¿Qué significa amar a Dios? ¡Esa es una pregunta vital! Hay mucha confusión al respecto en el mundo. Cada quien respondería esa pregunta de manera diferente. Es notable que, incluso entre el pueblo de Dios hoy, hay confusión acerca de lo que significa amar a Dios.

Si usted está bautizado, hizo un pacto personal con Dios. Usted dijo que estaría dispuesto a renunciar a su familia, a renunciar incluso a su vida, a renunciar a cualquier cosa por Dios (Lucas 14:26, 33). Para nosotros hoy, eso incluso significó estar dispuestos a renunciar a nuestra Iglesia.

¡La triste verdad es que muchísimas personas que han hecho ese pacto han demostrado no estar dispuestas a cumplirlo! ¡ Ellos simplemente no aman tanto a Dios!

¿Y usted?

Deténgase y piense en esto: ¿Está usted decidido a no transigir ni quebrantar ni una sola palabra de Dios? ¿Está dispuesto a morir por la verdad de Dios? ¿Le da su amor por la verdad la fuerza para enfrentar tal prueba? ¿Ama usted a Dios hasta ese punto? ¿Renunciará a todo, absolutamente todo por Dios? Lo hará, ¡si en verdad sabe lo que significa amar a Dios!

Antes de explorar las áreas en que podemos examinar nuestro amor por Dios, veamos cómo ve Dios este tema y cómo se siente respecto a aquellos cuyo amor se ha enfriado.

Prueba de amor

Este asunto es sumamente importante para Dios. Tanto que sometió a Su propio pueblo a una dura prueba de amor.

Después de que Herbert W. Armstrong murió en 1986, la Iglesia de Dios Universal quedó bajo un liderazgo corrupto. Los líderes echaron por tierra la verdad de Dios, y los miembros permitieron que sucediera porque no amaban la verdad. ¡Así lo dicen las Escrituras!

En 2 Tesalonicenses 2, Pablo profetizó que, justo antes de la Segunda Venida de Jesucristo, habría una gran “apostasía” entre los miembros de la Iglesia (versículos 1-3). ¿Cómo podría ocurrir un suceso tan catastrófico espiritualmente? El versículo 10 lo explica: “Y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden [‘están pereciendo’ es la traducción correcta], por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos”. Estas son personas a quienes Dios quiere salvar y dar vida eterna. ¡Pero están pereciendo porque no aman a Dios y Su verdad como deberían! A menos que algo como la Gran Tribulación los sacuda y cambien el rumbo de su vida, no estarán en el Reino de Dios. ¡Lo que está en juego es enorme!

¡Claramente, el pueblo de Dios debe saber lo que significa amar a Dios!

Note cómo probó Dios su amor: “Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira” (versículo 11). ¡Dios envió a Su propio pueblo un poder engañoso! A algunos les parece inconcebible que Él hiciera tal cosa. Sin embargo, la Biblia es clara al respecto.

¿Por qué enviaría Dios un poder engañoso? Para determinar quién lo ama de verdad y quién no.

Cuando esto sucedió en la Iglesia de Dios Universal, muchas personas permanecieron en la Iglesia, con la esperanza de que Jesucristo pusiera las cosas en orden. Razonaban que Él no abandonaría a la Iglesia y que sin duda quitaría a los líderes rebeldes. Pero eso no sucedió. Aquellos líderes permanecieron y avanzaron a toda marcha hacia el desastre.

¿Qué fue lo que sucedió? Sucedió lo que se había profetizado: Cristo quitó Su candelero de aquella Iglesia y levantó otra. Esta historia crucial se explica en mi libro gratuito El mensaje de Malaquías para la Iglesia de Dios hoy.

Usted debe conocer aquellos sucesos y verlos como los ve Dios. Si lo hace, podrá entender por qué Dios hizo lo que hizo. ¡La Iglesia es la Esposa de Jesucristo! Cristo ama profundamente a Su Esposa, y Él desea saber si ella lo ama a su vez, si lo ama más que a nada en el mundo. ¡Dios debe sabercuánto lo ama usted!

Mensaje de amor

El mensaje del profeta Malaquías es muy diferente del que trajeron Hageo y Zacarías. Aquellos profetas vinieron y enderezaron los problemas entre los judíos. Eso es similar a cómo, en la década de 1970, en más de una ocasión, el Sr. Armstrong enderezó a la Iglesia. El mensaje de Malaquías es diferente; se trata de personas que no quieren escuchar, ¡personas que de hecho discuten con Dios!

Note esta advertencia: “Profecía [carga, versión King James] de la palabra de [el Eterno] contra Israel, por medio de Malaquías. Yo os he amado, dice [el Eterno]; y dijisteis: ¿En qué nos amaste?…” (Malaquías 1:1-2). ¿Por qué es este mensaje una carga? Porque muchos del pueblo de Dios no quieren escuchar lo que Dios dice acerca del amor. Ese es el tema del libro de Malaquías: el pueblo de Dios sencillamente no quiere escuchar lo que Dios le dice acerca de su condición espiritual. Estas palabras son una carga, y también lo son las consecuencias. Dios está diciendo: ¡Si no corrigen estas cosas, voy a tratarlos de una manera que será una gran carga! ¡Es un asunto serio al que Dios nos ha llamado!

Comprenda esto: ¡Dios va a juzgarlo según cuánto lo ame a Él y a Su Palabra! Eso le preocupa profundamente.

Si usted fuera un novio comprometido a punto de casarse, querría una mujer que le pusiera por encima de todos los demás hombres. ¡No querría una esposa que no estuviera entusiasmada por casarse con usted! Jesucristo siente lo mismo respecto a Su Esposa. ¡Dios quiere que usted lo ame con todo su corazón, alma y fuerza! (Deuteronomio 6:5).

En la Iglesia de Dios, los ministros rebeldes ofrecen a Dios pan contaminado, pan que no proviene de la Palabra de Dios (Malaquías 1:7). Se lo ofrecen al pueblo de Dios y le dicen que es bueno. Incluso actúan como si debieran ganarse el favor de Dios al darlo. Dios dice: ¡De ninguna manera; no acepto eso!

Aquí hay una lección para cada uno de nosotros. ¿Qué le ofrecemos a Dios? ¡Él quiere lo mejor que usted tenga para dar!Quiere su mejor energía en la oración y el estudio. Quiere el mejor sacrificio que usted pueda ofrecer. Dios es así: Él nos da lo mejor de Él (p. ej., Juan 3:16). Él quiere lo mejor de nosotros, y tiene el derecho de pedirlo.

Usted es hoy un sacrificio espiritual para Dios, bueno o malo (Romanos 12:1). Hoy en día, hay muchos en el pueblo de Dios que están ofreciendo sacrificios espirituales deficientes. ¿Qué piensa Dios de eso? “Y cuando ofrecéis el animal ciego para el sacrificio, ¿no es malo? Asimismo cuando ofrecéis el cojo o el enfermo, ¿no es malo? Preséntalo, pues, a tu príncipe; ¿acaso se agradará de ti, o le serás acepto? dice [el Eterno] de los ejércitos” (Malaquías 1:8). ¡Esto no está hablando de animales físicos, sino de la oración y el estudio, de asuntos espirituales! Malaquías está describiendo la actitud laodicena (Apocalipsis 3:17-18). Están ciegos y cojos espiritualmente.

¡Si Cristo hubiera sido un sacrificio enfermo y cojo, usted y yo no tendríamos futuro! Dios quiere que imitemos Su sacrificio (Filipenses 2:5).

¿Le está dando usted a Dios un sacrificio cojo? ¿Un sacrificio enfermo? ¿O un sacrificio magnífico, semejante al de Cristo? A Dios ya no le interesan los sacrificios de animales. Le preocupa profundamenteusted como sacrificio.

Cristo profetizó que en el tiempo del fin el amor de muchos del pueblo de Dios se enfriaría (Mateo 24:12). Es el amor lo que a Dios le preocupa. No saben qué es el amor de Dios. Sin embargo, muchos de ellos, entre menos amor tienen, ¡más hablan sobre ello! Su amor es una falsificación del amor ágape de Dios.

La ley de Dios es amor. Guardar esa ley es de lo que se trata el amor. “Pues este es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos…” (1 Juan 5:3). El razonamiento humano nunca le dirá qué es el verdadero amor. La ley de Dios sí.

Purificación del amor

A Dios no le agrada lo que están haciendo los ministros laodicenos, así que va a purificarlos espiritualmente. “… Él es como fuego purificador, y como jabón de lavadores. Y se sentará para afinar y limpiar la plata; porque limpiará a los hijos de Leví, los afinará como a oro y como a plata, y traerán a [el Eterno] ofrenda en justicia” (Malaquías 3:2-3).

Estas son buenas noticias. El hecho mismo de que Dios diga que purifica estos metales preciosos muestra que del proceso saldrá buen oro y buena plata. ¿De qué serviría purificar si no hubiera algo de oro ahí, algo de carácter ahí? Dios dice que hay algo de valor; sólo que debe ser purificado.

Todos necesitamos ser purificados espiritualmente. Si no permitimos que Dios nos purifique, entonces tenemos un problema.

El amor tiene que ser purificado. Nosotros debemos ser purificados, y nuestro amor debe ser purificado. ¡Necesitamos ese tipo de amor en el que nos apasione por completo vivir de acuerdo con cada palabra de la Biblia, hasta el punto de parecer fanáticos ante los ojos del mundo! Nuestro amor debe ser tan puro que con mucho gusto renunciaríamos a cualquier cosa por Dios, incluso a nuestra propia vida si fuera necesario. ¡Ese es el amor verdadero! Este es el amor puro que Cristo busca en Su Esposa.

Muchos personajes bíblicos, especialmente Abraham, demostraron que renunciarían a cualquier cosa por Dios. El Sr. Armstrong fue un ejemplo moderno de devoción total. Un amor tan puro prepara a una persona para el Reino de Dios.

“Y será grata a [el Eterno] la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, y como en los años antiguos” (versículo 4). Dios va a devolver a las personas al estado de celo en que estaban antes de que su amor se enfriara, cuando el Sr. Armstrong dirigía la Iglesia de Dios.

“Y vendré a vosotros para juicio; y seré pronto testigo contra los hechiceros y adúlteros, contra los que juran mentira, y los que defraudan en su salario al jornalero, a la viuda y al huérfano, y los que hacen injusticia al extranjero, no teniendo temor de mí, dice [el Eterno] de los ejércitos” (versículo 5). Esta es la raíz de sus problemas: no temen a Dios.

Eso conduce a toda clase de problemas. Los laodicenos están cometiendo adulterio espiritual. Los ministros rebeldes han oprimido a los hijos de Dios, a las viudas, a los huérfanos, a quienes fueron llamados a trabajar para Dios. Esos ministros usaron la presión financiera para persuadir a la gente de que aceptara sus mentiras, y si alguno no estaba de acuerdo con lo que decían, lo marginaban. Si alguno hablaba del Sr. Armstrong, se volvían muy opresivos. ¡Eso es una terrible falta de amor divino!

Ame a Dios incluso en los momentos difíciles

“Vuestras palabras contra mí han sido violentas [o arrogantes], dice [el Eterno]. Y dijisteis: ¿Qué hemos hablado contra ti?” (Malaquías 3:13). La palabra hebrea traducida “violentas” es la misma que se usa para “endurecer” en Éxodo 4:21. Estos líderes endurecieron su corazón contra Dios como el faraón. Ernst Wilhelm Hengstenberg traduce el versículo: “Me hacéis violencia con vuestros discursos” (Christology of the Old Testament [Cristología del Antiguo Testamento]).

Estas personas tienen una actitud arrogante. No es que tengan una debilidad en la fe en la que Dios pueda trabajar. ¡El problema es que hablan con arrogancia en contra de Dios! ¡Necesitan humildad! Deben ser refinados. No se puede tomar a la ligera lo que Dios dice, contestarle y luego seguir con la vida como si nada hubiera pasado. Su condición muestra que no aman a Dios como deberían.

“Habéis dicho: Por demás es servir a Dios. ¿Qué aprovecha que guardemos su ley, y que andemos afligidos en presencia de [el Eterno] de los ejércitos?” (Malaquías 3:14). Estas personas saben que han servido a Dios, pero dicen: Bueno, ¿qué hemos ganado con ello? Muestran una actitud terrible. ¡Han llegado a creer que servir a Dios es “inútil”! Ven el camino de vida de Dios como algo inútil. En realidad, han sucumbido a las presiones de nuestra sociedad. Han regresado a Egipto.

La verdad es que los laodicenos nunca se enamoraron de las doctrinas y el camino de vida de Dios.

¡El camino de Dios produce verdadero gozo! Deberíamos estar en un punto alto espiritual la mayor parte del tiempo, pero estas personas andan afligidas a causa de su actitud. Si vamos por la vida afligidos, algo anda mal; no estamos usando el Espíritu de Dios como deberíamos.

Por supuesto, tenemos pruebas y a veces podemos luchar contra la depresión, pero no deberíamos llevar un modo de vida afligido. Cuando usted se encuentra en una prueba, ¿qué piensa de Dios? ¿Cuánto lo ama en esos momentos? Hay quienes no ven el propósito de Dios en las pruebas. Aquellos son autojustos y arrogantes se preguntan por qué Dios los pone a prueba.

Si en verdad nos vemos a nosotros mismos y nuestros pecados como deberíamos, ¡sabemos que a veces necesitamos pruebas! No nos gusta, pero sabemos que las necesitamos. Y deberíamos amar a Dios por ello, porque, mediante las pruebas, Él nos purifica.

Reavivar el amor

Malaquías describe a un remanente fiel que verdaderamente ama a Dios. “Entonces los que temían a [el Eterno] hablaron cada uno a su compañero; y [el Eterno] escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a [el Eterno], y para los que piensan en su nombre” (Malaquías 3:16).

Hengstenberg dice: “El entonces [en hebreo] muestra que estos últimos fueron motivados por los primeros y se les opusieron”. El “entonces” muestra que quienes hablaban cada uno con su compañero se opusieron a quienes no temían a Dios.

Los miembros de la Iglesia de Dios de Filadelfia se negaron a aceptar los cambios doctrinales de la Iglesia de Dios Universal. Ellos se opusieron firmemente a la cancelación de El misterio de los siglos. Estaban furiosos por el trato dado al Sr. Armstrong. Comenzaron a manifestarse en contra. Empezaron a hablar entre sí al darse cuenta de que algo no estaba bien en la Iglesia.

¿Por qué alzaron la voz? Porque amaban a Dios. Amaban Su Palabra. Revelamos nuestro amor por Dios en nuestro amor por Su Palabra.

El amor hizo que recordaran. Recordaron porque aman a Dios. ¡Nada los apartará de Dios!

“Y serán para mí especial tesoro, ha dicho [el Eterno] de los ejércitos…” (versículo 17). ¡Cuán amoroso es Dios con estas personas! Así razona Dios: Tú eres mía, dice Él; ¡tú eres mi Esposa!

Esto es lo que Dios hará: “… en el día en que yo actúe; y los perdonaré, como el hombre que perdona a su hijo que le sirve” (versículo 17). “Especial tesoro” significa que estas personas son especiales, las más preciadas, ¡entre todas las posesiones de Dios! ¡Dios las ama muchísimo! Dios tiene un tierno amor por Su pueblo. Todo padre quiere perdonar a su hijo. Dios perdonará a quienes correspondan a Su amor.

Y estas personas sienten lo mismo por Dios que Él por ellas. ¡Dios es su joya más preciada! Él es su vida. Se maravillan por la atención que Él les otorga y por el hecho de pertenecerle a Él. ¡Aman ser de Él!

¿Lo describe esto a usted? ¡Si usted teme a Dios y lo recuerda, Dios lo ve y dice estas cosas tan románticas sobre usted! ¡Eso lo hace a usted el tesoro especial de Dios!

Dios está trabajando hoy por medio de la Iglesia de Dios de Filadelfia para reavivar la ley del amor. Él quiere que mostremos a las personas qué es realmente el verdadero amor. Mientras que los laodicenos hacen tropezar a otros en la ley, nosotros debemos corregir eso. Él quiere que recordemos y reavivemos el verdadero amor de Dios. Por eso estamos aquí.

Aquí hay cuatro áreas en que debemos examinar nuestro amor por Dios. Vea estos temas desde la perspectiva de Dios, y profundizará su comprensión de lo que significa amar a Dios.

1. Amar el gobierno de Dios

¿Cuánto ama usted el gobierno de Dios? ¿Quiere usted que Dios gobierne su vida? Dios gobierna a Su pueblo directamente mediante el Espíritu Santo, pero también lo hace mediante la estructura de gobierno que ha establecido dentro de Su Iglesia (p. ej., 1 Corintios 12:12-30; Efesios 4:4-16).

A algunas personas no les gusta ninguna forma de gobierno; no logran llevarse bien en ninguna Iglesia. Pero si amamos a Dios, deberíamos amar profundamente Su gobierno.

Así describe Dios el trabajo de Herbert W. Armstrong: “He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de [el Eterno], grande y terrible. Él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición” (Malaquías 4:5-6). Dios se dirige aquí principalmente al ministerio, pero recuerde que el tema es el amor familiar: hacer volver el corazón de los padres hacia los hijos y el de los hijos hacia los padres. Eso no habla sólo de la familia física, sino de la Familia de Dios.

Dios ha vuelto Su mente hacia nosotros; nosotros necesitamos volver nuestra mente hacia Él y amarlo. Si las personas pueden amar a Dios, amarán a sus hijos, a su familia y a todos. ¡Eso revolucionará nuestra vida, lo cambiará todo y transformará al mundo entero!

¡Note la advertencia al final de ese pasaje en Malaquías! Acerca de la palabra maldición, Hengstenberg escribió: “Todo lo terrible que pueda concebirse está contenido en esta sola palabra”, y dijo que los así maldecidos “de ningún modo podrían volver a ser redimidos” (op. cit.). ¡Estas personas están a punto de recibir la maldición suprema y perder su vida eterna! Dios dice: Cualquiera que llegue al extremo de darme la espalda y no amarme, no me es de utilidad!

Para evitar esa maldición, debemos volver nuestro corazón a Dios y amar Su gobierno.

“Por esto, yo no dejaré de recordaros siempre estas cosas, aunque vosotros las sepáis, y estéis confirmados en la verdad presente” (2 Pedro 1:12). Este versículo dice que debemos recordar la verdad pasada y estar “confirmados en la verdad presente”. Debemos repasar con regularidad las verdades fundamentales, como las que Dios restauró a Su Iglesia por medio del Sr. Armstrong, para asegurarnos de no olvidarlas. También debemos estar confirmados en la verdad presente. Cada vez que Dios revela nueva verdad, lo hace por medio de Su gobierno, y usa Su gobierno para proclamar esa verdad. Para estar confirmados en la verdad presente, debemos tener gobierno.

Dios llama a personas que investigan con destreza y comprueban su verdad. Ese es un rasgo bueno y sano; Dios lo ordena (1 Tesalonicenses 5:21). Algunas personas, sin embargo, se han dejado llevar por investigaciones interminables y han comenzado a confiar más en su propio razonamiento e interpretación que en reconocer cómo Dios ha usado Su gobierno para enseñarnos (p. ej., Romanos 10:14). Satanás se ha abierto camino y los ha apartado de Dios.

Así que en 2 Pedro 1:12 Dios dice: Primero asegurémonos de tener el fundamento correcto. Recordemos siempre las verdades que ya han sido enseñadas. Esto nos proporciona una base firme. Usted tiene una dirección sólida al estudiar la verdad presente.No se convierta en un aficionado religioso que salta de un punto a otro y a otro y nunca profundiza en lo que Dios ha dado, la verdad pasada y la presente. Debemos hacer las cosas conforme a la dirección de Dios mediante Su gobierno.

Mediante Su gobierno, Dios provee un líder que nos estimula y nos ayuda a tener memoria (versículos 13-15). Él usó a Pedro para establecer Su Iglesia, y desde entonces ha usado a un líder humano. Para tener una Obra, debemos tener liderazgo. Mediante el gobierno de Dios, tenemos unidad.

El pueblo de Dios tendría caos y confusión si careciera de liderazgo. La realidad es que Satanás siempre está atacando el gobierno de Dios. Busca perturbar la Obra de Dios, desanimar al pueblo de Dios y atacar a quienes Dios está llamando. Por eso es crucial que estemos profundamente establecidos en el gobierno de Dios y mostremos nuestro amor por Dios amando Su gobierno.

“Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (versículos 20-21). No podemos interpretar de forma privada; Dios debe hacerlo. Sin embargo, eso no es algo fácil de hacer. Dios tiene que mostrarnos cómo hacerlo.

Dios siempre ha usado líderes humanos. Él siempre ha tenido un gobierno al que ha guiado e inspirado con Su Espíritu. Y usa a un grupo de seguidores leales para respaldar y apoyar ese liderazgo en el establecimiento de la verdad presente.

Dios perdonará a quienes se sometan a Su gobierno. Viene un tiempo en que Dios va a llevar a Su pueblo al lugar de seguridad donde podrá protegerlos. Para saber cómo se hará eso, debemos tener gobierno en la Iglesia de Dios. Así es como Cristo siempre ha obrado.

2. Amar la ley de Dios

Una y otra vez en la Biblia vemos el mandamiento de mostrar nuestro amor por Dios obedeciendo Su ley.

Moisés dijo: “Ahora, pues, Israel, ¿qué pide [el Eterno] tu Dios de ti, sino que temas a [el Eterno] tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a [el Eterno] tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma; que guardes los mandamientos de [el Eterno] y sus estatutos, que yo te prescribo hoy, para que tengas prosperidad?” (Deuteronomio 10:12-13).

El profeta Jeremías escribió: “Y me regocijaré en tus mandamientos, los cuales he amado. Alzaré asimismo mis manos a tus mandamientos que amé, y meditaré en tus estatutos. (…) Por eso he amado tus mandamientos más que el oro, y más que oro muy puro. (…) Sumamente pura es tu palabra, y la ama tu siervo” (Salmos 119:47-48, 127, 140).

Jesús dijo: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15). ¡Eso es bastante sencillo: guarde los mandamientos de Dios! La obediencia es clave.

“El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él. (…) El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” (versículos 21, 23). ¡Guarde estas palabras, y Jesucristo y Dios el Padre vivirán en su vida! ¡Guarde estas palabras, y hará cosas asombrosas! Dios lo usará a usted de una manera que lo dejará sorprendido.

No siempre es fácil guardar esas palabras, especialmente cuando alguien lo critica por ello o un familiar amenaza con dejarlo. Pero debemos guardar las palabras de Dios. Jesucristo está diciendo: Quiero que mis palabras, esta Biblia, sean el amo absoluto de tu vida. La persona que es totalmente gobernada por Dios guarda Sus palabras.

“El que no me ama, no guarda mis palabras…” (versículo 24). ¡En este tiempo del fin, la mayoría del propio pueblo de Dios no ha guardado Sus palabras! ¡Eso muestra que no lo aman! Más bien, se comportan como rameras hacia su Esposo.

“Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor” (Juan 15:10).

La ley define el amor de Dios. El apóstol Juan escribió: “Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos. (…) Y este es el amor, que andemos según sus mandamientos. Este es el mandamiento: que andéis en amor, como vosotros habéis oído desde el principio” (1 Juan 5:3; 2 Juan 6).

Jesús muestra que toda la ley de Dios trata sobre el amor. “Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento” (Marcos 12:29-30). El primero de todos los mandamientos se refiere al amor dirigido hacia Dios. El segundo (versículo 31) se refiere al amor hacia el prójimo, aunque incluso eso muestra amor hacia Dios.

¿Ama usted a Dios con todo su corazón, toda su alma, toda su mente y todas sus fuerzas?

El temoral castigo puede mover a las personas, pero esa no es la motivación que Dios quiere en nosotros. Él quiere amor. Piense en un hombre y su esposa. ¿Debería el temor motivarla a hacer cosas buenas por él? ¡No! ¡Ojalá su motivación sea que ella lo ama! ¡Ella quiere servirle porque lo ama con su corazón, su mente y su ser! Es igual con Dios. Él no quiere que usted obedezca por temor o por deber. ¡Él desea una relación espiritualmente romántica con usted!

Dios nos dice en el Primer Mandamiento que no tengamos otros dioses delante de Él (Éxodo 20:3). Él no quiere que usted ponga nada delante de Él, y eso lo incluye a usted mismo.

El Segundo Mandamiento prohíbe la idolatría: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy [el Eterno] tu Dios, fuerte, celoso…” (versículos 4-5). Dios está diciendo: Soy un Esposo celoso. No quiero que mi esposa se involucre en los asuntos sucios de este mundo. Soy celoso, y ella es especial para mí, y quiero que sea santa como yo lo soy.

¿Cuán celoso está usted por Dios? Sin duda usted hablaría y defendería a su cónyuge si alguien llegara y comenzara a calumniarlo. Dios quiere ese mismo sentir hacia Él. Nos molestamos cuando alguien comienza a calumniar el santo nombre de Dios. Él es nuestro Esposo. ¡Si alguien, incluso nuestro propio razonamiento humano, intenta calumniarlo, debemos levantarnos y ponerle fin! Esa es la clase de romance que Dios quiere con nosotros.

3. Amar el Sábado de Dios

El Cuarto Mandamiento dice: “Acuérdate del día de reposo para santificarlo” (versículo 8). Lea el resto del mandamiento del día de reposo en los versículos 9-11.

¿Santifica usted el Sábado? La manera en que usted guarda el Sábado expresa su amor por Dios. El Sábado es ley. Por lo tanto, debemos tener mucho cuidado con la manera en que lo guardamos. Si usted le resta importancia al Sábado de Dios y a la forma en que lo guarda, muestra menos amor por Dios.

El Sábado debe ser una delicia (Isaías 58:13-14). Es un día de rejuvenecimiento espiritual. Dios dice que está bien hacer buenas obras en el día de reposo (Mateo 12:9-13). Es un día para dar y celebrar, con grandes oportunidades para reunirse y servir a otros. Usted puede visitar a alguien que está enfermo. Tener compañerismo con otros miembros de la Iglesia es una manera en que mostramos amor a Dios, pero nuestro compañerismo con Dios va primero y ante todo. Satanás puede usar un enfoque equivocado en el compañerismo para disminuir el impacto espiritual vital del Sábado. Él quiere que usted viva el Sábado de forma ritualista, en la que no obtiene realmente los beneficios que Dios desea para usted.

El Sábado le permite acercarse más a Dios. Usted necesita pasar más tiempo con Él. Tiene más tiempo para más oración y estudio, y su tiempo de oración y estudio en el Sábado será más eficaz porque la presencia de Él está en este día de una manera especial. En su estudio, usted muestra su amor por Dios y llega a conocerlo mejor. Puede mantener ese espíritu y tener una buena semana espiritual.

La pregunta importante es: ¿cuánto ama usted a Dios en el Sábado? Dios nos está evaluando a cada uno de nosotros. Él no quiere que seamos desequilibrados ni autojustos. Él quiere que seamos equilibrados. Pídale una motivación pura en su observancia del Sábado.

4. Amar la Palabra de Dios

“Pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él” (1 Juan 2:5). Si usted guarda esta Palabra, crecerá en amor. Si se aparta de ella, la vida no funcionará.

No es natural para los seres humanos tener y expresar el amor de Dios. El amor de Dios lo llevará a usted a hacer cosas que son humanamente inusuales.

Jesucristo demostró este amor. Por ejemplo, miró a Judas Iscariote, sabiendo que lo había traicionado, y lo llamó amigo (Mateo 26:50). Ese es un amor que no es natural.

La tragedia de que tantos se aparten de Dios en este tiempo del fin recuerda a quienes se apartaron en el primer siglo. “Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él” (Juan 6:66). Muchos de Sus discípulos no guardaron Su Palabra, y su amor se desvaneció. Humanamente no es natural permanecer con Dios.

“Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros? Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (versículos 67-68). Pedro reconoció las palabras de vida eterna. No vio valor en ninguna otra parte. No se dejó influenciar por aquellos que se dieron la vuelta y se marcharon. Él dijo: Que se vayan esos hombres. Tú tienes las palabras, y yo me quedaré aquí. Eso es para mérito de Pedro, y por eso Dios lo registró.

¿Qué lugar ocupan en su vida las palabras de vida eterna? ¿Está usted dispuesto a renunciar a su familia para guardar la Palabra de Dios? ¿Está dispuesto a dejar la Iglesia en la que creció o a la que se unió? ¿Está dispuesto incluso a renunciar a su vida? Cuando usted tiene las palabras de vida eterna, ¿a quién irá?

¿Es su amor por la Palabra de Dios tan fuerte que soportará cualquier oposición contra ella? Si no es capaz de ver con claridad cuáles son las intenciones de quienes persiguen esta Obra, eso es motivo de gran vergüenza para usted.

La mayoría del pueblo de Dios en esta era laodicena ha decaído en su amor por la Palabra de Dios, por la verdad de Dios. Si ese es su caso, debe recordar el pacto bautismal que hizo con Dios. Usted dijo: Renunciaré a cualquier cosa: familia, vida, lo que sea, por estas palabras. No se permita olvidar ese contrato que hizo con Dios.

Tenemos estas palabras de vida eterna. En una época en la que tantos se han apartado, permanece un remanente fiel que ama la Palabra de Dios y que no está dispuesto a olvidarla. Basamos todo en la Palabra de Dios y vivimos conforme a Su Palabra.

Esté usted entre esos pocos fieles. ¡Eso es lo que significa amar verdaderamente a Dios!