Los verdaderos cristianos “constantemente erradicarán hábitos perniciosos, creando en su lugar hábitos provechosos”, escribió Herbert W. Armstrong (El increíble potencial humano).

¿Lo describe esto a usted? ¿Puede identificar un buen hábito que esté intentando adquirir en estos momentos? ¿Y uno malo que esté intentando romper?

El redactor jefe de la Visión Real, Gerald Flurry, nos ha animado a usar la estrategia en nuestra guerra contra el pecado. Formar y romper hábitos activamente es una poderosa estrategia que podemos emplear en esa guerra.

El Sr. Flurry también nos ha indicado que aprendamos estrategia de los grandes guerreros espirituales del pasado. El Sr. Armstrong fue uno de esos guerreros, y tenía mucho que decir acerca de los hábitos.

“El carácter espiritual divino es la acción y conducta habitual de la persona o ente creado que llega al conocimiento de los verdaderos caminos de Dios y ejerce la voluntad de seguir esos caminos aun contra toda oposición, tentación o apetito contrario”, escribió en El misterio de los siglos (énfasis añadido en todo). Formar y romper hábitos es una parte vital de edificar el carácter santo y justo.

El Sr. Armstrong trabajó activamente en sus hábitos hasta el final mismo de su vida. En un sermón de 1981 dijo: “Ya se habían desarrollado muchos hábitos que no vencí de inmediato. Algunos los vencí enseguida. Otros tomaron un poco más de tiempo. ¡Quizás algunos de ellos aún no los haya superado del todo! Espero que antes de morir haya vencido todos mis hábitos”.

Siga el ejemplo del Sr. Armstrong de trabajar en sus hábitos hasta el final.

Pensar de forma habitual

El Diccionario Cambridge de inglés define hábito como “algo que uno hace a menudo y con regularidad, a veces sin saber que lo está haciendo”. Gran parte del modo de vida cristiano gira en torno a tareas que emprendemos con regularidad o a cómo respondemos sin pensar a ciertas situaciones.

Dios mandó a los sacerdotes de Israel que desarrollaran ciertos hábitos físicos, lo cual señala los buenos hábitos que nosotros debemos cultivar. Hizo que ofrecieran sacrificios cada tarde y cada mañana (Éxodo 29:38-39). Hizo que mantuvieran un fuego ardiendo en el altar las veinticuatro horas del día (Levítico 6:8-9, 12-13). El trabajo de un sacerdote giraba en torno a hábitos diarios.

Lo mismo ocurre con gran parte del modo de vida cristiano. Renovamos el hombre interior “de día en día” (2 Corintios 4:16). Hay un fuego que tampoco debemos permitir que se apague en nuestras vidas y debemos tomar medidas periódicas para mantenerlo vivo (1 Tesalonicenses 5:19).

No podemos dedicar mucho trabajo a nuestra vida espiritual de una sola vez y luego tomarnos quince días libres. Debemos hacer cosas como la oración y el estudio bíblico a diario, guardar el Sábado de Dios cada semana, y ayunar aproximadamente una vez al mes.

Hay gran poder en los hábitos que nos facilitan vivir el modo de vida de Dios. Como dice el diccionario, uno puede realizar una actividad habitual “a veces sin saber que lo está haciendo”. Eso suele referirse más a los malos hábitos. Un buen hábito de oración no significa, desde luego, que usted se de cuenta de que está orando cuando ya lleva 15 minutos haciéndolo. No obstante, desarrollar buenos hábitos de oración sí le facilita mucho dedicar tiempo a orar. Usted no tiene que decidir cada día cuándo hacerlo. Una rutina sólida ayuda a asegurar que usted dedique suficiente tiempo a la oración y que esta sea eficaz.

El Sr. Armstrong señaló esto en un sermón de 1984. Un artículo de revista que leyó una vez preguntaba: “¿Qué es más fácil de recordar: dar cuerda a un reloj de un día (como un reloj de pulsera…) o dar cuerda a un reloj de ocho días (uno al que hay que dar cuerda cada ocho días)?”. Él respondió: “Si alguien dice el reloj de ocho días, ¡eso muestra lo ignorante que es! El reloj de un día se vuelve hábito”. Un reloj de ocho días requiere que se le dé cuerda en un día distinto de la semana. Nunca puede encajar en una rutina ni volverse habitual.

Dios usaba el mismo principio con el antiguo Israel. “Dios instituyó estos rituales para desarrollar en los israelitas el hábito de la obediencia, allá en los días de Moisés”, dijo. “Había cosas que hacer por la mañana, al mediodía y por la noche” (ibíd.).

Dios da hoy a Sus santos el Espíritu Santo. No necesitamos el mismo conjunto de rituales para enseñarnos el hábito de la obediencia. El Espíritu Santo imparte el amor de Dios, con una actitud de sumisión que el Israel físico nunca pudo tener. Pero el principio de la acción habitual, y su poder, permanecen.

La manera habitual

Gran parte de nuestro modo de vida cristiano puede concebirse en términos de hábitos. El apóstol Pablo habló a menudo del “camino” de Dios por una buena razón (Hechos 18:26; 26:14, 22). “El cristianismo es en efecto una manera de vivir”, dice el Curso de estudio bíblico por correspondencia del Herbert W. Armstrong College. “Tiene todo que ver con la manera en que a diario vivimos nuestras vidas: nuestra asociación con otros, día por día, nuestras prácticas de negocio, hasta la manera en que manejamos nuestro dinero” (Lección 12).

Podemos pensar en los hábitos financieros. ¿Diezmamos habitualmente de nuestros ingresos tan pronto como los recibimos? ¿Tenemos el hábito de enviar nuestro diezmo del diezmo o de presupuestar para las ofrendas? ¿Tenemos un hábito de ahorro, o quizá un hábito de endeudamiento?

¿Qué hay de nuestros hábitos familiares? ¿Tenemos la costumbre de cenar juntos todas las noches? ¿O el hábito de quedarnos ociosos frente al televisor? ¿Cómo son nuestros hábitos del Sábado?

También podemos pensar sobre cómo solemos reaccionar a las situaciones que surgen. Cuando estamos en apuros, ¿acostumbramos orar? ¿Somos habitualmente amistosos con los demás? ¿Cómo solemos responder a la corrección: la aceptamos o la rechazamos?

El Sr. Armstrong escribió en su autobiografía acerca de personas ambiciosas, aún no llamadas pero con “el hábito de ejercer (…) energía”. ¡Ese hábito es una ventaja poderosa! Cuando esa energía se “dirige por fin en la dirección correcta, se logra algo realmente”. ¿Tenemos ese hábito? ¿Lo estamos cultivando en nuestros hijos?

¿Nos concentramos habitualmente en la tarea que tenemos por delante? ¿O solemos distraernos? ¿Cómo solemos reaccionar cuando algo sale mal?

“¿Conserva usted su calma ante tales emergencias o suele excitarse hasta perder el control de sus emociones?”, escribió el Sr. Armstrong en Las siete leyes del éxito. “¿Piensa usted rápidamente, con claridad y lógica, o se le paraliza la mente? Para tener éxito necesitamos cultivar la habilidad y el hábito de permanecer ecuánimes, pero listos para entrar en acción con vigor, tomando la decisión adecuada y ¡apegándonos a ella!”. Ese es un hábito que cuesta esfuerzo formar.

Hábitos satánicos

Necesitamos trabajar para formar buenos hábitos. También debemos estar conscientes de que Satanás ha trabajado activamente para formar malos hábitos en nosotros: cosas que hacemos rutinariamente sin decidirlo realmente, o maneras en que respondemos automáticamente a los acontecimientos.

El verdadero cristiano, escribió el Sr. Armstrong en El increíble potencial humano, “ha abandonado su vida anterior de pecado habitual…”. Pero esto no sucede de una sola vez. “Siendo una criatura de hábito, sus anteriores hábitos no desaparecen automáticamente sin ningún esfuerzo de su parte”, continuó. “… Es inevitable que de vez en cuando se encuentre desprevenido y cometa un error”.

Este es un componente importante de nuestra guerra espiritual. “¿Puede alguien de pronto vencer todos los hábitos que ahora reconoce que son equivocados?”, escribió el Sr. Armstrong. “No, él se da cuenta que tiene que luchar contra los hábitos que adquirió anteriormente”.

“Aún tiene que vencer la atracción que este poderoso e invisible Satanás ejerce. Esta atracción o influencia ha sido sutilmente inculcada como una ley que opera dentro de la persona, producida por las difusiones de Satanás el diablo, el príncipe de la potestad del aire (Efesios 2:2). El mundo entero está sintonizado a la mente misma del diablo (Apocalipsis 12:9)” (ibíd.).

Nuestra batalla contra la naturaleza humana es, en parte, una batalla contra los malos hábitos. El Sr. Armstrong escribió que la naturaleza humana “ha sido adquirida de Satanás. No es algo que heredamos de nuestros padres ni algo que haya sido creado en nosotros por Dios. Lo que se ha convertido en algo habitual, y por consiguiente natural, se convierte en la naturaleza dentro de nosotros” (ibíd.).

Satanás nos atrae activamente hacia los malos hábitos. Considere el dilema del apóstol Pablo registrado en Romanos 7: cometer pecados que no quería. “Esto es lo que hacen los hábitos”, dijo el Sr. Armstrong en un estudio bíblico de 1979. El pecado “ha entrado en nosotros como cuestión de hábito, pero ahí es donde la vida cristiana debe consistir en vencerlo, y eso no se logra de un solo golpe. Hay que luchar contra él hasta finalmente lograrlo”.

Por supuesto, aun sin las transmisiones de Satanás, formar buenos hábitos sigue requiriendo esfuerzo. En el Mundo de Mañana, cuando el diablo esté atado, las personas no adquirirán automáticamente buenos hábitos de oración sin esfuerzo y enseñanza. No obstante, la transmisión de Satanás ejerce una influencia adicional que nos aleja de los buenos hábitos y nos empuja hacia los malos.

Sin embargo, Dios usa esto hoy para Su ventaja suprema. Él permite que Satanás ponga a prueba nuestros hábitos como un medio para crear en nosotros un nivel más alto de carácter. Quizá hemos trabajado para formar un hábito sólido de oración, por ejemplo. Dios permitirá que Satanás perturbe nuestra rutina y verá cuánto luchamos por mantenerla. Al hacerlo, Él desarrolla en nosotros una determinación y una resiliencia aún mayores.

Usted necesita ayuda

Hay una verdad espiritual vital sobre la conexión entre los hábitos y el carácter piadoso que debemos recordar.

El Sr. Armstrong escribió: “El carácter espiritual divino es la acción y conducta habitual de la persona o ente creado que llega al conocimiento de los verdaderos caminos de Dios y ejerce la voluntad…” (El misterio de los siglos). Así que los hábitos están estrechamente ligados al carácter espiritual. Pero son diferentes.

Los hábitos pueden formarse sólo con la voluntad humana (aunque no tiene por qué ser así). Sin embargo, el carácter justo, que incluye los hábitos correctos, es un don de Dios.

“La voluntad humana no puede desarrollar carácter espiritual”, escribe el Sr. Flurry en Cómo ser un vencedor. “La voluntad humana es humana, y no puede desarrollar un carácter santo. Es la voluntad del hombre. El carácter Santo es de Dios”.

El Sr. Flurry cita un sermón de 1983 en el que el Sr. Armstrong dijo: “Ahora bien hermanos, ustedes y yo tenemos que hacer nuestra parte en la creación que finalmente llegaremos a ser. ¡Tenemos una gran parte en ello! Pero no olvidemos que somos una obra en las manos de Dios. Su creación se está llevando a cabo en nosotros, pero tenemos nuestra parte en ello; y aún así el carácter que va a desarrollarse dentro de nosotros, ¡viene de Dios!”.

El esfuerzo y la fuerza de voluntad humanos no pueden desarrollar los hábitos del carácter santo y justo. Sin embargo, sí necesitamos ejercer esa fuerza de voluntad para que Dios ponga Su carácter en nosotros. “El carácter de Dios es el que debe desarrollarse en nosotros”, dijo el Sr. Armstrong. “Pero debe desarrollarse con nuestro consentimiento y deseo, con nuestra voluntad y disposición; y tenemos que quererlo y tener la fuerza de voluntad para ir por ese camino y sólo por ese camino constantemente”. ¡Todo se trata de permitir que Dios desarrolle Su carácter en nosotros!

Cuando Herbert W. Armstrong no siendo aún convertido desarrolló el hábito de abordar los problemas con empuje y energía, cuando cultivó el hábito de levantarse temprano, no estaba desarrollando el carácter santo y justo. Pero sí estaba formando rasgos de carácter que Dios podría usar después.

Incluso al desarrollar este tipo de hábitos, luchamos contra la influencia de Satanás. Él es mucho más fuerte que nosotros, y necesitamos ayuda.

El camino de Dios “es el camino de la lucha constante, de esforzarse por vencer el pecado, de buscar a Dios en oración sincera, pidiendo ayuda y poder espiritual para vencer”, escribió el Sr. Armstrong. “Y si son diligentes, constantemente ganarán terreno. Constantemente crecerán en el conocimiento de Dios, por medio de la Biblia. Constantemente erradicarán hábitos perniciosos, creando en su lugar hábitos provechosos. Continuamente se acercan a Dios a través del estudio de la Biblia y por medio de la oración. Siguen creciendo en carácter y se dirigen hacia la perfección, aun cuando todavía no son perfectos” (El increíble potencial humano).

Necesitamos tomar y usar el Espíritu Santo de Dios para formar los hábitos correctos y romper los equivocados, y en el proceso edificar el carácter santo y justo de Dios. Las actitudes habituales de interés altruista, de amar al prójimo como a nosotros mismos y a la Familia de Dios con todo nuestro corazón y mente, provienen de Dios, a través de Su Espíritu. Debemos esforzarnos por acudir a Dios y someternos a Él para obtenerlas.

Necesitamos ver esta dimensión espiritual al desarrollar buenos hábitos y romper con los malos.

Aproveche el poder del hábito

Pensar en términos de hábitos puede ser una manera poderosa de convertir las buenas intenciones en resultados tangibles. Cuando reciba ánimo por hacer lo correcto, busque maneras de reforzarlo formando un hábito positivo. Cuando reciba corrección, procure crear un cambio habitual.

Si usted quiere orar más tiempo, por ejemplo, planee con precisión cómo encajar eso en su rutina. Puede que requiera que se despierte más temprano. Eso puede significar examinar y cambiar otros hábitos: quizá también tenga que acostarse más temprano, lo que significaría cambiar su horario nocturno.

O quizá esté trabajando para mejorar la calidad de sus oraciones. ¿Está demasiado cansado? Quizá se está acostando demasiado tarde. O quizá necesite modificar su rutina matutina para asegurarse de estar bien despierto antes de orar.

¿Qué hay del estudio bíblico? ¿Se distrae a menudo? Cultive el hábito de apagar la computadora o cerrar su correo electrónico antes de comenzar su estudio. Si está tratando de mejorar su salud física, podría analizar en qué momentos suele consumir comida chatarra y desarrollar un nuevo hábito, como llevar una manzana al trabajo o encontrar un momento para incorporar el ejercicio a su rutina.

¿Quiere mejorar su observancia del Sábado? Enfoque su atención en su rutina semanal del Sábado. ¿Quiere ser más hospitalario? Considere cómo podría formar un hábito, o un horario, de invitar a personas a su casa.

Si usted es padre, trabaje con especial empeño en cultivar buenos hábitos en sus hijos. Crianza infantil con visión habla de los hábitos con bastante detalle. Podemos contribuir enormemente al éxito futuro de nuestros hijos ayudándolos a formar buenos hábitos desde temprana edad.

Cada vez que usted se sienta corregido o motivado por un mensaje, pregúntese: ¿Qué hábitos puedo cambiar para poner esto en práctica?

Luego, planifique las cosas. Planifique el buen hábito, y luego ajuste el plan según sea necesario mientras lo pone en práctica.

Planee también cómo evitar los malos hábitos. Pablo nos instruye: “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre” (Efesios 4:22), y que sea de forma activa. Examine sus patrones de conducta negativos y cámbielos. No de “lugar al diablo” (versículo 27). No le ofrezca oportunidades a Satanás. Examine las circunstancias en que tienden a desencadenarse sus malos hábitos, y evítelas. Si usted desperdicia mucho tiempo a solas con su computadora, muévala a una sala común. Si ciertos amigos lo arrastran a malos hábitos, evítelos. Si le cuesta dedicar el tiempo necesario a la oración y al estudio, esfuércese por adquirir el hábito contrario: dedicarse a ello en cuanto se le presente la primera oportunidad.

Tenga la máxima concentración

“Cuando usted tenga que afrontar un problema, concentre todo lo que tiene en ese problema”, escribe el Sr. Flurry. “Utilice todo lo posible que tenga que ver con resolverlo” (op. cit.). Dio el ejemplo de Napoleón, quien enfocó su atención en romper las líneas enemigas en un solo punto.

Formar buenos hábitos y romper los malos es difícil. No podemos formar todos los buenos hábitos ni eliminar todos los malos de una sola vez. Alcance la victoria enfocándose en sólo uno o dos hábitos, y aplíquese de verdad. A menudo tendrá que luchar con empeño durante dos o tres semanas para formar o romper un hábito. Una vez que ese esté establecido, entonces pase a otro.

Cuesta mucho más esfuerzo crear un buen hábito que mantenerlo. El Sr. Armstrong gastó el equivalente a cientos de dólares aprendiendo a despertarse temprano (recuadro, página 22). Sólo necesitó hacer esa gran inversión por poco tiempo para formar ese hábito.

Como el Sr. Armstrong, tome medidas extremas o creativas. Un esposo, una esposa o un compañero de habitación pueden ser de gran ayuda. Podrían trabajar en el mismo hábito juntos o en familia.

Estructure su vida de modo que cada vez más de sus pensamientos y acciones habituales estén en línea con la voluntad de Dios; esto le permitirá a Él lograr más con usted. Él podrá crear más de Su carácter perfecto en usted: acciones y conductas habituales para conocer los caminos de Dios y actuar de acuerdo con ellos, incluso frente a la tentación de hacer lo contrario; ¡un carácter como el de Dios!