Una de las demostraciones de amor más hermosas de la Biblia provino de una mujer que lavó los pies de Jesús con sus lágrimas y los secó con sus cabellos. Besó y ungió Sus pies con perfume (Lucas 7:37-38) porque pensaba que no era digna de besarlo en el rostro ni de ungir Su cabeza.

Jesús dijo de esta mujer: “… sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama. Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados” (versículos 47-48).

¿Se da usted cuenta de que la medida de nuestro amor por Dios depende de cuán claramente vemos nuestros pecados?

Este incidente ocurrió en presencia de los fariseos, y ellos quedaron consternados. Algunas personas se sienten muy dignas ante Dios. Son arrogantes hacia Él. Les falta humildad, y les falta amor. No tratan al Padre ni a Jesucristo con amor y respeto.

Esta mujer era tan indigna porque era una pecadora tan de lo peor. Como era un ser humano tan miserable y se veía a sí misma tal como era, no le dio vergüenza inclinarse y lavarle los pies. No actuó como si fuera superior con un estándar autojusto. Y Jesucristo dijo: Te perdono todos esos pecados. Quedan todos borrados porque ella me ama mucho.

Creo que es obvio que esto es un tipo de la Iglesia de Dios. Necesitamos pedirle a Dios que nos ayude a ver nuestra enfermedad espiritual. Tenemos muchas debilidades y problemas. Nunca debemos caer en una actitud de autojusticia en la que le respondamos a Dios. Más bien, acuda simplemente a Dios y diga: Padre, por favor ayúdame a ver mis pecados. Estoy tan agradecido simplemente por estar aquí. Besaré tus pies. No quiero tener un lugar en la cima. Estoy tan agradecido de estar aquí, aun sentado a tus pies.

¡Qué hermosa actitud de amor hacia Dios! Pero usted nunca podrá tenerla si no ve sus pecados.

Si Jesucristo estuviera aquí hoy, ¿tendría usted esta actitud? ¿O le daría vergüenza esta demostración de amor?

La única forma en que usted y yo podamos recibir el amor de Dios es acudir a Él para reconocer todos nuestros pecados. Diga: Oh Dios, tú debes cambiarme. ¡Debo ser cambiado! Por favor, déjame tan sólo sentarme a tus pies. Déjame estar en tu servicio del Sábado. Tomaré el trabajo más humilde. Déjame tan sólo lavar tus pies. Esa es una hermosa actitud de amor que todos necesitamos.