El rápido crecimiento de un feto en el útero es un milagro inspirador. Cuatro semanas después de la concepción, un embrión humano tiene el tamaño de una semilla de amapola; tres semanas más tarde, el de un arándano; y tras otras dos semanas, ¡el de una uva!
Después de sólo tres semanas más, ¡ese feto ha crecido hasta alcanzar el tamaño de un limón! Todos los órganos vitales están en su sitio y muchos de ellos ya funcionan. Un feto femenino ya tiene ovarios que contienen más de 2 millones de óvulos: ¡el comienzo de la siguiente generación después de ella!
Durante el segundo y tercer trimestre, los huesos del bebé se endurecen, se desarrolla el control muscular y ya puede escucharle. El bebé está desarrollándose, sin parar.
¡Este es un tipo exacto de cómo Dios quiere que usted crezca y se desarrolle espiritualmente a lo largo de su vida!
“Creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo…” (2 Pedro 3:18). Pedro termina su segunda epístola con esta exhortación. Es un requisito de la vida cristiana, desde nuestro engendramiento espiritual en el bautismo hasta nuestro nacimiento espiritual en el Reino de Dios.
Para llegar a ese nacimiento, como el feto en el vientre de la madre, debemos seguir creciendo.
Somos fetos
Herbert W. Armstrong describió cómo el engendramiento y el desarrollo fetal son un tipo perfecto de este proceso espiritual. Espiritualmente, usted es engendrado por Dios cuando Su Espíritu Santo se une a su espíritu humano. Usted crece en el vientre de la madre, la verdadera Iglesia de Dios. Su propósito es nacer en la Familia eterna de Dios (p. ej., Romanos 8:16; Gálatas 4:26; 1 Juan 3:1-2; Juan 3:6).
“Sí, así como el bebé humano engendrado, pero aún no nacido, debe crecer desde su tamaño inicial no más grande que la punta de un alfiler y alimentarse con comida física”, escribió él en ¿Qué significa… nacer de nuevo? , “igualmente una vez que somos impregnados por el Espíritu Santo de Dios —por su vida— debemos crecer espiritualmente, alimentarnos con el alimento espiritual de la Palabra de Dios, la Biblia, y con la oración y el compañerismo que sea posible con hermanos verdaderamente engendrados en la verdad de Dios”.
En La dimensión desconocida de la sexualidad, el Sr. Armstrong explicó: “Así como el feto humano debe crecer físicamente lo suficiente para nacer, el cristiano engendrado debe crecer en gracia y en el conocimiento de Cristo (2 Pedro 3:18), ¡debe vencer y desarrollar carácter espiritual durante esta vida para poder nacer en el Reino de Dios!”.
“Y tal como el feto físico desarrolla paulatinamente los órganos físicos, las facciones y demás características humanas, el cristiano engendrado debe desarrollar el carácter espiritual, gradual y continuamente (amor, fe, paciencia, benignidad, templanza). Debe vivir de acuerdo con la Palabra de Dios, poniéndola por obra. ¡Debe desarrollar el carácter divino!”.
¿Está usted creciendo —de forma constante y continua— en su camino hacia el nacimiento?
Lo que está en juego no podría ser más importante. El Sr. Armstrong fue directo: “Y a menos que continuemos creciendo en el desarrollo del carácter espiritual, siendo cada vez más como Dios, seremos como un bebé que muere antes de nacer, ¡o que es abortado! ¡Y quienes lo sean nunca nacerán de Dios!” (¿Qué significa… nacer de nuevo?).
O crece… ¡o muere! Usted debe crecer todo el tiempo hasta su nacimiento; si no, no llegará a nacer.
Un feto físico en el útero crece de forma natural. Pero espiritualmente, el crecimiento no es natural; debemos trabajar por cada pequeño avance.
El crecimiento no es automático
Durante décadas, Anders Ericsson estudió cómo las personas llegaban a ser expertas en diversos campos como la música, los deportes, las matemáticas y las habilidades profesionales. Su libro Número uno: Secretos para ser mejor en lo que nos propongamos, en coautoría con Robert Pool,nos permite comprender mejor nuestro crecimiento en destreza espiritual.
La mayoría de nosotros suponemos que la experiencia produce competencia, es decir, que un médico o un profesor con 20 años de práctica debe ser mejor que uno con cinco. La investigación dice lo contrario.
“Una vez que la persona alcanza ese nivel de desempeño ‘aceptable’ (…) los años adicionales de ‘práctica’ no conducen a una mejora”, escribió Ericsson. “En todo caso, es probable que el médico, el profesor o el conductor que lleva 20 años en ello sea un poco peor que el que lleva sólo cinco, y la razón es que estas habilidades automatizadas se deterioran gradualmente en ausencia de esfuerzos deliberados por mejorar” (énfasis agregado en todo el artículo).
Sin un esfuerzo continuo, el crecimiento se estanca y luego decae.
Espiritualmente, tendemos a empezar fuerte. En vísperas y justo después del bautismo, usted se siente renovado, con un sentido de urgencia, está cambiando drásticamente sus antiguas costumbres y creciendo rápidamente.
Pero ¿cuánto está creciendo ahora?
Ese rápido crecimiento inicial se desacelera de forma natural una vez que hemos llevado a cabo esos grandes cambios. Con el tiempo, si no tenemos cuidado, se estancará. Los hábitos de oración o estudio, una vez mantenidos con concentración e intención, se convierten en rutina, lo cual, por definición, es algo en lo que ya no se piensa. Cuando nos limitamos a actuar por inercia, retrocedemos.
Usted y yo no podemos permanecer estáticos espiritualmente. Cada uno de nosotros o está creciendo o retrocediendo.
¿Por qué? Porque nuestra naturaleza humana, influida por Satanás, siempre nos arrastra hacia la autocomplacencia (p. ej., Efesios 2:1-3). ¡Debemos luchar constantemente para controlar nuestros pensamientos y actitudes para que Dios pueda seguir dándonos crecimiento!
Se calcula que entre el 10% y el 20% de los embarazos confirmados clínicamente terminan en aborto espontáneo, ¡y la mitad o más de las fecundaciones exitosas! Por desgracia, espiritualmente, esta última cifra es exacta. En esta era laodicena de la historia de la Iglesia, trágicamente, la proporción de verdaderos cristianos que dejan de crecer y abortan su propia vida espiritual es casi la mitad. ¡Y la mayoría de los que sobreviven sólo lo consiguen tras la intervención y la corrección severa de parte de Dios!
En un embarazo físico, las primeras seis semanas son las de mayor riesgo de aborto espontáneo. El riesgo disminuye después de la sexta semana, y aún más después de la duodécima. Alrededor del 80% de los abortos espontáneos se producen en el primer trimestre. Espiritualmente, eso ocurre a veces: una persona puede empezar fuerte pero se apaga rápidamente. Por eso la Iglesia de Dios es tan cuidadosa en la consejería para bautismo: esa nueva vida espiritual debe tener el comienzo más fuerte posible.
Pero gente que ha estado en la verdadera Iglesia de Dios durante décadas ¡también se aleja! ¿Por qué? En algún momento, dejaron de crecer espiritualmente. Cuando el crecimiento se detiene, sigue la muerte.
Qué significa crecer en la gracia
¿Qué significa exactamente “crecer en la gracia”? En su sermón de Pentecostés de 1985, el Sr. Armstrong abordó este tema directamente: “Pedro dijo que debemos crecer. (…) Crecer en la gracia significa crecer en el carácter que viene a través del Espíritu de Dios. ¿Está usted creciendo en carácter día tras día? ¿Está creciendo en el conocimiento que tiene Dios? En otras palabras, ¿es usted un buen estudiante? ¿Está aprendiendo? ¿Va a poder enseñar a otros? ¿Está usted calificando para ser un maestro y salir a enseñar a otros? Si no, ¡está perdiendo su tiempo! Usted no pertenece a la Iglesia”.
Esa es una afirmación contundente: Si dejamos de crecer, no pertenecemos a este lugar. Debemos crecer para nacer en la Familia de Dios, pero nuestra meta máxima es cumplir nuestro llamado, nuestro papel exaltado en el Reino de Dios. Si usted es un verdadero cristiano en la Iglesia de Dios, ¡debe estar creciendo hacia ese llamado!
Pedro inicia su segunda epístola con el mismo tema con el que la termina: “Gracia y paz os sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios…” (2 Pedro 1:2). Entre más adquiera de este precioso conocimiento, más se multiplicarán la gracia y la paz. Él explica que por medio de las grandes y preciosas promesas de Dios, llegamos a “ser participantes de la naturaleza divina” (versículo 4); podemos llegar a ser como nuestro Padre.
Luego Pedro describe el proceso de crecimiento en sí, diciéndonos a usted y a mí que pongamos toda diligencia y esfuerzo para añadir a nuestra fe excelencia moral, y a eso, conocimiento (visión y entendimiento espirituales), y luego dominio propio, y a eso firmeza, luego piedad, luego afecto fraternal y después el amor de Dios (versículos 5-7; vea la Biblia Amplified).
Esto es verdadero crecimiento espiritual. Usando el poder del Espíritu Santo, usted le cree a Dios y camina por fe cada vez más. Elige hacer lo correcto incluso cuando es inconveniente. Llena su mente de conocimiento espiritual mediante el estudio constante de la Biblia y la oración para obtener comprensión espiritual. Disciplina sus pensamientos, palabras e impulsos para alejarse de las distracciones o el pecado. Soporta pacientemente las pruebas y continúa en la obediencia sin desistir. Desarrolla una conciencia constante de la presencia de Dios y refleja Su carácter en los detalles de su vida. Brinda apoyo, aliento y servicio genuinos a sus hermanos en la fe. Con compasión y espíritu de sacrificio, pone primero a los demás, incluso cuando son difíciles o no lo merecen.
Usted crece ycrece en estas cualidades, ¡y cada vez se parece más a la imagen de su Padre! Igual que un niño crece en el vientre materno hasta parecerse a sus padres.
A medida que estas cualidades aumentan en usted, se vuelve cada vez más útil y productivo para los propósitos amorosos de Dios (versículo 8).
¿Qué ocurre si usted no crece? El versículo 9 responde: se vuelve ciego como los laodicenos; ¡desventurado, miserable, pobre y desnudo sin darse cuenta!
Pedro concluye: “Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás” (versículo 10). Sólo podrá desarrollar estas virtudes si actúa. El versículo 11 deja claro que ésta es la única manera de llegar a nacer en el Reino de Dios.
Lo que Satanás persigue
Ese proceso de crecimiento espiritual requiere “toda diligencia”. Usted tiene que trabajar y luchar para crecer. Y esto es así sobre todo porque no es sólo la gravedad o la inercia lo que amenaza con desacelerar y luego invertir el proceso.
Un ser está activamente tratando de detener su crecimiento, para que usted muera. Satanás quiere hacer todo lo posible para interrumpir su proceso de crecimiento. Física y espiritualmente, él presiona para que ocurra un aborto.
La cultura inspirada por Satanás en la que vivimos no sólo tolera el aborto, sino que le apasiona. En 2023 (el primer año calendario completo después de que la Corte Suprema anulara la sentencia del caso Roe vs. Wade, una decisión que supuestamente suprimiría el aborto) se calcula que se produjeron 1.037.000 abortos en el sistema oficial de salud de Estados Unidos; un 11% más que en 2020. Una encuesta reciente reveló que casi el 93% de los estadounidenses cree que el aborto debería ser legal al menos en algunas circunstancias. ¡Menos del 8% dice que matar a un niño siempre está mal!
Satanás odia a los seres humanos, incluso a los no nacidos. Él ha sido un asesino desde el principio (Juan 8:44). Este asesino físico y espiritual está detrás de usted con la misma tenacidad, porque sabe que una vez que usted nazca en el Reino de Dios, ¡será inmortal y estará cumpliendo su papel de ayudar a Dios en el nacimiento de aún más hijos espirituales! Entonces Satanás ya no podrá tocarle. Por eso, él tiene prisa por matarle ahora, antes de que nazca.
Su herramienta más eficaz no es ningún asalto dramático. Es simplemente conseguir que deje de crecer.
Veamos la diferencia crucial entre la analogía física y la espiritual: un bebé en el vientre materno está indefenso. Usted no. El crecimiento espiritual sólo es posible con su fe activa y obediencia a Dios, y ser abortado espiritualmente sólo puede suceder con su consentimiento. Pedro dice claramente: “Haciendo estas cosas, no caeréis jamás”. La decisión es suya.
El hacedor, no el oidor
En aquel sermón de Pentecostés de 1985, el Sr. Armstrong dijo que la mayoría de los miembros de la Iglesia no lo entendían. ¿Específicamente, qué era lo que no entendían? Mucho de lo que “no entendían” era la naturaleza del crecimiento espiritual que Dios requiere.
“Ustedes son estudiantes”, dijo él. “¿Qué tanto están aprendiendo y qué tanto están desarrollando su vida?Crecer en la gracia es crecer en el carácter de Dios. No se trata sólo de tener conocimiento, sino de vivir de esa manera, para crecer en amor. Eso se refleja en cómo tratan a los demás en su propia casa; en cómo tratan a los vecinos y a las personas en general. ¿Qué tan amable es usted? ¿Qué tan amoroso es usted? ¿Qué tanto anima e intenta ayudar a los demás? ¿Cuánto está desarrollando el carácter de Dios en su propia vida?”.
Hay más detalles sobre el crecimiento que Dios busca en nosotros, como los que enumeró Pedro: poner en práctica el amor de Dios, tratar a los demás con bondad, animarlos como lo hace Dios. ¡Dios está midiendo estas cosas! Es fácil eximirnos de responsabilidad, dar por sentado que, como asistimos a los servicios, guardamos el Sábado, oramos y estudiamos, debemos estar creciendo. Pero el Sr. Armstrong no estaba hablando sobre la asistencia, sino del carácter.
Santiago 1:21 dice que debemos “recibir con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas”. En La epístola de Santiago, Gerald Flurry comenta: “¡Dios implanta Su Palabra en nosotros con el propósito del crecimiento! A medida que la alimentamos, se forman raíces profundas y crece aún más rápido. Eso es lo que Dios quiere. Él quiere crecimiento; cambio, ¡conversión! Él quiere que seamos diferentes hoy de lo que fuimos ayer. ¡No necesariamente tendremos un crecimiento explosivo, ¡pero debemos estar creciendo cada día! No debemos permanecer estáticos en nuestras vidas”.
El estancamiento es nuestra tendencia natural. Y eso, espiritualmente, es muerte.
Albert Einstein lo dijo claramente: “Cuando dejas de aprender, dejas de crecer. Y cuando dejas de crecer, dejas de mejorar, de progresar, de avanzar y, en cierto modo, empiezas simplemente a… existir. (…) Una vez que dejas de aprender, empiezas a morir”.
El Sr. Armstrong fue igualmente directo: “El mero conocimiento no va a servir de nada. Pueden escuchar la Palabra de Dios. Pueden tener el conocimiento. Pero no son los oidores, sino los hacedores de la ley los que son justificados ante Dios. ¿Es usted un hacedor? La única razón por la que usted necesita el conocimiento es para saber qué hacer; ¡y no le servirá de nada hasta que lo ponga en práctica y lo haga!” (ibíd.).
Santiago 1:22 dice que cuando no pasamos a la acción, nos engañamos a nosotros mismos. Creemos que estamos creciendo cuando en realidad estamos retrocediendo. (Recuerde, nunca estamos estáticos). Este es un peligro pernicioso en la vida de un verdadero cristiano.
Todo se reduce a la palabra hacer. “Porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás”. Escuchar un sermón sobre la fe o los chismes, o leer un artículo sobre la oración o la observancia del Sábado, no contribuye en nada a su crecimiento espiritual. Hacer lo que oye y estudia: confiar en Dios en una prueba difícil, poner fin a una conversación chismosa, ser más detallado y fervoroso en sus oraciones, añadir un estudio bíblico en familia a su rutina de la mañana del Sábado; éstas son las acciones que conducen al crecimiento espiritual.
¿Quiere realmente crecer? Satanás nos empuja hacia la indiferencia, hacia la tibieza laodicena. ¡Dios quiere que seamos celosos y apasionados! Cuando algo nos apasiona, surge un impulso natural hacia el mejoramiento continuo. Ese entusiasmo nos motiva y, a medida que mejoramos, el entusiasmo crece. El crecimiento es estimulante. Buscar la excelencia hace que la vida valga más la pena.
Crezca
Crecer como un feto en el vientre es una analogía poderosa. Veamos una analogía diferente pero estrechamente relacionada: “¿A quién se enseñará ciencia? (…) ¿A los destetados?, ¿a los arrancados de los pechos?” (Isaías 28:9). Aquí ya hemos nacido, pero aún se habla de crecimiento. La analogía representa cómo somos alimentados por nuestra madre espiritual, la Iglesia de Dios, y muestra que debemos crecer y ser destetados de mamá.
¿Por qué la Iglesia de Dios se volvió laodicena y se alejó de Dios tras la muerte del Sr. Armstrong? “Porque la mayoría de los laodicenos nunca fueron ‘destetados, y arrancados de los pechos”, explicó el Sr. Flurry (La Trompeta deFiladelfia, noviembre de 1995). No pudieron ver más allá de su madre espiritual a su Padre espiritual, y se mantuvieron dependientes de una institución más que de Dios mismo. “¡Dios no puede alimentarlos con alimento sólido, porque todavía siguen tomando leche! Ellos se rehúsan a crecer. Debemos crecer ‘en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor’ (2 Pedro 3:18). Dios sólo acepta a hijos maduros en Su Familia” (ibíd.).
El Sr. Flurry explicó el fracaso específico de ellos tal y como se describe en Isaías 28:10-11: “Ellos no profundizan en sus Biblias ni conectan mandatos y líneas. No estudian en profundidad para entender ‘un poquito allí, otro poquito allá’, de modo que la magnífica verdad de Dios se haga poderosamente clara. Si lo hicieran, ¡se emocionarían e inspirarían para madurar!”.
Mateo 24:19 es un pasaje relacionado. En Su profecía del monte de los Olivos, en donde menciona que los verdaderos cristianos huirán a un lugar de refugio, Jesucristo advirtió: “Mas ¡ay de las que estén embarazadas y de las que estén amamantando en aquellos días!” (traducción nuestra de la versión New King James). Eso está hablando de inmadurez espiritual. “Este versículo tiene el mismo significado espiritual que Isaías 28”, explicó el Sr. Flurry. “Dios está advirtiendo a Su propia Iglesia laodicena, espiritualmente inmadura. ¡A ellos les faltará la fe para huir cuando vean la abominación desoladora!”.
La verdadera madurez espiritual le da a uno la fortaleza para soportar las dificultades y los golpes y mantenerse firme frente a la presión intensa.
Piense en estas analogías: somos fetos, recién nacidos, lactantes. Dios, el Creador del engendramiento, la gestación, el nacimiento y el crecimiento humanos, hizo de la vida humana el tipo exacto de la vida espiritual. Cristo nos dice que seamos como niños (Mateo 18:3). ¡Incluso un niño destetado sigue necesitando a su madre! Recibimos alimento de nuestra madre espiritual a lo largo de toda nuestra vida. Si nos volvemos autosuficientes, nos exponemos a los problemas. Debemos crecer, y nunca dejar de ser niños. Esto no es contradictorio. El hijo maduro sigue queriendo y dependiendo de su madre.
Usted puede seguir adelante
Un recién llegado a la verdad de Dios y a la Iglesia de Dios suele rebosar de entusiasmo. Cada uno de nosotros debe trabajar para alimentar ese celo y hacer que crezca con el tiempo. Como escribe el Sr. Flurry: “¡Los que hemos estado en la Iglesia por algunos años no deberíamos estar menos entusiasmados que aquellos individuos! Deberíamos progresar desde el primer amor, al segundo amor, al tercero, cuarto, ¡y más aún! ¡Ese amor debería estarcreciendohasta el momento en que nazcamos dentro de la Familia de Dios! Deberíamos estar desbordando de entusiasmo de ser una parte de este imponente plan orquestado por nuestro Padre celestial” (Las epístolas de Pedro: Una esperanza viviente).
Prácticamente no hay límite para el crecimiento. “En casi cualquier ámbito de la actividad humana, la gente tiene una enorme capacidad para mejorar su rendimiento, siempre que se entrenen de la forma adecuada”, escribió Ericsson. “Se puede seguir y seguir y seguir, mejorando cada vez más y más. Cuánto mejore depende de usted. (…) No hay ningún punto en el que el rendimiento alcance su máximo y la práctica adicional no conduzca a una mejora mayor” (op. cit.).
Esto es aún más cierto en su vida espiritual. No hay límite en el desarrollo del carácter piadoso, porque el carácter hacia al que aspiramos es el de Dios, nuestro Padre.
Cuando él escribió el Salmo 119, Jeremías había vivido toda su vida con la Palabra de Dios, estudiándola, enseñándola, sufriendo por ella. En el versículo 162 escribió: “Me regocijo en tu palabra como el que halla muchos despojos”. ¡Él tenía la emoción fresca de un hombre que descubrió inesperadamente un tesoro enterrado! No la aburrida familiaridad de quien ya lo ha oído todo antes. El Sr. Flurry comenta: “Jeremías había vivido toda su vida con la riqueza espiritual de la Palabra de Dios; pero su entusiasmo por ella creció. (…) Esta debería ser la emoción que tengamos en nuestro estudio diario de la Biblia y la meditación de la Palabra de Dios” (Los salmos de David y el salterio de Tara).
Este crecimiento no tiene por qué detenerse a medida que envejecemos. Gran parte de lo que atribuimos al envejecimiento es simplemente el resultado de disminuir o detener nuestro entrenamiento. El rendimiento físico de las personas mayores que siguen entrenando regularmente disminuye mucho menos que en las que no entrenan. Las investigaciones sobre los atletas experimentados son sorprendentes: una cuarta parte de los maratonistas de 60 años superan a más de la mitad de sus competidores de entre 20 y 54 años. Es cierto que uno debe entrenar de forma diferente (con menos volumen, menos intensidad y más tiempo de recuperación), pero la edad ya no es el factor limitante que se creía.
El Salmo 92:14 proclama lo mismo de los fieles: “Aun en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y verdes”.
A medida que envejecemos, es natural que queramos relajarnos y descansar, y rendirnos a las fuerzas del envejecimiento. Dios nos diseñó para que necesitemos luchar más fuerte a medida que envejecemos, para desarrollar otro nivel de carácter. Más que nada, esa lucha nos empuja a recurrir más a Él, a confiar en Su fuerza más que en la nuestra.
En un sermón que dio el 15 de octubre de 1981, cuando tenía casi 90 años, el Sr. Armstrong dijo: “Tenemos que crecer en la gracia y el conocimiento del Señor y Salvador, Jesucristo. ¿Cuánto están ustedes creciendo en conocimiento? ¿Saben más ahora de lo que sabían cuando hablé aquí hace tres años? Pues, ¡yo sí! He aprendido mucho. He aprendido mucho desde principios de este año. A mis 90 años, he aprendido mucho. ¿Cuánto están ustedes aprendiendo cada año? ¿Están creciendo en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo? ¿Están venciendo la influencia que Satanás ha ejercido sobre ustedes, y la influencia del mundo que les rodea? Nunca entrarán en el Reino de Dios a menos que estén venciendo, hermanos. ¡Ustedes todavía no están listos! Están a prueba y nos acercamos al momento de los exámenes finales”.
He aprendido mucho este año. Ese es el espíritu que necesitamos. ¡Debemos saber más, vencer más y crecer más!
Hasta el nacimiento
Pablo dijo a los miembros de la Iglesia de Filipos: “Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aún más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos de frutos de justicia…” (Filipenses 1:9-11).
Más y más significa ¡crecer y crecer!
“Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (versículo 6). La palabra perfeccionar significa terminar. ¡Dios seguirá trabajando en usted, ayudándole a seguir creciendo hasta el final!
Somos los hijos de nuestro Padre, creciendo en el vientre de la verdadera Iglesia de Dios, siendo preparados para un nacimiento que nos hará hijos inmortales en la Familia Dios. Cada día de oración y estudio, cada batalla contra la naturaleza humana, cada lección asimilada y aplicada, nos está construyendo —gradual, continua e incansablemente— en la persona que nacerá en la Familia de Dios.
Satanás nunca dejará de intentar detener su crecimiento. Pero sólo puede tener éxito si usted se lo permite; si deja de crecer, de esforzarse, de presionar hacia la meta.
Siga creciendo, sin parar, ¡hasta el nacimiento!
Sidebar: Práctica deliberada
El libro de Anders Ericsson y Robert Pool, Número uno, identifica la “práctica deliberada” como el estándar de oro para el mejoramiento genuino en cualquier campo. Algunos de sus componentes tienen paralelos espirituales claros:
La práctica deliberada se lleva a cabo en un ámbito bien definido con un profesor experto que propone actividades de práctica diseñadas específicamente para mejorar el rendimiento del alumno. Tenemos esto. Dios es nuestro Maestro experto, y nos da una amplia instrucción, precisamente adecuada para ayudarnos a crecer. Nuestras actividades de práctica incluyen la oración, el estudio de la Biblia y la meditación diarias, el ayuno ocasional e incluso nuestro trabajo diario, nuestra vida familiar, nuestro compañerismo con los hermanos y nuestro servicio a la congregación. Cada aspecto de la vida es un campo de entrenamiento, y debemos estar atentos y esforzarnos por trabajar duro en esas áreas tal y como Dios nos instruye.
La práctica deliberada implica objetivos específicos y bien definidos, no una vaga mejoría general, sino algo lo suficientemente concreto como para poder medirlo. A menudo Dios nos da áreas específicas en las que debemos trabajar; luego debemos definir exactamente cómo serían el crecimiento y el éxito. Si quiere dejar de juzgar a los demás, dejar de perder el tiempo o una adicción a algo mundano, haga una lista de la frecuencia con la que comete deslices y, día a día, semana a semana, recurra a la ayuda de Dios para reducir ese número a cero. Si desea animar más a los demás, entusiasmarse con la profecía o disciplinarse en su dieta, decida qué acciones le harán avanzar en esa dirección y llévelas a cabo. Las actitudes suelen seguir a las acciones.
La práctica deliberada requiere trabajar fuera de su zona de confort con un esfuerzo casi máximo,atención plena y acción consciente. El alumno no puede limitarse a practicar en piloto automático; debe concentrarse en el objetivo específico y ajustarse activamente donde sea necesario. Oímos esto a menudo: la oración y el estudio no pueden ser rutinarios; deben ser fervientes y enfocados. ¿Describe eso su oración y estudio diarios? Cuando está en compañerismo con los hermanos, ¿les dedica toda su atención, con un esfuerzo casi máximo?
La práctica deliberada implica una retroalimentación y una modificación activa como respuesta. Debe obtener una imagen precisa de sí mismo, lo que requiere humildad; nuestra tendencia es vernos a nosotros mismos con demasiada generosidad. Para practicar sin un maestro, los autores sugieren tres pasos: enfocarse, recibir retroalimentación y corregirlo. Dios le proporcionará esa retroalimentación a través de su estudio, del ministerio, de su cónyuge, de su empleador, de sus amigos, de las circunstancias de su vida. De nosotros depende ser receptivos, escuchar de verdad y luego poner en práctica lo que Dios nos muestra.