Casa de barro
¿Aprecia usted su existencia física temporal?

Cada otoño en el Hemisferio Norte, somos testigos de un vívido despliegue de intensos rojos, amarillos y naranjas entre los árboles que se despojan de sus hojas antes de los meses de invierno. Para muchos del pueblo de Dios, este es un hermoso telón de fondo en el camino hacia y desde la Fiesta de los Tabernáculos. En la temporada alta de cambio de color, los colores vibrantes pueden hacer que el viaje sea inolvidable.

Pero estas hojas coloridas no duran mucho. Poco después de que termina la temporada alta, se vuelven marrones, se secan y caen. Es un poderoso recordatorio de una lección principal de la Fiesta de los Tabernáculos: la vida física es temporal.

La vida espiritual es diferente. Dios es inmortal; Él no envejece ni se cansa (Isaías 40:28). Los ángeles también son seres espirituales inmortales (Hebreos 1:7). Ni siquiera los ángeles malos, los demonios, mueren.

Pero Dios hizo que la vida física, incluida la vida humana, fuera temporal. Estamos hechos de materia física, del polvo de la tierra (Génesis 2:7). Dios nos creó deliberadamente de esta manera. ¿Sabe por qué?

Responder a esta pregunta es importante para apreciar su existencia física y los beneficios únicos que conlleva. Si no sabemos por qué tenemos un cuerpo físico, podemos llegar a tener una visión negativa de nuestra vida temporal a medida que nuestro cuerpo envejece, pierde vitalidad y se deteriora.

Puede hacerse una idea de adónde puede conducir el desdén por la vida física en Job 4. En este capítulo, Elifaz escucha a un espíritu mentir afirmando que Dios desprecia al hombre mortal. La voz en la visión de Elifaz pregunta: “¡Cuánto más en los que habitan en casas de barro, cuyos cimientos están en el polvo, y que serán quebrantados por la polilla! De la mañana a la tarde son destruidos, y se pierden para siempre, sin haber quien repare en ello” (versículos 19-20). Desde la perspectiva de este espíritu inmortal, una vida humana no merece atención porque el hombre no es mejor que una “casa de barro”, hoy aquí y mañana desaparecida.

Observe cómo la Nueva Traducción Viviente traduce el siguiente versículo: “Se les arrancan las cuerdas, se derrumba la carpa y mueren en ignorancia” (versículo 21). Aquí se hace referencia al hombre como una tienda de campaña. Es una analogía utilizada en otras Escrituras para ilustrar la vida temporal de un ser humano. Por ejemplo, en 2 Pedro 1:14, el apóstol Pedro, cerca del final de su vida, se refiere a sí mismo como un tabernáculo. Sin embargo, en la visión de Elifaz, el símbolo de una tienda se usa de manera despectiva.

¿Cómo ve su vida mortal y física? ¿Entiende y aprecia por qué los seres humanos pueden ser comparados con un tabernáculo o una casa de barro? ¿Está aprovechando al máximo su existencia física?

La materia cambia

En un sermón del 16 de octubre de 1982, Herbert W. Armstrong planteó las siguientes preguntas sobre el hombre: “¿Por qué Dios lo hizo mortal? ¿Por qué lo hizo de materia, en lugar de espíritu?”. Observe su respuesta: “Bueno, si el hombre elige el camino equivocado, si hace lo incorrecto, puede cambiar; puede arrepentirse y ¡la materia puede cambiar!”.

Piense en los cambios que tendrán lugar en la Tierra durante el Milenio. Los desiertos florecerán con rosas (Isaías 35:1). Los océanos se reducirán. Las montañas serán trilladas (Isaías 41:15). La naturaleza de los animales cambiará (Isaías 11:6-9). La Tierra será transformada en un planeta completamente diferente; se convertirá en un Huerto de Edén global. Estos cambios son posibles porque todo está hecho de materia física. La materia cambia constantemente.

Esta calidad de la materia física es aún más importante para el hombre. ¡Le permite alcanzar su increíble potencial humano!

El Sr. Armstrong describió este potencial en El misterio de los siglos: “¿Por qué puso el Dios creador al hombre en la Tierra? Para cumplir su propósito supremo y fundamental de reproducirse a sí mismo mediante el objetivo principal de crear el carácter justo y divino en innumerables millones de hijos engendrados y nacidos que se convertirían en seres Dios, miembros de la familia Dios”.

Este propósito supremo está registrado en las primeras páginas de la Biblia: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1:27). Dios nos creó a Su imagen con la oportunidad de adoptar Su carácter para que podamos nacer en Su familia. Esto requería que el hombre fuera hecho de materia.

El Sr. Armstrong continuó: “Este propósito excelso exigía (…) que el hombre fuese hecho primero de materia para que si se dejara arrastrar por el camino satánico del ‘obtener’ pudiera sercambiado y convertirse al camino divino del amor. Si rehusara cambiar, su vida se borraría como si la persona nunca hubiese existido. No habría sufrimiento interminable”.

La materia física puede ser destruida. Si un ser humano se niega a vivir el modo de vida de Dios, puede ser “borrado” en lugar de vivir una existencia miserable por siempre en desobediencia. Esto no sería así si el hombre hubiera sido hecho un ser espiritual.

El Sr. Armstrong explicó además: “Los seres espirituales ¡no podían ser cambiados una vez que su creación estuviera terminada! (como sucedió con la tercera parte de los ángeles, convertidos en personajes malignos). Una vez terminada la creación del espíritu, éste permanece constante y eterno. No está sujeto a cambio. Por el contrario, la materia física sí cambia constantemente”. Esto muestra que la decisión de Dios de crear al hombre a partir de materia física fue un acto de amor y misericordia. Necesitamos tener esta capacidad de cambiar.

Cambiar es importante

Dios también creó al hombre de materia para que si el hombre pecaba, pudiera arrepentirse. Desde que Adán y Eva pecaron en el Huerto de Edén, la humanidad ha sido llevada por camino de ‘obtener’ de Satanás. Romanos 3:23 dice que todos hemos pecado, lo que significa que todos necesitamos arrepentirnos. Debemos considerar una bendición el hecho de ser seres físicos y tener la oportunidad de arrepentirnos de nuestros pecados.

Observe cómo describe el arrepentimiento el Sr. Armstrong en El increíble potencial humano: “Es una renuncia al camino egocéntrico de la vanidad, la codicia, la hostilidad a la autoridad, la envidia, los celos, el egoísmo y la falta de interés en el bienestar de los demás; y es una aceptación del camino de vida centrado en Dios, el camino de la obediencia, la sumisión a la autoridad, del amor hacia Dios más que el amor a sí mismo, así como también de un amor e interés por el bienestar de nuestros semejantes igual al interés que sentimos por nuestra propia persona”.

Arrepentimiento significa cambio. Es un cambio de corazón, dirección y mente. Somos diferentes después de arrepentirnos. Pensamos de manera diferente y vivimos diferente.

El proceso de conversión que sigue al arrepentimiento también significa cambio. Estos son los tipos de cambio que Dios quiere de los seres humanos. El arrepentimiento y el cambio que sigue son inspirados por Dios. Es el resultado de la obra de Dios en su vida (Romanos 2:4).

No todos los cambios que un ser humano es capaz de realizar son buenos. Puede cambiar de obedecer a Dios a desobedecer a Dios. Puede volver a los viejos caminos o viejos hábitos. Pero cuando permite que Dios trabaje con usted y le cambie, llevándolo a un estilo de vida centrado en Dios, caracterizado por la obediencia, la sumisión a la autoridad, y amor hacia Dios y el prójimo, entonces está aprovechando al máximo su existencia física. Está cumpliendo su propósito de ser un ser físico hecho del polvo.

El Maestro Alfarero

“Ahora pues, [Eterno], tú eres nuestro padre; nosotros barro, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros” (Isaías 64:8). Debido a que usted es una casa de barro, Dios puede moldearle y formarle como un alfarero.

Este proceso comienza en serio en el bautismo cuando recibe el Espíritu Santo (Hechos 2:38). Es a través del Espíritu Santo que Dios trabaja en su vida para moldearle y formarle. A través de Su Espíritu, Dios puede cambiar su forma de pensar y vivir para que pueda pensar y vivir como Dios.

“Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:10). La obra de Dios con el hombre no terminó con la creación de Adán. Aquellos que tienen el Espíritu Santo de Dios son Su obra. A medida que nos sometemos a Dios y somos guiados por Su Espíritu, Dios continuamente nos guía y dirige. Esto nos lleva a hacer el tipo correcto de cambios en nuestra vida. Él nos enseña, nos corrige y nos prueba para que esos cambios perduren. Esos cambios se convierten en lo que somos.

Así es como se nos prepara para alcanzar nuestro increíble potencial humano y nacer en la Familia de Dios.

La vida física es una bendición

No deberíamos ver nuestra vida física temporal de manera negativa. Fue un acto de misericordia y amor que Dios creara al hombre a partir de materia física. Dios no nos menosprecia porque estamos hechos de polvo. Él tiene esto en cuenta mientras trabaja con nosotros.

“Como el padre se compadece de los hijos, se compadece [el Eterno] de los que le temen. Porque él conoce nuestra condición; se acuerda de que somos polvo. (…) Mas la misericordia de [el Eterno] es desde la eternidad y hasta la eternidad sobre los que le temen, y su justicia sobre los hijos de los hijos” (Salmo 103:13-14, 17). Dios no comparte el desprecio por los seres humanos que expresó el espíritu en la visión de Elifaz. Él recuerda que sólo somos seres físicos, y esto explica la misericordia que nos muestra.

Dios sabe cuán débil es un ser físico comparado con un ser espiritual. Él conoce nuestras limitaciones, y promete ayudarnos. Él promete sanarnos (versículo 3). Él promete darnos fuerza cuando estamos cansados (Isaías 40:31). Él quiere que prosperemos en nuestra vida física (3 Juan 2). Él nos dará toda la ayuda que necesitamos para alcanzar nuestro increíble potencial humano.

Eso no hace que vivir una vida física y temporal sea fácil. Habrá dolores y molestias. Habrá días en los que esté cansado y fatigado. Envejecerá, y llegado el momento, su vida temporal terminará. Pero si deja que Dios le moldee, le forme y le cambie, entonces esta vida física es una bendición que conduce a esa bendición suprema: una vida gozosa como un ser espiritual inmortal en sumisión a Dios. Eso es algo muy superior a una existencia física temporal. ¡Así que esfuércese por los cambios que Dios le muestre, para que pueda nacer en la eterna familia de Dios!