner en nuestras oraciones diarias para asegurar nuestro suministro del Espíritu.

El artículo contaba la historia de una mujer de 25 años llamada Aylito, que vivía en una zona montañosa de Etiopía en un pueblo llamado Foro. El pueblo se había construido en lo alto de las montañas para evitar la malaria. Su única fuente de agua era el río Toiro, abajo, muy lejos del pueblo. Desde que tenía 8 años, Aylito había realizado tres veces al día el difícil trayecto por las laderas de la montaña para recoger agua del río.

El viaje hasta el río tardaba 50 minutos. El camino era difícil de transitar, con pendientes rocosas empinadas y peñas. Aylito se levantaba extremadamente temprano todos los días para hacer el primer viaje, saliendo antes del amanecer para evitar colas en la orilla del río. Ella llenaba dos recipientes grandes con 38 litros de agua, cada uno con un peso superior a 36 kilos. Los llevaba sobre los hombros con una cuerda gruesa que unía los dos recipientes. Tenía que subir con cuidado por el empinado y difícil camino de vuelta al pueblo cargando esa agua vital.

A su regreso al pueblo, el agua se utilizaba para cocinar, para proporcionar líquidos a su familia y para regar el pequeño cultivo de mandioca y frijoles que ella y su esposo cultivaban.

Era un trabajo increíblemente duro, recorriendo descalza caminos rocosos, y cada viaje redondo tardaba hasta tres horas. Pero este esfuerzo le proporcionó vida a ella y a su familia. Sin agua, ella, su familia y sus cultivos habrían muerto. Así que esta caminata diaria era un trabajo esencial, absolutamente necesario para la supervivencia; era una cuestión de vida o muerte.

Nuestras oraciones diarias

Reflexione sobre el esfuerzo físico que Aylito realizó para obtener el agua que da vida: compare su ardua dedicación con el esfuerzo que necesitamos invertir en nuestras oraciones, renovando al hombre interior y asegurando nuestro suministro diario del Espíritu Santo de Dios, que da vida.

La mayoría de nosotros podemos orar y reponer nuestro suministro del Espíritu de Dios en la comodidad de nuestros propios hogares. Aun así, a veces batallamos para dedicar tiempo a esta valiosa tarea y abordarla con la energía y el celo que deberíamos. No tenemos que recorrer caminos peligrosos cargando con grandes pesos. Sin embargo, al pasar por el proceso de la oración, Dios nos da algo mucho más valioso que el agua física: nos da Su Espíritu, que nos permite construir un carácter justo que supera el valor y la belleza de cualquier cosa del mundo físico. Dios nos da el poder para luchar, para resistir, para vencer y para obtener victorias.

Si Aylito y las demás mujeres de su aldea se levantan todos los días antes del amanecer y hacen grandes esfuerzos para obtener agua física, la cual tiene un impacto temporal, cuánto más deberíamos nosotros estar dispuestos, todos los días, a ponernos de rodillas a primera hora de la mañana y buscar enérgicamente a Dios y nuestro reabastecimiento diario de Su Espíritu Santo.

En la Fiesta de los Tabernáculos, se nos recuerda que somos simples tabernáculos. La única forma de tener un futuro eterno es poner el Espíritu de Dios a trabajar en nuestras vidas ahora. Nuestra oración diaria juega un papel esencial en asegurar nuestro suministro de ese Espíritu. Tenemos que trabajar en eso.

“Se requiere un verdadero esfuerzo para que esas aguas vivas fluyan en nuestras vidas!”, escribió el Sr. Flurry. “Si no hacemos ese esfuerzo, no fluirá” (Royal Vision, mayo-junio de 2012). Él describió el arduo trabajo requerido para construir el túnel de Ezequías para llevar agua a la ciudad de Jerusalén (2 Crónicas 32), y usó eso como una imagen de cuánto debemos trabajar para obtener el agua espiritual. “Si vamos a llegar a esa agua de manantial, tenemos que cavar… a veces a través de roca sólida. Tenemos algunas pruebas difíciles, pero ¡debemos conseguir el agua! Debemos abrirnos paso y beber de ese Espíritu de Dios. ¡No deje de cavar hasta que encuentre el agua como lo hizo Ezequías! 2 Crónicas 32 destaca cómo Isaías y Ezequías se arrodillaron y oraron a Dios por la victoria. Ambos hicieron todo lo que podían, pero también pidieron la ayuda de Dios” (ibíd.).

Los días santos ilustran vívidamente cómo Dios traerá a la humanidad arrepentida a Su Familia. El simbolismo del agua señala la abundante disponibilidad y el poder transformador del Espíritu Santo de Dios. Estos días santos deberían inspirarnos a intensificar nuestros esfuerzos para asegurar nuestro suministro diario del Espíritu de Dios que da vida. Tenemos que tener sed del Espíritu de Dios cada día e ir en pos de esa agua viva en nuestras oraciones, esforzándonos como si nuestra vida dependiera de ello, ¡porque ciertamente así es!