Un mensaje urgente de Pentecostés en las Epístolas de Juan
¡El apóstol Juan escribió algunos de los versículos más correctivos, y a la vez inspiradores, de toda la Biblia!


La Iglesia de Dios del primer siglo recibió el Espíritu Santo en el día santo anual de Pentecostés. En tiempos del Antiguo Testamento, los israelitas recibieron la ley de Dios en este mismo día. El apóstol Pablo dijo que la ley es espiritual, por lo que necesitamos el Espíritu Santo para entenderla.

En sus epístolas, el apóstol Juan habló repetidamente del Espíritu Santo y de la ley. La verdad de Dios está edificada sobre esa ley fundacional. Podemos aprender mucho de estas epístolas sobre cómo construir y crecer espiritualmente.

Pablo dijo que no somos de la carne si somos guiados por el Espíritu de Dios. Pero ¿cuánto sabemos del Espíritu Santo en nosotros? Nuestras vidas eternas dependen de este entendimiento. Debemos saber que estamos cambiando como Dios espera.

¿Por qué la idf entrega un mensaje al mundo y qué tiene que ver eso con el día de Pentecostés? Dios nos manda advertir. Dios le instruye a cada era de la Iglesia a que “oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” (Apocalipsis 2-3).

El Espíritu le dice al pueblo de Dios qué hacer acerca del sufrimiento en Siria y Puerto Rico y muchos otros lugares, incluyendo Estados Unidos. El sufrimiento se está multiplicando rápidamente en este mundo malvado. ¿Son los que mueren en un atentado terrorista o en un huracán más pecadores que los demás, o nos está advirtiendo Dios al resto de nosotros que nos arrepintamos para evitar un destino similar? (Lucas 13:1-5).

¿Por qué nuestros líderes no pueden ver que estamos en el precipicio del desastre total? Estos males deberían sacudir a los laodicenos ya que cada palabra que profetizó Herbert W. Armstrong se está haciendo realidad.

Las epístolas de Juan hablan de la mayor crisis que haya vivido la Iglesia de Dios alguna vez. Lo que él vivió en el primer siglo es un tipo de lo que estamos viviendo hoy.

Guardar los mandamientos

“Hijos, es la última hora; y como habéis oído que viene el anticristo, así ahora han venido muchos anticristos; por eso sabemos que es la última hora”. (1 Juan 2:18, traducción nuestra de la versión Revised Standard).

Satanás ha sido arrojado. Su primer objetivo de ataque es la Iglesia de Dios.

Este “anticristo” es un hombre dentro de la Iglesia de Dios ¡que realmente tiene el descaro de luchar contra Cristo! El Espíritu debe revelar dónde y cuándo ocurrió esto. El pueblo de Dios debe conocer las identidades específicas de ciertos individuos mencionados en la Biblia, ya sean heroicos o diabólicos.

Este versículo describe una gran crisis espiritual en la última hora. Satanás secuestró a la Iglesia de Dios en esta era laodicena. Hizo que el 95% del pueblo de Dios se rebelara. Ahora se enfoca en los que han permanecido fieles. ¿Qué nos hará a nosotros si no permanecemos alerta?

Además del anticristo específico dentro de la Iglesia de Dios, hay muchos más anticristos en esta era. Se resisten y se oponen a los muy elegidos. Echan por tierra la verdad de Dios. La Prometida de Jesucristo es leal, ¡pero eso no impide que estos hombres inspirados por Satanás ataquen con toda su fuerza! Solo la idf tiene el poder para vencer al diablo en el tiempo del fin.

El anticristo es llamado el “inicuo” en 2 Tesalonicenses 2:3 (traducción Moffatt). En los días de Juan, el pueblo de Dios se apartó en cantidades asombrosas.

Juan intentó que los hermanos se concentraran en el crecimiento. Ese es un mensaje de Pentecostés. ¿Cuánto ha crecido usted desde el último Pentecostés? Todos estamos aquí para crecer.

“Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo. Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos” (1 Juan 2:1-3).

¡Ni siquiera conocemos a Dios si no guardamos sus mandamientos! Si Dios se vuelve borroso en nuestra mente, y no lo conocemos realmente, entonces algo anda mal con nuestra observancia de los mandamientos.

“El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él” (versículo 4). ¿Cuántas personas dicen conocer a Dios? Si no Le obedecen, entonces Dios les llama mentirosos. Esa es una palabra fuerte.

“El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo” (versículo 6). Si Cristo realmente vive en nosotros a través del Espíritu Santo, entonces debemos vivir como Él lo hizo mientras caminaba por la Tierra como un ser humano físico.

“Hermanos, no os escribo mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que habéis tenido desde el principio; este mandamiento antiguo es la palabra que habéis oído desde el principio” (versículo 7). ¡El Sr. Armstrong nos lo enseñó durante cinco décadas! Esta verdad no debería ser nada nuevo. La hemos oído “desde el principio”.

Una advertencia dolorosa

Estamos aquí para desarrollar un carácter perfecto como creación espiritual de Dios. Esto es lo que el Sr. Armstrong dijo en un sermón el 28 de noviembre de 1981; algo extremadamente correctivo para mí, más aún en esta temporada de Pentecostés:

“Cuando el Espíritu de Dios entra en usted, le impregna de vida divina. El espíritu que ya está en usted no le da ninguna vida, éste sólo suministra el poder del intelecto a un cerebro físico. Y ese cerebro físico se mantiene vivo y activo sólo por el aire que respira y el bombeo de su corazón, lo que a su vez tiene que mantenerse con comida y agua proveniente de la tierra”.

“Somos ‘de tierra’ y ‘tomados de la tierra’. Eso es todo lo que somos, hermanos. Entiéndanlo. Nadie más enseña eso. Ninguna otra iglesia en la Tierra va a enseñarles eso. ¡Por eso esta es la Iglesia de Dios! Y es muy diferente —bastante diferente— de cualquier otra iglesia en esta Tierra.

“Cuando el Espíritu Santo viene, lo impregna a uno de vida inmortal. Pero escuchen. Somos como un embrión en el vientre materno, como lo fuimos en un tiempo; y ni siquiera hemos crecido lo suficiente como para llamarnos feto todavía. Tienen que pasar cuatro meses para que el cuerpo empiece a tomar forma humana. Pero escuchen. De no haber recibido el alimento físico, no habríamos crecido físicamente; y nuestra madre habría tenido un aborto espontáneo. Nunca habríamos nacido. Habríamos muerto dentro de su cuerpo; y ella habría tenido que deshacerse de nosotros, ya muertos. Ese es un paralelo exacto. Si no crecemos espiritualmente, seremos abortados. No seguiremos adelante. Hay que crecer en el Espíritu y en el conocimiento de Jesucristo”.

El apóstol de Dios hizo retumbar una advertencia dolorosa a los laodicenos porque vio que se dirigían hacia el aborto espiritual. Él intentó desesperadamente traerlos de vuelta al carril. El Sr. Armstrong continuó:

“Hermanos, escúchenme. Ustedes hablan de educación. Van a la escuela. Empiezan en el primer grado. Les enseñan a leer, a escribir y a calcular. Lectura, escritura, aritmética. Todo lo que les vayan a enseñar allí, y todo lo que les enseñen cuando lleguen a la secundaria, y todo lo que les enseñen en la universidad, es conocimiento físico, material. No les van a dar conocimiento espiritual”.

“Y ustedes se alimentan de conocimiento espiritual, y la Palabra de Dios es ese conocimiento espiritual. Se alimentan de la Palabra de Dios, en lugar de comida material. Y si no estudian la Palabra de Dios, si no están siendo educados cada día de su vida como si estuvieran empezando la escuela de nuevo, sólo están empezando en el primer grado. De hecho, apenas si están en primer grado. Ustedes sólo están en el jardín de niños espiritualmente, cuando se convierten. Y si no siguen estudiando espiritualmente y el conocimiento espiritual (…) el Espíritu Santo abre sus mentes para comprenderlo. Antes de eso, no podrían haberlo entendido de ninguna manera. Pero cuando llega el Espíritu de Dios, pueden empezar a comprenderlo; y les revelará ese conocimiento”.

Ahora bien, ésta es la impregnación de la vida divina; pero es sólo un comienzo, si siguen adelante. Pero ustedes deben crecer, y crecer, y crecer cada día de su vida. ¿Saben más espiritualmente, tienen más conocimiento espiritual que hace un mes? La mayoría de ustedes no, hermanos. Mírense en el espejo y vean; y digan: ‘¡Aquí hay alguien que no sabe más de lo que sabía hace un mes espiritualmente!”.

“¡Qué vergüenza! ¡No entrarán en el Reino de Dios si no cambian eso! ¿Voy a cansarme de decírselos? ¿Van a pasar de largo sin hacer caso, sin prestar atención?”.

Es una advertencia terrible. Me sentí profundamente corregido por ella. ¿Cómo sabía el Sr. Armstrong que los hermanos no estaban creciendo? El Espíritu Santo se lo reveló. Los frutos le dieron la razón; después de su muerte, no pudieron esperar para alejarse de Dios. ¿Están creciendo hoy, o están muriendo? Él no odiaba a esas personas; ¡quería salvar sus vidas eternas! ¿Por qué otra razón les daría una advertencia tan sincera?

Escuche y preste atención al verdadero ministerio de Dios. Si no, ¡no podemos crecer! Los miembros de la Iglesia de Dios Universal se quejaban cuando el Sr. Armstrong regresaba al Génesis para volver a hablar de los dos árboles. No tenían suficiente sentido común para darse cuenta de lo mucho que necesitaban esa instrucción básica. ¡Ahora están pereciendo!

Dios nos ha llamado y quiere alimentarnos espiritualmente. Es un tipo exacto de un feto en el vientre de la madre. ¡La mitad de los laodicenos se abortarán a sí mismos por la eternidad!

¿Cuánto más se parece usted a Dios esta semana que la semana pasada? ¿Cuánto ha mejorado en la enseñanza? Podemos crecer hasta convertirnos en Dios, igual que un niño crece dentro del vientre de su madre y nace pareciéndose a su padre y a su madre. Podemos ser amor como Dios es amor. Ésa es la noticia más estupenda que jamás pudiéramos oír.

¡Dios se está reproduciendo en los seres humanos! Cada día debemos parecernos más a nuestro Padre. Se trata de crecer.

¿Qué esperanza hay si no escuchamos a los verdaderos ministros de Dios? El Sr. Armstrong suplicó a la Iglesia, pero casi nadie le escuchó. Él no fracasó, los miembros fracasaron. Eligieron la muerte. Se convirtieron en víctimas del anticristo. Cada uno de nosotros debe hacer una elección a medida que la Gran Tribulación se acerca cada vez más. Dios llevará al lugar de refugio sólo a las personas que realmente crezcan hoy, que hacen lo que Él dice porque Él lo dice.

Es muy fácil quejarnos de nuestros problemas. Podemos pensar: ¡Oh, este problema es insoportable! Pero ¡mire el sufrimiento que se avecina! Millones y miles de millones morirán de la forma más ignominiosa imaginable. ¿Son realmente tan graves nuestros problemas?

El misterio de la iniquidad golpeó a la Iglesia de Dios después de la muerte del Sr. Armstrong (2 Tesalonicenses 2:7). No era un misterio para él. Para advertir con tanta urgencia como lo hizo, debió haber visto venir la rebelión. En su mensaje de Pentecostés de 1985, menos de un año antes de su muerte, dijo: “¡La mayoría de ustedes no lo entienden!”.

El Sr. Armstrong intentaba que la gente respetara su cargo. Quería ayudarles a crecer y a salvarse espiritualmente. Su advertencia era la advertencia de Dios, pero la gente no lo vio así. ¡Qué triste!

Utilice el Espíritu de Dios. Abrirá su mente a la verdad que el Sr. Armstrong intentó entregar a los hermanos espiritualmente dormidos. Ninguna institución educativa mundana le enseñará por qué existe el hombre en la Tierra: el propósito de Dios para usted. No aprenderá la causa y la solución de los males del mundo. Los eruditos y educadores de este mundo no conocen el camino hacia la paz. Son espiritualmente ignorantes. Muchos de ellos creen que el universo comenzó con una gran explosión aleatoria y sin propósito. Eso es falso, ¡pero la proliferación nuclear fuera de control de este mundo terminaría con una gran explosión si Cristo no la detuviera! (Mateo 24:21-22).

“Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno. Os escribo a vosotros, hijitos, porque habéis conocido al Padre. Os he escrito a vosotros, padres, porque habéis conocido al que es desde el principio. Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno. No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él” (1 Juan 2:13-15).

Podemos y debemos vencer a Satanás el diablo. El poder de nuestro lado es mucho mayor que cualquier ataque que él pueda concentrar (1 Juan 4:4). A medida que se acerca Pentecostés, mida cuánto se está separando de las influencias satánicas del mundo. Este es un barómetro clave del crecimiento. Si es necesario, acuda al ministerio en busca de consejo piadoso.

Una unción santa

“Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo. Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros. Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas”(1Juan 2:18-20).

La versión New King James traduce “unción” con la misma palabra, “unción” [denotando la designación a un trabajo por intervención divina]. Usted ha recibido unción del Santo, ¡de Dios Mismo! ¿Qué tan profundamente lo cree? ¡Él le ha ungido como rey y sacerdote en embrión para entregar Su mensaje al mundo!

Nos casaremos con Jesucristo. ¡El Santo que creó el universo nos ha llamado a ser santos como Él es santo! ¿Nos cansamos alguna vez de oír esta verdad cada año alrededor de Pentecostés? Esperemos que no.

“Os escribo, no porque no conozcáis la verdad, sino porque la conocéis, y sabéis que ninguna mentira procede de la verdad. ¿Quién es el mentiroso sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo” (versículos 21-22; traducción nuestra de la versión Revised Standard [rsv]). Conozca quién es el anticristo. Conozca al Padre y al Hijo. Somos hijos de Dios, somos la Prometida de Cristo. ¡Dios nos dice que actuemos como tal! Pentecostés ilustra este matrimonio. ¡Debería ser un día que celebremos como ningún otro!

La Anchor Bible tiene una información sorprendente y útil sobre el anticristo: “Así pues, es perfectamente posible que el anticristo, el mentiroso y el inicuo fueran títulos actuales para el adversario anticipado de los últimos tiempos”. ¡Pero estos eruditos de la Biblia nunca podrían decirle quién es este hombre malvado! No necesitamos ese tipo de educación. Dios quiere que enseñemos a estas personas que la Biblia está viva y que está cumpliéndose ante sus ojos. Lamentablemente, la mayoría de ellos no quieren saber la verdad.

La doctrina central de la Iglesia protestante es que la ley ha sido abolida. Dios dio a los israelitas la ley el día de Pentecostés, pero la gente se alegra de que esta ley de amor no tenga autoridad sobre ellos. ¿Escaparán estos supuestos cristianos sin ley del castigo extremo profetizado que pronto vendrá sobre el mundo?

“Os he escrito esto sobre los que os engañan [seducen, versión King James]” (1 Juan 2:26). Satanás es un maestro seductor. Puede incitarnos a cometer graves errores si no tenemos cuidado. ¿Seremos este verano más como Dios que el verano pasado? ¿Progresaremos o retrocederemos?

“Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas” (versículo 20). Es mejor que no sigamos a un hombre. ¿Sabe cómo seguir a Dios en lugar de a un hombre? Dios está al mando. Cristo es nuestra Cabeza. Y ellos se sirven de hombres para enseñarnos mucho de lo que aprendemos. El 95% del pueblo de Dios no pudo discernir que Dios les estaba enseñando a través del Sr. Armstrong. Se requiere un cierto nivel de sofisticación espiritual para asegurarnos de que Dios nos está enseñando, y no cualquier hombre. Si usted pone su confianza en un hombre insignificante, ¡se encuentra en problemas espirituales! (Jeremías 17:5).

“Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él” (1 Juan 2:27). ¿Nos enseñó el Sr. Armstrong? No, Jesucristo nos enseñó a través de él. No, Jesucristo nos enseñó a través de él.

En una carta a los colaboradores del 12 de septiembre de 1985, el Sr. Armstrong escribió sobre su libro El misterio de los siglos. “Desde el pasado diciembre he estado trabajando diligentemente en el libro más grande e importante de mi vida. De hecho, siento que yo mismo no lo escribí. Más que eso, creo que Dios me usó para escribirlo. Siento sinceramente que podría ser el libro más importante después de la Biblia”.

¡El Sr. Armstrong nos dijo directamente que él no era el maestro principal! Todos necesitamos que Cristo nos enseñe. Debemos saber cuándo el Espíritu Santo está guiando al hombre porque toda nuestra eternidad está envuelta en eso. Dios pronto hará que toda la humanidad escuche a Cristo.

Tropezar en la ley

En La última hora, escribo: “1 Juan 3 es uno de los capítulos más profundos en la Biblia. ¡Usted no puede entenderlo sin estudiarlo a fondo! Eso realmente se aplica a todas las epístolas de Juan. ¡Un estudio rutinario nunca le permitirá comprender su profundidad inmensurable! Usted debe tener un plan y estrategia para dominar verdaderamente estas profundas epístolas”. Estudie La última hora para comprobar si esto es cierto.

“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1Juan3:1-2).

¿Qué es eso? ¿Vamos a ser como Dios, con nuestros rostros brillando como el sol en toda su fuerza? ¿Puede ser eso realmente cierto? ¿No es ese futuro más emocionante que una noche loca en la ciudad o cualquier otra basura e inmundicia de este mundo? La mayoría del propio pueblo de Dios no lo cree así.

“Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro” (versículo 3). Con nuestro deslumbrante futuro en mente, vamos a crecer. Nos afanaremos en purificar nuestras vidas. Dios se está reproduciendo a Sí Mismo. Si usted ve eso, se purificará. Si no, no lo hará. Es así de simple.

En ese sermón de 1981, el Sr. Armstrong señaló una lámpara sobre su escritorio. Él hizo la analogía que, con la bombilla apagada, la lámpara es como nosotros sin el Espíritu de Dios. Con la bombilla encendida, la lámpara es totalmente diferente. El Espíritu de Dios nos cambiará tan drásticamente como la corriente eléctrica que hace iluminar una lámpara. Debemos estar creciendo y cambiando constantemente, y no limitarnos a llenar un asiento en los servicios. No basta con asistir para poder entrar en el Reino de Dios.

Combata la actitud tibia laodicena. Examine qué tan brillante es su luz. Utilice la visión como motivación para cambiar.

En este punto de su epístola, Juan pasa de describir la visión a la parte dura: la ley. “Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley” (versículo 4). Dios dio la ley en Pentecostés, y eso va de la mano con el Espíritu Santo. ¿Ama usted la ley de Dios? Es muy fácil decir que sí, pero ¿la ama realmente?

David proclamó repetidamente su amor a Dios mientras era perseguido en todo Israel por el rey Saúl y su ejército. ¡Se sometió al mismo gobierno que intentaba matarle! Cuando David cortó un trozo de la ropa de Saúl, le invadió la tristeza y se arrepintió ante Dios por haber puesto un dedo sobre el rey ungido, y permaneció sometido a uno de los reyes más malvados de la Tierra. ¡Cómo amaba y obedecía la ley de Dios!

¿Aman los laodicenos la ley de Dios? ¡Se rebelaron tan pronto murió el Sr. Armstrong! Malaquías 2:8 dice que tropezaron en la ley. La mayoría de ellos dicen que el Sr. Armstrong no era el Elías de Dios del tiempo del fin. Lo que la mayoría de ellos están diciendo realmente es que no aman la ley. ¡El Sr. Armstrong restauró todas las cosas y nos enseñó cómo amar a Dios y a nuestro prójimo!

Los rebeldes de la época de Juan tropezaban en la ley. Odiaban a Juan porque enseñaba la ley. En su lugar, querían la anarquía de las religiones del mundo: sin gobierno, sin autoridad.

¿Quién es hoy el responsable de enseñarle la ley de Dios? Al leer El mensaje de Malaquías aprendimos por qué la Iglesia de Dios se desvió del camino. Aprendimos sobre la urgencia de la comisión de nuestra Iglesia leyendo Profetiza otra vez. ¿Quién ha escrito más de 60 libros y folletos sobre los temas más importantes de la Biblia? Esta nueva revelación no salió de mi mente; Dios me la reveló.

Dios siempre enseñará la ley, nos guste o no. Siempre encontrará un hombre obediente a través del cual enseñar la ley. Si ese hombre se rebela, Dios lo apartará y encontrará a alguien que siga siendo Su siervo humilde.

El amor de Dios

En La última hora, escribo sobre 1 Juan 3:3: “Esta visión es lo que primero perdieron los laodicenos. Si usted no tiene esta esperanza, no se purificará. ‘Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo…’. Una vez más vemos cómo Juan individualiza esta esperanza; cada persona debe tener esta esperanza vital, o no conquistará al diablo, al mundo y a sí mismo. Sin esta esperanza, se alejará de Dios.

“Nuestra meta es ser puros ‘así como él es puro’. Hemos de llegar a ser puros como nuestro Padre es puro; perfectamente puro. Ésta debe ser nuestra meta más excelsa.

Usted no puede acudir a un comentario bíblico para conseguir el significado de estos versículos. ¡Ni siquiera puede ir a la mayoría del pueblo de Dios para obtener este entendimiento!”.

Se necesita el Espíritu Santo de Dios para comprender plenamente la visión. No puede confiarse en la conversión de otra persona. Usted debe vivir por su fe.

“Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1 Juan 4:1). El hombre que se hizo cargo de la Iglesia de Dios Universal tras la muerte del Sr. Armstrong, Joseph Tkach, dijo que no tenemos una esquina en el mercado espiritual. Esa es una declaración explosiva, es completa y descaradamente falsa. Sólo la Iglesia de Dios tiene esta maravillosa verdad y revelación. Tenemos que estar conscientes de eso.

“En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo [está viniendo] en carne, es de Dios” (versículo 2). ¿Dónde está Cristo viniendo en carne hoy? Aquí mismo, en la Iglesia, en usted individualmente, para hacerle más justo la semana que viene de lo que era esta semana. El Espíritu Santo es el mayor don de Dios.

“Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error” (versículo 6). Existe la verdad y el error, y luego está el espíritu de la verdad y el espíritu del error. Utilizar la verdad para reprender a alguien por un problema específico es incorrecto. El Espíritu Santo nos ayuda a comprender cómo y cuándo discutir la verdad de Dios.

“Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él” (versículos 7-9).

¿Qué tan profundo es nuestro amor por los demás? ¡Dios quiere que amemos y vivamos de verdad! Somos la Prometida de Cristo, el pueblo más bendecido del planeta por mucho. ¡Celebre por ser un hijo de Dios!

“Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos. Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos” (1 Juan 5:1-3).

Juan hablaba tanto del amor porque ¡Dios es amor! ¡Guardar los Diez Mandamientos es amor!

El poder del Espíritu Santo

“Hijitos, guardaos de los ídolos. Amén” (1 Juan 5:21). Un ídolo es cualquier cosa o persona que se interpone entre usted y Dios. Puede ser un hombre, una mujer, dinero, drogas, sexo ilícito o incluso su propia belleza; ese fue el problema de Lucero.

El Sr. Armstrong llevó consigo al evangelista Al Portune en uno de sus muchos viajes a Jerusalén. Portune describió más tarde a la primera ministra israelí Golda Meir como una Débora moderna, la heroica jueza que salvó al antiguo Israel.

“No ser hermosa fue la verdadera bendición”, dijo una vez Meir. “No ser hermosa me obligó a desarrollar mis recursos interiores. La chica bonita tiene una desventaja que superar”.

Se dio cuenta de que ¡demasiada gente se distrae por la apariencia física de todas las cosas! ¡Eso no es mucho con lo que contar en el juicio final! ¿Dejamos que nuestra apariencia nos impida hacer obras sobresalientes? Dios busca la belleza espiritual que hace que la belleza física parezca fea en comparación.

Hace años, una pareja me llevó a cenar. La esposa era una dama bastante atractiva. Me pidió que cambiara la doctrina de la Iglesia contra el maquillaje y se sintió muy decepcionada cuando me negué. Más tarde abandonaron la Iglesia por ello. ¡Aquí había una mujer hermosa que todavía quería llevar maquillaje porque pensaba que la haría aún más hermosa! La apariencia física —o cualquier ídolo— puede alejarnos de Dios.

“El anciano a la señora elegida y a sus hijos, a quienes yo amo en la verdad; y no solo yo, sino también todos los que han conocido la verdad, a causa de la verdad que permanece en nosotros, y estará para siempre con nosotros: Sea con vosotros gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y del Señor Jesucristo, Hijo del Padre, en verdad y en amor. Mucho me regocijé porque he hallado a algunos de tus hijos andando en la verdad, conforme al mandamiento que recibimos del Padre” (2 Juan 1-4).

¡Ver al pueblo de Dios caminar en la verdad le alegró el día a Juan! Deseaba que recibieran un galardón completo (versículo 8). Dios aplica presión, a veces hasta el extremo, para provocar más crecimiento en nosotros. ¡Él quiere que crezcamos!

El Sr. Armstrong dijo en ese sermón de 1981 citado anteriormente:

“Ahora, el Espíritu Santo abrirá sus mentes, si estudian la Palabra de Dios, si escuchan la Palabra de Dios. Y crecen en el Espíritu a medida que oran a Dios más y más. Y oran por los hermanos. Oran por la gente, incluso por sus enemigos. Yo oro por mis enemigos incluso antes que por algunos de mis mejores amigos y algunos de los hermanos. Por supuesto, Dios puede bendecirlos con castigos para que despierten. (…) Ahora, junto al entendimiento, el Espíritu Santo les dará el amor de Dios que guarda Su ley. Ustedes no nacieron con el tipo de amor que cumplirá y guardará la ley de Dios. Deben tener un amor especial que viene de Dios. Es imposible que realmente amen a Dios como deberían. Le amamos solamente porque Él nos amó primero. Y es Su amor viniendo a través del Espíritu Santo en nosotros, y parte de éste regresa a Él”.

“Luego, el Espíritu Santo les dará la fe de Cristo. Esa no es una fe que ustedes generan. Ese es un don que Dios pone en ustedes —esa clase de fe, para creerle— si estudian Su Palabra, si llegan a conocerlo. La fe es sólo saber que todo lo que Dios ha prometido lo hará. Pueden confiar en ello. Eso es la fe”.

“Entonces el Espíritu de Dios les dará el poder para hacerlo. ¡Y todas esas cosas harán un cambio en sus vidas! La luz eléctrica que entra en esa bombilla de aquí la cambia y la hace brillar, hace un gran cambio. Usted y yo debemos ser la luz del mundo, y debemos dejar que nuestra luz brille. No para que el mundo oiga lo que decimos, sino para que vea nuestras buenas obras y cómo vivimos”.

Juan trató con un anticristo llamado Diótrefes, pero también tuvo ayudantes llenos del Espíritu como Demetrio (3 Juan). “Juan dijo que ‘si’ fuere pondría las cosas en su lugar”, escribí en La última hora. “Esto indica que Juan podría haber estado en prisión. ¡En medio de tan severa crisis de la Iglesia, mantener alejado a Juan ciertamente habría requerido de algo como estar en prisión!”.

Incluso estando encarcelado, Juan siguió expresando su amor por la Iglesia. ¡Intentó animarlos! ¿Por qué no se rindió? Porque sabía lo cerca que estaba de recibir la recompensa más asombrosa: el matrimonio con Jesucristo. Necesitamos grabar esta visión en nuestras mentes en los días antes del día santo de Pentecostés.